- Ante más de 1.500 vecinos, el intendente presentó su plan 2026 con eje en seguridad, mayor autonomía municipal y un fuerte mensaje hacia la Provincia por la creación de una Policía local.
Ante más de 1.500 vecinos en el Hipódromo de San Isidro, el intendente Ramón Lanús convirtió la presentación de su plan de gestión 2026 en algo más que un repaso administrativo: fue una demostración de poder territorial, un mensaje hacia la Provincia y una señal hacia adentro de la propia coalición.
El acto, con formato de rendición de cuentas pero tono de lanzamiento político, dejó en claro que Lanús busca consolidar liderazgo en el norte del conurbano en un contexto donde los intendentes empiezan a reconfigurar su peso frente a la crisis económica y el reordenamiento del poder nacional y bonaerense.
Uno de los ejes más filosos fue la seguridad. Allí, el jefe comunal no solo anunció una fuerte inversión —más cámaras, armas no letales, նոր COM, más agentes y tecnología 5G— sino que volvió a instalar un reclamo que tiene lectura política directa: la creación de una Policía Municipal propia. No es un planteo aislado. Es, en los hechos, un cuestionamiento al esquema de seguridad que depende de la Provincia y, al mismo tiempo, un intento de acumular volumen político junto a otros intendentes que vienen empujando la misma agenda.
“Nos hacemos cargo”, lanzó Lanús, en una frase que sintetiza la estrategia: mostrarse activo frente a una demanda social crítica mientras traslada parte de la responsabilidad hacia la gobernación. En clave de rosca, el mensaje también dialoga con la Legislatura bonaerense, donde esa discusión todavía no avanza.
Pero la jugada no se queda en seguridad. Lanús también buscó diferenciar su gestión con números: 70% de autonomía financiera —por encima de la media del conurbano— y un discurso enfocado en la eficiencia, la digitalización y la transparencia. En tiempos de ajuste, ese combo apunta a reforzar una identidad de gestión ordenada, con capacidad de decisión propia y menos dependencia de la caja provincial o nacional.
El capítulo urbano tampoco es neutro políticamente. Al defender el plan costero con la frase “la costa no se vende, se recupera”, el intendente salió al cruce de críticas opositoras y se posicionó en un terreno sensible: el uso del suelo y los intereses inmobiliarios. En paralelo, el impulso a la zona oeste —Boulogne y Villa Adelina— con cambios normativos para habilitar mayor densidad habitacional abre otra discusión: desarrollo versus identidad barrial, un equilibrio que suele generar tensiones con vecinos y actores locales.
En modernización, el municipio exhibe avances que también funcionan como activo político: trámites digitales, habilitaciones online y un salto en los índices de transparencia. Más que datos técnicos, son herramientas para construir relato de gestión en un año donde la discusión pública estará atravesada por la eficiencia del Estado.
La salud, el deporte y la educación completan el esquema, con anuncios de obras, operativos territoriales y programas sociales. Sin embargo, en el fondo, todo converge en la misma lógica: mostrar presencia estatal en el territorio en un contexto donde la demanda crece y los recursos son más escasos.
Con un discurso que mezcló gestión, autonomía y presión institucional, empieza a posicionarse en la conversación de los intendentes que quieren más protagonismo en la agenda bonaerense.
En tiempos de reacomodamientos, el mensaje fue directo: menos administración y más construcción de poder.

