La posibilidad de que Axel Kicillof asuma la presidencia del partido vuelve a sacudir la interna peronista. Presiones cruzadas, estrategias y un escenario que revive contradicciones.
La discusión por el control del PJ bonaerense volvió al centro de la escena luego de que Máximo Kirchner propusiera, en una reunión reservada con dirigentes de su confianza, que Axel Kicillof tome las riendas del partido. En el entorno más cercano al gobernador no descartan esa alternativa, una postura que contrasta con la resistencia que existía meses atrás, cuando eran los propios intendentes alineados con Kicillof quienes impulsaban su desembarco partidario.
En el Movimiento Derecho al Futuro (MDF) hay miradas diferentes sobre el camino a seguir. Esa diversidad no es nueva, aunque ahora se ve tensionada por la decisión del jefe de La Cámpora de mover fichas y ejercer una presión inédita desde que Kicillof asumió la gobernación en 2019. Desde el cristinismo justifican el giro con una frase que se repite puertas adentro: «La política es dinámica».
Trascendió desde el Instituto Patria que si hay acuerdo por el PJ bonarense, La Cámpora estaría dispuesta ya a acordar su apoyo a Kicillos para las presidenciales del 2027. Pocos les creen…
La tradición del peronismo marca que quienes gobiernan también conducen los partidos en sus territorios. Ocurre en provincias como La Rioja, donde Ricardo Quintela preside el PJ local, o en La Pampa con Sergio Ziliotto, y se replica en distritos del conurbano como Avellaneda o La Matanza. Las excepciones fueron Catamarca y Tucumán, donde acuerdos políticos particulares rompieron esa lógica. En Buenos Aires, en cambio, nunca se selló un pacto similar, y la relación entre Kicillof y Kirchner se fue erosionando desde 2021 hasta un punto de distanciamiento casi total. Por eso, el escenario actual aparece cargado de contradicciones con el pasado reciente.
En pleno cierre de listas no faltan quienes dejan trascender supuestos dichos de Cristina Kirchner desde San José 1111. «Si quiere nuestro apoyo para ser presidente, que diga que me va a indultar el día uno de su gobierno… por qué no lo dice?»

En el Kicillofismo también hay halcones y palomas. El ala dura está encabezada por el ministro Larroque y los intendentes Fernando Espinosa, Mario Secco o Jorge Ferraresi entre otros. Las tensiones internas también se expresan en voz de algunos jefes comunales. «Si Axel acepta ser, la sensación que va a quedar es que terminó haciendo lo que Cristina quería«, advirtió uno de ellos del ala dura del MDF, que reclama definiciones más firmes del gobernador y señales claras de liderazgo nacional. Otros dirigentes, en cambio, sostienen desde hace tiempo que Kicillof debería presidir el PJ bonaerense, incluso antes de que se abriera formalmente la discusión por la sucesión de Máximo Kirchner.
El propio gobernador siempre evitó ponerse al frente de esa disputa. Prefirió mantenerse al margen del barro partidario y delegar las negociaciones en dirigentes de su primera línea. Uno de los argumentos centrales para no asumir fue no quedar atrapado en la lógica bonaerense, en momentos en que busca proyectarse a nivel nacional. “Axel tiene que dedicarse a federalizar su construcción política. Su camino es nacional”, repiten cerca suyo ante los intendentes del MDF.
El dilema hoy es claro: sostener su postura inicial, impulsar a Verónica Magario y prepararse para una interna si el cristinismo no convalida sus condiciones, o aceptar la propuesta de Máximo Kirchner, asumir la presidencia del PJ y apostar a cerrar la disputa desde adentro. El desafío adicional será cómo comunicar un eventual cambio de rumbo sin que sea leído como una claudicación en la interna peronista, un terreno de disputa constante desde el inicio de su segundo mandato. Por estas horas, nadie en el círculo íntimo del gobernador descarta que finalmente tome el control del partido.
