La jura del nuevo ministro marcó un punto de inflexión: el Ejército avanzó en espacios de decisión política y sumó nombres propios en puestos clave del Ministerio de Defensa. La designación también despertó cuestionamientos por antecedentes familiares ligados a delitos de lesa humanidad.
La Casa Rosada vivió hoy una escena inusual desde la vuelta de la democracia. Carlos Presti juró como ministro de Defensa ante Javier Milei y se convirtió en el primer militar en actividad que ocupó ese cargo dentro de un gobierno constitucional. La asunción se realizó al mediodía y selló un giro político: las Fuerzas Armadas pasaron a formar parte de la mesa de conducción del oficialismo.
Presti llegó con rango de Teniente General. No pasó a retiro. Pasó “a disponibilidad” por dos años, el tiempo que resta del mandato presidencial. El gesto confirmó la decisión de darle un rol central al Ejército en la estructura civil del ministerio. La medida también despertó críticas en organismos de derechos humanos. El padre del ministro, Roque Carlos Presti, murió sin condena, después de acusaciones por secuestros, torturas y coordinación de centros clandestinos en La Plata durante la dictadura.
El avance militar en los despachos principales no sorprendió a quienes conocen la interna castrense. Una fuente cercana a la fuerza aseguró: “Hay mucha ilusión, Presti viene a manejar las Fuerzas Armadas desde la dirección política. Conoce cada problema porque vivió siempre ahí”. Otro especialista del sector añadió: “Con Presti el Ejército se incorpora al dispositivo de poder del presidente Milei. Los militares que ocupen cada cargo serán funcionarios y actuarán como parte del Gobierno”.
Cargos sensibles y nombres propios
El nuevo ministro recibió una tarea inmediata: ordenar el organigrama del Edificio Libertador y cubrir los espacios claves. La Secretaría de Estrategia, la Jefatura de Gabinete, la Secretaría de Asuntos Internacionales, el IOSFA, la Dirección de Inteligencia Estratégica, la Agencia Logística y el Instituto de Ayuda Financiera quedarán bajo su órbita.
Uno de los nombres más firmes es Jorge Alberto Puebla, señalado como futuro viceministro. Tiene 59 años, acumula 42 años de servicio y dirige el sistema educativo del Ejército. Fue compañero de promoción de Presti. Un exfuncionario del área lo definió con elogios: “En términos militares tenemos una buena opinión suya, muy eficaz en tareas de asistencia ante emergencias y desastres”.
El caso más sensible es el del teniente coronel Daniel Enrique Martella, posible secretario de Asuntos Internacionales. Su eventual designación encendió alarmas por su vínculo familiar: su padre fue un represor condenado por delitos de lesa humanidad en la megacausa La Perla. Una voz que lo conoce buscó relativizar esa herencia: “No tiene problemas de portación de apellido”. Martella ya actuó en el ministerio durante la gestión de Petri y también integró el Do-Tank “Tabula Rasa”, espacio que impulsa políticas de defensa y prevención de conflictos.
En la Agencia Logística, el nombre que suena es el del general Carlos Horacio Martín, quien asumirá un área estratégica por el control del presupuesto para compras militares. La obra social IOSFA también quedará bajo conducción militar. El candidato es el general Omar Horacio Domínguez, exdirector del Hospital Militar y actual responsable de Salud del Ejército. Conoce el sistema desde adentro y deberá enfrentar un déficit de 150.000 millones de pesos.
Otro oficial con destino de funcionario es el subjefe del Ejército, Carlos Alberto Carugno, posible titular del Instituto de Ayuda Financiera, organismo encargado de administrar retiros, pensiones y financiamiento interno. Una fuente lo describió sin vueltas: “Es la Anses militar”.
Una jura que reconfiguró el tablero político
La llegada de Presti implicó algo más que un cambio de nombres. Introdujo una lógica diferente en la conducción de la defensa nacional, con la presencia directa de uniformados en puestos que históricamente ocuparon civiles. El Gobierno celebró ese movimiento como una señal de fortaleza institucional. Organismos de derechos humanos lo observaron como un retroceso.
El ministro todavía no habló del pasado de su familia, pero ya dejó definiciones que marcaron preocupación. Confirmó que ascenderá a Guillermo Madero como jefe de Gabinete. Madero es recordado por su negativa a responder pedidos de información de la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad y por visitas a represores detenidos en Campo de Mayo.
La ceremonia de jura dejó en claro que Milei busca una alianza política con la estructura militar, con un protagonismo que no se veía desde hace décadas. La presencia de altos mandos en áreas sensibles dio forma a un esquema que concentra poder, acelera la toma de decisiones y desplaza a la conducción civil tradicional.
El nuevo ministro asumió con respaldo directo del Presidente y con expectativas internas muy altas. El desafío ahora será otro: demostrar que ese modelo resuelve problemas estructurales y no solo consolida una identidad política dentro del Gobierno.
