Daniel Scioli volvió a demostrar su especialidad: atravesar reconfiguraciones de poder sin quedar afuera. Mientras el Gobierno ajusta su gabinete tras el triunfo electoral y la interna libertaria reordena cargos, el secretario de Turismo, Ambiente y Deportes permanece en su puesto, ajeno a la turbulencia que ya desplazó a más de 150 funcionarios.
Su último test de supervivencia ocurrió mientras viajaba a Dubai para participar de la Asamblea General de ONU Turismo. Antes de subir al avión, Scioli se enteró de la salida de Guillermo Francos y de Lisandro Catalán del Ministerio del Interior. Al aterrizar, su lugar seguía firme. La secretaría que conduce quedó bajo la órbita de Diego Santilli, con quien mantiene un vínculo dialoguista, aunque Scioli sabe que su permanencia depende más de Javier Milei y de su hermana Karina que de cualquier reacomodamiento político.
La llegada del PRO al gabinete reactivó apetencias de otros dirigentes, incluido Hernán Lombardi, interesado en el cargo de Scioli. Sin embargo, la reciente asunción de Manuel Adorni como jefe de Gabinete y las señales internas volvieron a confirmar la continuidad del exgobernador.
Milei mantiene un reconocimiento personal hacia Scioli, quien lo integró a la Fundación Acordar hace una década. El vínculo perdura: la foto de WhatsApp del secretario es una imagen con el Presidente. En el Gobierno destacan su capacidad de trabajo y su perfil silencioso, dos atributos que él mismo cultiva para mantenerse lejos de disputas internas.
Mientras tanto, enfrenta la compleja situación del turismo: más argentinos viajan al exterior que extranjeros llegan al país. Para revertir la tendencia, impulsa exenciones de visa para ciudadanos de República Dominicana, China e India y negocia con aerolíneas promociones para destinos argentinos. También logró cambiar la forma de medir la balanza comercial del sector para excluir consumos digitales en el exterior que distorsionaban los indicadores.
Scioli convirtió la capacidad de adaptación en estrategia vital. Sin ambiciones electorales y refugiado en un bajo perfil extremo, evita ser protagonista y sostiene su lugar en un gabinete donde la rotación es constante. En un gobierno que acelera, frena y vuelve a acelerar, él elige navegar lento, firme y en silencio
