Tras el escándalo por las coimas, un relevamiento de Opina Argentina reflejó que la elección porteña de octubre aparece más reñida de lo previsto. De darse ese escenario, la distribución de las bancas de diputados podría alterarse.
En la Ciudad de Buenos Aires, donde el Pro lleva casi veinte años de hegemonía, la alianza con La Libertad Avanza parecía garantizar un resultado holgado en las elecciones de octubre. Sin embargo, las encuestas más recientes empiezan a mostrar un escenario menos cómodo de lo esperado para el oficialismo local. Aun cuando se mantiene la ventaja, la distancia frente a la oposición se achica y abre la posibilidad de que el reparto de bancas no sea tan favorable para el bloque gobernante.

Este dato adquiere especial relevancia en medio de la crisis política desatada por el escándalo de las coimas en el área de discapacidad, un hecho que erosionó la imagen del Gobierno y se coló en el humor social de la Capital. Aunque el eje de la disputa nacional está en la provincia de Buenos Aires, el desenlace porteño tiene un doble valor: por un lado, define legisladores clave y senadores; por otro, pone en cuestión la capacidad de supervivencia del macrismo en su propio distrito, obligado a asociarse con el mileísmo para no perder peso político.
Para enfrentar esta coyuntura, el oficialismo presentó como carta fuerte a Patricia Bullrich, acompañada por Agustín Monteverde, un economista cercano a Milei pero sin trayectoria reconocida en la arena política. El sondeo de Opina Argentina, dirigido por Facundo Nejamkis, anticipa que la fórmula se impondría, aunque con un margen mucho más ajustado de lo previsto. Del otro lado, Mariano Recalde, que busca renovar su banca en el Senado, se consolida como principal retador junto a Ana Arias, decana de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA.
Que Bullrich alcance apenas un 34% de intención de voto expone el límite del arrastre electoral: esa cifra no dista demasiado de lo que obtuvo Manuel Adorni en las elecciones de mayo, cuando el Pro compitió con Silvia Lospennato en la boleta. En aquel entonces, la suma de ambas listas alcanzó los 47 puntos, un número que hoy parece lejano. Además, la implementación de la Boleta Única de Papel introduce un cambio sustancial: al reducir el “efecto arrastre”, obliga a que cada candidatura se mida por sí misma, sin el respaldo mecánico de otras categorías.

El panorama en la Cámara de Diputados se vuelve aún más complejo. La encuesta muestra al abogado Alejandro Fargosi al frente con apenas 30%, seguido de cerca por Itai Hagman con 24%. Más relegados aparecen Martín Lousteau, Myriam Bregman y Ricardo López Murphy, quienes intentan mantener presencia en un escenario fragmentado. Según las proyecciones, LLA podría asegurarse entre cinco y seis bancas, Fuerza Patria cuatro y el resto quedaría distribuido entre las demás fuerzas. En otras palabras, lo que se perfilaba como una elección con dominio claro de la derecha, empieza a delinearse como un reparto mucho más equilibrado.
Distribución geográfica
El relevamiento del ICG en agosto muestra diferencias significativas según la región. El mayor nivel de confianza se registró en el interior del país, con 2,39 puntos, aunque igualmente implicó una baja del 7,4%. En segundo lugar aparece la Ciudad de Buenos Aires, donde el índice se desplomó a 1,76 puntos, lo que significa un retroceso del 28,2%. Por último, el Gran Buenos Aires exhibió el valor más bajo: 1,68 puntos, acompañado de una fuerte caída del 23,3%.

Este reacomodamiento electoral no surge de la nada. El deterioro de la confianza en la gestión nacional se siente con fuerza en la Capital, donde tradicionalmente la derecha contaba con un electorado fiel. El Índice de Confianza en el Gobierno (ICG), medido por la Universidad Di Tella, cayó un 28,2% en agosto respecto al mes anterior, una baja mayor que en el conurbano y en el interior. El malestar económico, las medidas de ajuste contra jubilados, estudiantes y personas con discapacidad, sumado a los recientes episodios de corrupción, golpean con dureza en un distrito que hasta hace poco parecía blindado para el oficialismo.
El dato más inquietante para el macrismo es que, incluso en su bastión histórico, la alianza con Milei no garantiza la estabilidad política que buscaba. El acuerdo que alguna vez se presentó como un salvavidas frente a la amenaza de la irrelevancia puede terminar siendo una trampa: depender de la popularidad de un aliado desgastado por crisis sucesivas puede arrastrar también a quienes se refugiaron en su sombra.
Si bien todavía falta para octubre y la volatilidad política puede alterar el escenario, lo que muestran los números es claro: el voto porteño ya no responde con la misma lealtad a las fuerzas de derecha. La caída en la confianza, el cansancio social frente a los ajustes y la sombra de la corrupción instalan una duda incómoda: ¿hasta dónde podrá sostenerse la narrativa de que la Ciudad es un terreno seguro para el oficialismo?
