La suba reciente del dólar amenaza con romper la estabilidad de precios lograda en julio y podría llevar la inflación de agosto hasta 2,2%, mientras las tasas altas y la falta de crédito anticipan un freno en el consumo y la inversión.
La escalada del dólar en las últimas semanas encendió alertas sobre la evolución de los precios en agosto y sobre la capacidad de la economía para sostener el nivel de actividad. Aunque en julio el tipo de cambio subió 17% sin que se registraran remarcaciones inmediatas, el panorama podría cambiar este mes.
Las terminales automotrices aplicaron aumentos de hasta 5% en sus listas y los supermercados comenzaron a recibir nuevos precios de proveedores. Para Andrés Borenstein, economista jefe de BTG Pactual, el índice de agosto podría trepar hasta 2,2%. “Nada demasiado preocupante”, señaló, aunque reconoció que implicaría una pausa en la baja inflacionaria.
El encarecimiento del dólar también impacta de manera indirecta en la actividad económica. El Gobierno respondió con una suba fuerte de tasas y un aumento de encajes bancarios para absorber pesos. Estas medidas buscan frenar la presión cambiaria, pero encarecen el crédito y restringen la liquidez.
El consumo y la inversión podrían resentirse. Las familias enfrentan mayores costos para financiar compras y las empresas encuentran más difícil acceder a capital de trabajo. Un informe de Fidelitas mostró que la morosidad en préstamos personales subió del 4,1% al 5,6% en un año y en tarjetas de crédito pasó del 1,9% al 3,8%. Los cheques rechazados superaron los 60.000 por mes, equivalentes a 125 millones de dólares, afectando la cadena de pagos.
Si el repunte de precios se consolida y la actividad pierde impulso, agosto podría marcar un punto de inflexión. El resultado de ese mes será clave para definir si el proceso de desinflación sigue firme o si la tensión cambiaria obliga a recalibrar las proyecciones económicas para el resto del año.
