Adrián Emanuel Martínez, el enviado del gol en la tierra, es el personaje del momento. Entre operetas y promesas vanas, el fiel cristiano sacudió los berrinches del poder del fútbol y decidió ser el Diácono del pueblo racinguista para la eternidad. El reino de Maravilla.
Por Marcial Ferrelli
Adrián Emanuel Martínez, el enviado del gol en la tierra, es el personaje del momento. Entre operetas y promesas vanas, el fiel cristiano sacudió los berrinches del poder del fútbol y decidió ser el Diácono del pueblo racinguista para la eternidad. El reino de Maravilla.
VAR: El nuevo orden del fútbol
«¿Para qué trabaja uno si no es para ir el domingo a romperse los pulmones en las tribunas hinchando por el equipo? ¿O es que eso no vale nada?».
Enrique Santos Discépolo, frase de la película “El hincha” 1951.
Las máquinas se metieron adentro de las canchas, eso que desde todos los potreros del país, se creía imposible. La tecnología se encargó de amordazar los gritos sagrados, rebobinar ese desahogo, el gol que estás esperando todo el tiempo. Discepolín vio los partidos con un referí y dos linesman, fútbol de época, los bomberos de turno en cada estadio; en la actualidad son una corporación de jueces tecnólogos, con cables, intercomunicadores, cámaras y computadores, que encuentran lo que buscan o trazan líneas con tonos leoninos. Es decir, cambian el juego, su esencia, la maña de cada tiro de esquina y los agarrones de los dos lados. No se puede tecnificar la apreciación, el criterio en tiempo real —abusan de velocidad ralentizada o imágenes congeladas—, que de eso se trata el espíritu del deporte con arcos y una pelota redonda.
El fin de semana el protagonista central de este ensayo desesperanzador fue: “Maravilla”, un delantero fuera de serie, que completa todos los casilleros de un gran jugador de fútbol, con una historia distópica en el mundillo de llegar a Primera pateando la pelotita. El fin de semana le tocó ser juez y parte del polémico final del cotejo ante Barracas Central. Defendió en su propia área y salió disparado para buscar la rival, en la que sabe lo que hay que hacer. Minuto final de los 5 que adicionó el señor que dirigió el encuentro. Resulta que Martínez cabecea aparatosamente —un movimiento digno del joystick de DIOS— y mete el gol que rompe el cero y desata el delirio en el Cilindro. Pero el VAR, arma de destrucción para la emoción espontánea del deporte, puso la mira en encontrar algo que restableciera el empate y no perjudique demasiado al equipo del amo. Conclusión, como no había fuera de juego en el gol, apelaron a la segunda opción que era escarbar con mil repeticiones una falta penal de Martínez en el inicio de la jugada. Gol anulado, penal sancionado y escándalo en la noche de Avellaneda.
La utilización rápida y efectiva del dispositivo en ciertas jugadas es imprescindible pero se toma demasiadas atribuciones que rompen los conceptos básicos de una competencia física y de fricción, las imágenes no son intuitivas. Es evidente que la lupa no es la misma para todos. Si parasen los partidos luego de cada pelota detenida cerca de las áreas, se cobrarían decenas de penales. Los que usan la tecnología deben entender las reglas del juego, repasar las jugadas en velocidad normal, además de intentar empatizar con las decisiones según lo que observa el árbitro central in situ, esencial para la práctica del fútbol.
La edad de Cristo
Hace algunos días, Adrián Martínez cumplió 33 años, la edad de Cristo. Como todos los mortales, el delantero top, tuvo varias vidas. Antes de jugar al fútbol, pasó por varios trabajos, fue recolector de residuos, distribuidor, albañil. Un accidente en su moto le provocó un grave corte en la mano y le costó el despido laboral. Al tiempo, a su hermano menor lo hirieron de bala y mientras luchaba por sobrevivir, un grupo de personas fueron al domicilio del agresor y le prendieron fuego la vivienda.
Entre los denunciados estaba Adrián Martínez, a quien acusaron de portar arma de fuego y robo además del incendio. Estuvo detenido más de seis meses en la cárcel de Campana, su ciudad natal. En ese otro mundo como lo definió el goleador, comenzó a ser creyente. “Gracias a Dios pude salir a los seis meses, si no tenía para rato ahí adentro, porque la causa era grave: nos acusaban de tener armas de guerra, de secuestro, poblado en bando, incitación al incendio. Ahí nosotros presentamos pruebas. Les fui a pedir las cámaras al hospital para demostrar que habíamos estado junto a mi hermano y no en la casa que incendiaron. A esa altura teníamos tres abogados y 30 testigos que avalaban lo que decíamos», relató.
La vida futbolística de Martínez se dio en contravía de lo convencional para cualquier jugador. No hizo inferiores y debutó a los 22 años en la primera C del fútbol argentino.
Pasó por equipos del ascenso, de Paraguay, Brasil y recién jugó en la primera división argentina en Instituto de Córdoba en el 2023, a sus 31 años. Apareció Racing en su camino y llegó con el pase en su poder en el año 2024, se volvió récord a fuerza de goles y levantar copas en solo un año.

Su vínculo con la fe no es una simple etiqueta. Maravilla está convencido de que las lesiones sanan milagrosamente, «Dios lo resuelve». Pidió jugar un clásico en medio de la recuperación de un edema óseo en su rodilla derecha. Creer o reventar para los de afuera, para él es creer y reventar redes.
La cláusula celestial
En medio del Salasgate, entre traiciones, pretemporadas y medianoches, Maravilla otra vez tuvo que planchar la capa y aparecer en escena. El goloso e inconformista de Ricky Ricón Gallardo, no conforme con quedarse con Salas y dañar la estructura exitosa de Costas, quiso extender sus telarañas para llevarse también al enviado del gol en la tierra, Maravilla Martínez, el 9 del continente.
Con todos los salmos abiertos, Adrián dio su golpe de gratitud y fidelidad, y renovó sus votos con Racing Club hasta el retiro, sellando así su nueva identidad de ídolo. «Este vale la pena, pedazo de jugador, perpetuidad de romance», corean los hinchas.
Pero el guiño del goleador traspasó las mieles de la fe y la dulzura de la palabra, acordó con Saja (1), director deportivo y el presidente Diego Milito (22) sellar una cláusula millonaria (122 millones de euros) y simbólica, como señal de volverse recontra intransferible y retirarse en Racing. Con esta maniobra llegó el alivio para enfrentar el objetivo principal de la Copa Libertadores, y reponer el lugar institucional que tiene el club en el fútbol argentino. Un gesto que valoriza a los jugadores de un equipo que está entre los mejores de Sudamérica.
Jerarquía
Es la palabra de moda en este fútbol nuevo orden. Traer jerarquía, término termo de las nuevas hinchadas, prefieren tenerlos sentados en el banco de suplentes o desconcentrados por lesión, pero que su nombre sea rutilante de un pasado perfecto. Gustavo Costas mostró la cualidad de seleccionar integrantes con presente y condiciones, del lado B del marketing y en la periferia de la órbita de los medios.
Armó un plantel campeón con un radar para desatendidos y regados por ligas ajenas. Formó una columna vertebral y potenció el nivel de la actualidad de muchos jugadores. El fútbol se trata de presente, dejar de revolver el pasado de glorias que nada garantizan en este deporte de roces, velocidad y potencia. Los nombres propios se van desmembrando y achacando, la jerarquía hecha polvo dorado. El patrimonio de Racing Club de Avellaneda ha sido multiplicado por el buen ojo de un CT que da un paso adelante de la mano de la dirigencia actual. El mensaje que transmitió Gustavo luego de la salida de Maxi Salas es unidad, hoy el equipo está en la cima y sus integrantes se volvieron apetecidos por otras potencias.
