Pese a la baja de la inflación, el salario mínimo perdió más de un 33% de poder adquisitivo desde diciembre y quedó por debajo del costo de la canasta básica. El Gobierno convocó al Consejo del Salario mientras crecen las críticas por el deterioro del ingreso.
El valor del salario mínimo perdió un tercio de su poder de compra desde la llegada de Javier Milei a la presidencia. Aunque el oficialismo destacó la desaceleración de la inflación como uno de sus principales logros, las cifras actuales del ingreso básico exponen otra realidad. El Gobierno convocó nuevamente al Consejo del Salario, mientras crece la presión de los gremios y los indicadores reflejan un deterioro sostenido.
El actual SMVM se encuentra en $296.832. Representa solo el 58,1% del valor de la canasta básica alimentaria que determina la línea de indigencia y apenas supera el 25% del costo de vida para no caer en la pobreza. Además, el salario mínimo en dólares cayó a uno de los últimos lugares de América Latina, con US$253, según datos regionales. Sólo seis países tienen valores más bajos.
De acuerdo con un informe del Centro de Investigación y Formación de la CTA (Cifra-CTA), el retroceso en el poder adquisitivo del salario mínimo desde noviembre de 2023 fue superior al 33%. Mariana González, autora del informe, afirmó que el SMVM “perdió poder adquisitivo en una forma brutal” y aseguró que “esta reducción implica que quede desdibujada su función como herramienta para fijar un piso salarial”.
El estudio también comparó el valor actual del SMVM con etapas anteriores. En abril de 2025, se ubicó 44,1% por debajo del nivel que tenía en noviembre de 2019 y 57,3% menos que en noviembre de 2015. Según el mismo informe, si no se hubiera erosionado su capacidad de compra, hoy rondaría los $700.000.
La Secretaría de Trabajo definió todos los aumentos durante 2024, al no lograrse consensos entre sindicatos y empresarios. En cada instancia, el Gobierno ratificó la propuesta del sector privado. La última actualización, dictada en diciembre de 2024, fijó subas escalonadas que terminaron en el valor actual. Para los trabajadores jornalizados, el pago por hora llegó a $1.484 en marzo.
González advirtió que el retroceso actual ubicó al SMVM por debajo de los niveles que tuvo durante gran parte de la década del noventa y en los meses críticos del fin de la convertibilidad. «La comparación del salario mínimo con las líneas de pobreza y de indigencia revela una situación peor que la de 2001», señaló.
Además, explicó que este salario tiene un papel relevante, incluso más allá de los empleos registrados. «Más allá de que las y los trabajadores informales suelen quedar por fuera de la legislación laboral, se ha comprobado que la evolución de sus remuneraciones está ligada a la dinámica del salario mínimo, que funciona como una señal para su determinación», aseguró.
La economista sostuvo que el salario mínimo «contribuye a mejorar la distribución de los ingresos y, en consecuencia, al bienestar general de la sociedad». También destacó que «no se ha demostrado que tenga efectos negativos sobre el nivel de ocupación».
Pese a que no se aplica a todo el universo laboral, su rol como referencia es central. El SMVM no rige para trabajadores rurales ni para el personal doméstico, aunque el Régimen de Trabajo Agrario establece que su piso no puede estar por debajo del salario mínimo. En el sector público, sólo abarca a los empleados de la administración nacional.
La preocupación por la caída del consumo doméstico crece, mientras los datos económicos contradicen la narrativa oficial. Aunque el Gobierno insiste en mostrar señales de mejora en los precios, millones de trabajadores no logran cubrir sus necesidades básicas con lo que cobran cada mes.
