La Vicepresidenta podría bloquear el Senado para evitar el tratamiento de los pliegos de los candidatos a la Corte Suprema, Ariel Lijo y Manuel García-Mansilla, siguiendo la estrategia del Ejecutivo.
A diferencia de lo ocurrido el año pasado, cuando habilitó una sesión en la que se rechazó el DNU 70/23, esta vez Victoria Villarruel no tomará la misma postura. Si Santiago Caputo así lo indica, la vicepresidenta mantendrá el Senado inactivo para evitar que se traten los nombramientos de Ariel Lijo y Manuel García-Mansilla como jueces de la Corte Suprema.
Desde el entorno de Villarruel hablaron sobre la estrategia que adoptará en los próximos días y señalaron: «Nos plegaremos a la estrategia que tenga el Ejecutivo». En la Casa Rosada ya dejaron en claro que no están dispuestos a permitir que los pliegos lleguen al recinto.
Siguiendo las órdenes de Caputo, cinco de los seis senadores libertarios solicitaron una sesión para debatir Ficha Limpia—proyecto que busca impedir que personas con doble condena por corrupción puedan ser candidatas—y tratar la asistencia extraordinaria a Bahía Blanca. Sin embargo, no se estableció una fecha concreta, lo que deja abierta la posibilidad de que Villarruel convoque el jueves, impidiendo así la sesión pedida por Unión por la Patria (UP), que tenía previsto discutir únicamente los pliegos de los candidatos a la Corte.
Los movimientos de la vicepresidenta generan incertidumbre en la oposición, ya que suele tomarse su tiempo antes de definir sus pasos. En la UCR hay una postura dividida: mientras que Martín Lousteau busca rechazar ambas postulaciones, otros legisladores radicales se oponen solo a Lijo, aunque aún no está claro si contribuirán con el quórum necesario.
Desde el radicalismo, un dirigente advirtió: «Es una locura sesionar esta semana. Lo mejor es dejar pasar un tiempo hasta que Ficha limpia tenga el respaldo garantizado y Milei retire los pliegos«. En los bloques aliados también hay dudas, aunque la incógnita principal sigue siendo qué decisión tomará Villarruel.
El reglamento le permite a la vicepresidenta esperar hasta el último momento para convocar a labor parlamentaria, lo que podría derivar en una maniobra similar a la que utilizó en la última sesión frustrada de UP: abrir el recinto sin garantizar la presencia de sus secretarios, impidiendo así el debate por falta de quórum. Si el jueves UP logra reunir 37 senadores, podrían forzar la discusión y generar un escenario de tensión.
Dentro del peronismo, especialmente en el sector alineado con Cristina Fernández de Kirchner, hay consenso en rechazar los pliegos, bajo el argumento de que Milei no debió realizar las designaciones por decreto. Mientras García-Mansilla ya asumió, Lijo aún no pudo prestar juramento, ya que no obtuvo licencia en su cargo como juez federal.
El caso de Lijo es más complejo: entre ocho y 14 senadores de UP no están dispuestos a rechazar su nombramiento, lo que obligaría al peronismo a buscar apoyos externos para alcanzar los 25 votos necesarios para frenar su designación. Sin embargo, antes de llegar a esa instancia, el desafío será reunir los 37 senadores necesarios para abrir la sesión, algo que aún está en duda.
Villarruel tiene la última palabra sobre el destino de la sesión. Como en otras ocasiones, la decisión está en su escritorio y la lapicera en su mano.
