En lo que parece ser otro capítulo de autopromoción de Patricia Bullrich, fuerzas de seguridad detuvieron a David Nazareno Avila, un hombre que se identificó como converso al Islam y que habría participado en chats con contenido fundamentalista. El operativo tuvo lugar en su vivienda en General Roca, Río Negro, donde no se encontraron armas, explosivos ni evidencia que sugiera una acción terrorista inminente.
Avila, exvoluntario del Ejército dado de baja por problemas mentales, admitió en su declaración que los mensajes y conversaciones en chats fundamentalistas eran de su autoría. Sin embargo, aseguró que su intención no era cometer un atentado, sino obtener dinero de otros participantes extranjeros bajo el pretexto de financiar un ataque contra «el gobierno sionista».
En el allanamiento, las autoridades hallaron únicamente un celular que contenía mensajes en árabe —traducidos con Google—, fotos de movilizaciones del Estado Islámico y consultas sobre cómo fabricar explosivos. Según los investigadores, no existía una preparación concreta ni contactos físicos con otros adherentes.
Acción preventiva o exageración mediática
El operativo estuvo a cargo de la Dirección de Inteligencia Criminal (Dinicri) y fue supervisado por el fiscal Santiago Marquevich y el juez Adrián González Charvay. Pese a la ausencia de indicios sólidos de un atentado en curso, la detención preventiva buscó evitar un posible «ataque de lobo solitario», una táctica que ha ganado notoriedad en ataques recientes en el exterior.
Sin embargo, la falta de evidencia concreta y el historial mental del sospechoso ponen en duda el verdadero riesgo. “No había armas, explosivos ni un plan definido. Avila se movía en moto y bicicleta, y nunca se confirmó ninguna reunión con otros implicados”, señaló una fuente judicial.
Patricia Bullrich no perdió tiempo en presentar la detención como un logro de su gestión, afirmando que se había frustrado un ataque terrorista. Sin embargo, expertos en seguridad advierten que esta espectacularización entorpece las investigaciones serias. “Se requiere bajo perfil y análisis minucioso de conexiones para determinar si era un peligro real o una falsa alarma”, sostuvo un veterano en antiterrorismo.
El episodio resalta, además, las tensiones internas en el gobierno de Javier Milei, con Bullrich buscando protagonismo frente a la SIDE, dirigida por Santiago Caputo. Mientras tanto, el país observa cómo, una vez más, una operación de seguridad termina siendo utilizada como herramienta de marketing político.

