La relación entre el Gobierno y la Cámara Alta atraviesa un momento crítico. El peronista disidente cuestionó los ataques contra bloques opositores y alertó sobre las consecuencias para el trabajo parlamentario en un año electoral. El kirchnerismo busca recuperar terreno tras la expulsión de Kueider, mientras crecen las internas y el clima de confrontación
En un año marcado por la intensidad y un balance relativamente positivo en la Cámara Alta, los últimos 15 días han estado cargados de tensiones. Tanto el Gobierno, como el oficialismo en el Senado y la oposición dialoguista han visto cómo se deteriora parte de lo construido, ingresando en un clima conflictivo que contrasta con la calma que actualmente parece prevalecer en Diputados, fuera del foco mediático.
En este contexto, el senador peronista disidente Juan Carlos Romero, figura clave del bloque de 39 legisladores que desde diciembre pasado ha bloqueado múltiples iniciativas kirchneristas, lanzó una advertencia a la Casa Rosada. Durante un encuentro reciente, señaló que, si no cesan los ataques hacia los bloques opositores anti-cristinistas y hacia Victoria Villarruel, la operatividad del Senado será inviable en 2025, afectando gravemente el trabajo parlamentario en pleno contexto electoral.
A nivel político, el caos ha sido un recurso recurrente para un Ejecutivo que, en ocasiones, ha sabido moverse antes que sus rivales, aunque no siempre con éxito. Según fuentes consultadas, Romero transmitió al jefe de Gabinete, Guillermo Francos, a su adjunto José Rolandi, y al vicejefe de Gabinete del Interior, Lisandro Catalán, que la estrategia confrontativa de la Casa Rosada está agotándose. Además, advirtió que la relación con el Senado podría entrar en un punto de no retorno, poniendo en peligro los acuerdos alcanzados hasta ahora.
La reunión con Romero ocurrió poco después de la expulsión del senador disidente Edgardo Kueider, detenido en Paraguay en un lujoso departamento. Aunque la cita ya estaba pautada desde antes, este incidente exacerbó las tensiones. Romero asistió acompañado del jefe del interbloque Provincias Unidas, el correntino Carlos Espínola, quien también criticó la gestión oficialista respecto al escándalo de Kueider, calificándola de «irresponsable«.
“Si continúan con la mala praxis, será difícil. Es hora de calmar un poco las aguas”, expresó uno de los senadores durante el encuentro. Esta declaración hacía referencia al manejo caótico del oficialismo en la votación para remover a Kueider, que estuvo plagada de indecisiones hasta el último momento. En esa sesión, tanto la UCR como el PRO también mostraron fisuras internas, agravando el panorama político a menos de nueve meses de las elecciones primarias de agosto.
Respecto a las elecciones, surgió otra preocupación compartida por Romero y Espínola: si el proyecto para suspender las PASO lograra avanzar en Diputados, no se garantizaría un trámite sencillo en el Senado. Algunos analistas sugieren que el Gobierno podría buscar apoyo en el kirchnerismo, pero tal estrategia podría desestabilizar aún más las relaciones en la Cámara Alta, llevándola al borde del colapso.
Un tema clave discutido en el encuentro fue la distribución del poder en el Senado. Desde el 13 de diciembre de 2023, los 39 senadores del oficialismo y la oposición se repartieron las principales posiciones de liderazgo en la Cámara, dejando al kirchnerismo, como primera minoría, fuera de los acuerdos por su falta de disposición al diálogo. Sin embargo, con la incorporación de Stefanía Cora, el kirchnerismo planea recuperar terreno y obtener más cargos en la próxima sesión preparatoria de febrero.
“Si el kirchnerismo no quiso consensuar cuando se los llamó, nada para ellos ahora. El control del Senado tiene que mantenerse como está, pero con menos enfrentamientos entre quienes dialogan”, señaló uno de los senadores durante un segundo encuentro con el Subsecretario de Gestión Institucional, Eduardo “Lule” Menem. Tanto Romero como Espínola advirtieron que las estrategias unilaterales, como las que prepara Karina Milei, podrían poner en riesgo victorias en distritos clave si no se conforman alianzas locales.
A pesar de estas advertencias, los consejos de Romero y Espínola parecen haber caído en saco roto. En los días posteriores, los ataques contra Victoria Villarruel, que ha mostrado una postura errática este mes, se intensificaron, muchos de ellos sin el mínimo respeto por las formas políticas. La situación refleja un Senado cada vez más polarizado, donde el diálogo y la estabilidad parecen ser objetivos lejanos.
