El radicalismo no termina de encontrar un camino de unidad ni de contundencia programática como para convertirse en una clara alternativa de gobierno para 2011.
Por Alfredo Leuco, en www.alfredoleuco.com.ar
Así dice la marchita histórica. Adelante radicales, adelante sin cesar. La marchita todavía está en el campo de la esperanza o de la expresión de deseo. La realidad indica otra cosa. Que el radicalismo no termina de encontrar un camino de unidad ni de contundencia programática como para convertirse en una clara alternativa de gobierno para 2011.
En la provincia de Buenos Aires han quedado expuestas las importantes diferencias que existen entre los dos radicales que mejor imagen tienen en todas las encuestas. La falta de acuerdo entre el vicepresidente Julio Cobos y el diputado Ricardo Alfonsín hicieron que mucha gente se haga una pregunta demoledora. ¿Cómo van a unir al país si no pueden unir al partido? Tal vez el análisis sea demasiado simplista. Tal vez sea bueno que quien tenga aspiraciones salga vencedor de una elección interna.
Pero lo cierto es que el radicalismo los necesita a los dos. Y el 6 de junio habrá un derrotado al que no le va a ser fácil recomponerse hacia fuera. Si pierde la lista de Alfonsín en su distrito será complicado explicar como puede ser candidato a gobernador o a presidente. Si pierde Cobos pasará algo similar. Es el que tiene mayor intención de votos en todo el país pero no es capaz de ganar una interna en el distrito más importante. El daño ya está hecho. No importa quien gane. Van a tener que trabajar mucho hacia afuera para recomponer los tantos, mostrarse cohesionados y volver a enamorar con un proyecto superador del autoritarismo eficiente en lo económico de los Kirchner. Van a tener que moverse mucho para convencer a otras fuerzas como el socialismo o los partidos de Elisa Carrió o Margarita Stolbizer de que el viejo partido de Yrigoyen y Alem es el mejor instrumento para llegar al poder en el 2011.
Son muchos los planes de gobierno, las respuestas a todos los temas y la exhibición de grandes cuadros técnicos y políticos como futuros ministros que deberán ofrecer a la sociedad. Por ahora arrancaron mal. Ya empezaron las peleas sobre la transparencia de los padrones sobre los que se van a hacer las internas bonaerenses. Incluso Cobos quedó salpicado por la investigación de las coimas en los negocios con Venezuela cuando era gobernador.
El radicalismo produjo una renovación generacional muy importante. Pueden tener candidatos a gobernadores con muchas posibilidades de ganar en los principales distritos con buena experiencia de gestión como Ernesto Sanz en Mendoza, Mario Barletta en Santa Fe, o cuadros políticos con excelente imagen y chances como el mismo Alfonsín en Buenos Aires y Oscar Aguad en Córdoba.
La histórica marchita dice que se rompa pero que no se doble el partido radical. Hay todo un mensaje y un desafío para evitar la Desunión Cívica Radical. Esta democracia de candidatos necesita partidos fuertes y unidos que funcionen. Los más viejos tienen las mayores responsabilidades. La historia juzgará si están a su altura.
