La Fiscalía Francesa reabrió la causa por la muerte de Lady Di y su pareja, el egipcio Al Fayed. El presunto accidente automovilístico queda sujeto a futuras investigaciones para refutar o confirmar la hipótesis de fatalidad instalada desde el 97
DE PRINCIPES Y MENTIRAS
Por Mara Fernández Brozzi
Desde el mismo momento de la muerte de Diana, las dudas existieron, pero éstas fueron tapadas por certezas manejadas desde espacios de poder, quienes pueden hacer mover la balanza para ese lado.
Se reabre la causa luego de que el ex alto comisionado para Scotland Yard, lord John Stevens, manifestara dudas sobre los exámenes de sangre practicados a Paul, el chofer de Dodi, muerto también en el “accidente”, los que según él tenían "serias inconsistencias y omisiones".
Y también por Mohammed al Fayed, padre de la pareja de Diana en ese momento, quien nunca aceptó de manera pasiva las hipótesis manejadas desde la Realeza Británica; siempre sostuvo que se trató de una conspiración de la Corona y de los servicios de inteligencia británicos para terminar con la vida de Lady Di y su hijo, el multimillonario Dodi Al Fayed.
La historia oficial contaba por aquel entonces que, en la madrugada del 31 de agosto de 1997 la muerte sorprende, en un fatal accidente automovilístico, a la Princesa Diana, su pareja y el chofer que los llevaba. La responsabilidad fue adjudicada a Henri Paul por conducir ebrio, provocando que el Mercedes Benz en el que viajaban a toda velocidad chocara contra una columna del Puente del Alma, París.
Muchos datos fueron corregidos en este último tiempo, como la veracidad respecto de la velocidad real del automóvil; en un principio se habló de 200km/h, y hoy se comprueba que viajaban a 96km/h.
El error de información circulada se produjo también en relación a la cantidad de alcohol que Paul llevaba en sangre en el momento del “accidente”, se habla de serias incontinencias y omisiones en los resultados científicos que llevaron a la conclusión de que el accidente se produjera como consecuencia de la ebriedad del chofer. Se han efectuado dos pruebas de sangre, la primera de ellas fue difundida por toda la prensa, quedando como certera, mientas que la segunda de ellas, que arrojaba datos diametralmente distintos, no fueron dados a conocer; recién ahora están siendo tenidos en cuenta.
Piezas de un rompecabezas que están empezando a encajar para quienes nunca sostuvieron que la muerte de la Princesa Diana fue a causa de una fatalidad.
La pregunta quedará abierta, respecto de quién orquestó esa fatalidad para que se produjera. Alguien manejó los hilos, alguien los cortó… Se viene el tiempo ahora de determinar quiénes fueron entonces los “titiriteros”, que armaron un final de tragedia para la Princesa que más cerca de la Plebe estuvo, será ésta una razón por la que quisieron ponerle fin al cuento de hadas? Habrá que esperar para ver cómo se rescribe la historia que nos contaron de “Príncipes y Mentiras”.
