De la mano de Leo, en lo que puede ser su última gran obra, la selección Argentina tachó a Croacia en la semifinal del Mundial en Qatar y es finalista. Fue un categórico 3 a 0, el capitán abrió la goleada de penal y Julián Álvarez metió un doblete y quedó con 4 goles en la Copa. La Scaloneta sigue escribiendo historia y Monsieur Messi rompiendo récords (llegó a 25 encuentros mundialistas igualando al alemán Lothar Matthäus y con el gol de hoy, consiguió 11 tantos en Mundiales y superó a Batistuta, se convirtió en el máximo artillero de la selección Argentina en la historia del torneo. Además igualó a Maradona y a Pelé en asistencias con 8). A un paso de cumplir el tan anhelado sueño.
La diferencia entre lo sutil y lo vulgar no está más que en tu ignorancia.
Rabindranath Tagore
Ahora sí, somos finalistas. Para la dicha de cada uno de los que hicimos fuerza. Allá en Qatar, en todos los rincones del país y en las ciudades donde estamos regados los argentinos, muchos por cierto. El equipo está, es y será venerado por todos o —casi todos— en estos tiempos egoístas y mezquinos, como canta Fito.
Hoy el equipo entendió el juego definitivo del Mundial. Otra vez apareció el manual de estilo de un plantel que descubre, interpreta y desarrolla su estrategia según quién tenga enfrente. El rival de turno fue Croacia, duro, inteligente, intrépido y poderoso con el balón, liderado por su capataz, Luca Modric. La Scaloneta se planteó analizar primero y ejecutar luego; propuso dos líneas de cuatro, Messi y más allá, arriba el incansable Julián Álvarez, que presionó la salida de la selección de Dalic. La comprensión de un grupo que cambió vicios futbolísticos de juventud por virtudes de madurez y eficacia.
Analizo luego existo
Así fueron los 25 minutos iniciales, Croacia dominaba con Modric y su usina de juego, apoyado por sus escoltas Brozovic y Kovacic en la mitad del campo, se aseguraban la tenencia y la circulación de un balón que no lograba hacer daño en el área de Dibu Martínez. Agazapado, el medio argentino esperaba la oportunidad de recuperar pelota, lanzar rápido y lastimar arriba de contragolpe. El puñal argento llegó a la media hora. De la mano de —los pupilos de Gallardo— Enzo Fernández que asistió notablemente a «The new matador» Álvarez , el delantero se metió en el área y ante el achique de Livacovic, definió débilmente, el arquero decidió dejar su pierna derecha rígida y obstruir el avance de Julián para empujarla al gol. El árbitro italiano no dudó, marco el punto del penal y amonestó al lungo guardameta. La acomodó Messi, el Señor del Mundial, y esta vez no esperó nada, decidió una ejecución fuerte, alta, esquinada e inatajable y selló el primero para Argentina y el quinto en su cuenta mundialista (Superó como máximo goleador argentino en Copas del Mundo a Batistuta con 11 tantos).
A partir de ahí, los europeos sintieron el mareo, las nauseas de quedar en desventaja y frente a una muralla albiceleste impermeable. Como contra los australianos, con la diferencia a favor en el resultado, la selección de Scaloni se adelantó y empezó a gobernar el trámite del encuentro. Un tiro de esquina que parecía peligroso para el arco de Martínez, se volvió un terrorífico «martes 13» para los croatas que quedaron mal parados y con el rebote en la zurda de Messi, con todo el campo y el panorama abierto. A pesar de la trastabillada de Leo, Julián dominó la pelota y salió para adelante, solo y contra lo que viniera. Galopó a campo traviesa y enfrentó a los postes vestidos de defensores croatas, la araña se llevó dos rebotes y definió ante la salida del portero balcánico. Gol de Argentina, el segundo, cómo en el 78, a lo Kempes en la final, arremetida y grito fuerte.
El dominio
La ventaja era amplia pero había que aprender la lección pasada, octavos y cuartos fue de dos goles y se sufrió demasiado. Esta vez todo estaba repasado y aprendido, no había que meterse atrás ni ceder pelota y menos espacios, la cosa siguió como si no hubiese habido conversiones. Siendo protagonistas y yendo al frente. Por eso el complemento siguió bajo la tutela albiceleste: toqueteo, paciencia y control. Y cuando millones de aficionados creían que Leo estaba a media máquina porque se tocaba la pierna, se activó la varita mágica, llegó la excursión con todo pago para Gvardiol, el joven defensor de 20 años sensación del Mundial. Leo transportó el balón por la banda derecha del ataque argentino, enfrentó al enmascarado y lo anestesió sobre la línea final del campo: fue para adentro, frenó, giró hacia afuera, metió quinta marcha, desbordó y le sirvió el pase al Kempes modelo 2000, que la empujó al fondo del arco. Golazo, liquidación y serie definida, dedicado vía satélite al planeta regado de hinchas argentinos y a los fánaticos postizos de Blangladesh, Nepal, India y el sudeste asiático que deliran con cada juego del diez y su troupe.
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«El objetivo es ir partido a partido», decía Lionel Scaloni ayer en la conferencia previa al encuentro. Los protagonistas lo cumplieron con creces, desde el traspié ante los árabes hasta la lección a los croatas. Es un equipo infernal, cooperativo, sacrificado pero por sobre todos los adjetivos benevolentes posibles, es un plantel con decisión, que entiende el mensaje desde arriba, se adapta y ejecuta el plan al pie de la letra.
Parada final: Estación Ilusión
La Scaloneta está en la final. Y lo consiguió jugando bien, porque eso es lo que hacen estos muchachos en la cancha, a pesar de las críticas de algunos sectores hipócritas, que con su negativismo solo consiguen potenciar la euforia colectiva, el sueño de festejar entre abrazos y cantar: «… Ahora nos volvimos a ilusionar, quiero ganar la tercera, quiero ser campeón Mundial (…)».
Vayan pa’llá bobos, córranse que el pueblo está de fiesta.
P.D: Diego esto también está escrito para vos, sé que estás por ahí apretando el puño, con Don Diego y con la Tota alentándolo a Lionel y sus compinches.
¡Vamos Argentina!
Nuestro amigo Germán Cano y su hijo Lorenzo, nos envían saludos desde Lusail a minutos de que la selección Argentina consiga el boleto a la final del Mundial de Qatar 2022. El delantero, un embajador argentino por el Mundo, juega actualmente en Fluminense de Brasil y logró la marca histórica anotando 26 goles (récord desde que el torneo se juega con 20 equipos, superando los 25 goles de Gabigol en 2019); se proclamó también máximo goleador de la Copa de Brasil, el primer extranjero en conseguirlo. Anotó 44 goles en la temporada (récord del siglo XXI en Brasil, superando los 43 goles de Neymar en 2012 y de Gabigol en 2019), y apenas el segundo en todo el mundo (detrás de Mbappe que convirtió 47 tantos). En su anterior paso, por el club colombiano Deportivo Independiente de Medellín, también ostenta el récord de goleador histórico de la institución paisa con 129 goles.
