El deseo y la necesidad de los aficionados argentinos por el comienzo de la competencia en la Copa, le trasladó una ansiedad desmedida a los jugadores de un equipo que no supo ni pudo desplegar su idea. Se rompió el patrón de juego que construyó un invicto de 36 partidos. Arabia descalabró el grupo C con la victoria ante la Scaloneta. Es tiempo de reordenar y planear cada partido antes de festejar a cuenta.
Llegó la hora, toda la ansiedad en forma de manija que transmitió el «mundo argentino» se hizo notar en el campo de juego de Lusail. Un gol tempranero como aquel a Bosnia en 2014, en el Maracaná. Esta vez no fue en contra, pero se puede decir que fue en contra del deporte, del fútbol, de la pelota. Penal de VAR, de un cóctel que no se mezcla solo, reglamento más tecnología igual a masacrar el juego.
A la selección en este caso le tocó a favor, mancha en el área árabe y sentencia desde el punto del penal para que Leo Messi pusiera en marcha su marca personal de goles en cuatro mundiales, un récord de pocos (Pelé, Seeler, Klose, Cristiano Ronaldo).
Todo lo demás que pasó en los primeros cuarenta y cinco minutos fueron jugadas de apuro, sin lógica. Pelotazos para romper la última línea verde, casi pegada al mediocampo y a escasos quince metros de sus atacantes, que sin presionar la salida argentina se paró muy adelante. Argentina nunca supo como traspasar con jugadas interiores, los laterales nunca transgredieron en ataque, se ejecutó sin pensamiento ni comprensión de la táctica del contrincante.
VAR es VAR (no fijarse en la esencia y su manera de actuar)
El off side semi automático se convirtió en un protagonista estelar de la tarde qatarí, el arma semi automática que está atentando contra la naturaleza del fútbol. Un hombro, apenas una rodilla que asoma por sobre la del último defensor rival, ¿para cuándo una pestaña adelantada?
En estos tiempos festejar, gritar un gol desde las entrañas ya dejó de ser la sustancia del balompié y pasó a ser privatizado por un monitor que decide todo lo que pasa en la cancha. Argentina cayó en posición prohibida siete veces en un tiempo ante Arabia Saudita contra seis fueras de juego que pagó en todo el Mundial de Rusia en 2018. La máquina que llegó para destrozar la emoción y la magia del fútbol.

El auto golpe
El complemento se convirtió en pesadilla para la Scaloneta, los jugadores argentinos convencieron a los rivales que podían entrar al área y probar algo más que la disciplina y el orden táctico de la primera mitad, en la que no patearon al arco.
A partir del empate —gran definición cruzada de Saleh Al Shehri — y minutos más tarde, el puñal de Al Dawsari a puro quiebre de cintura en el vértice del área y un zapatazo para romper el ángulo superior izquierdo de Dibu Martínez que apenas pudo rozar con sus dedos, la frustración interfirió en los jugadores argentinos.
Con la desventaja, el equipo se quedó sin creación ni elaboración para encontrarle la vuelta al partido, la impaciencia y ese descontrol por la ansiedad, se hicieron carne en el equipo albiceleste. Messi un día antes del partido hablaba de disfrutar, de dejar la impaciencia a un costado de la cancha, pero adentro pasó lo contrario.
No hubo juego asociado, menos triangulaciones ni rebeldía individual para romper el esquema valiente que plantearon los asiáticos. Dos golazos le sirvieron a los saudíes para reventar el invicto de 36 partidos de Argentina (quedó a un paso de igualar a Italia que ostenta 37 partidos sin derrotas entre 2018 y 2021), nada menos que en el debut del Mundial.
El VAR no es excusa, pero ejerce un desgaste psicológico de meterla un par de veces y quedarte con el grito ahogado, la celebración estéril que va demoliendo la motivación de sacar una holgada diferencia en el marcador. Algo de eso padeció la selección en el segundo tiempo. Sin jugar bien y con errores puntuales deberá avanzar desde lo anímico porque esto recién empieza, España en Sudáfrica 2010, comenzó su carrera triunfal con una derrota ante Suiza.
Hay equipo para revertir este tropezón que aún no es caída. El sábado México será el termómetro, la medida para lo que sigue. Un debut que transformó el triunfalismo en nervios, la euforia en cautela. Habrá que ocuparse y no preocuparse todavía, poner en práctica la resiliencia, deporte nacional.
¡Vamos Argentina!
