Qatar, un emporio económico, comercial y empresarial que se dispuso a organizar el próximo Mundial (que comienza en pocos días), vulnerando los derechos básicos laborales de los trabajadores migrantes que han sufrido todo tipo de abuso durante la construcción y remodelación de estadios para la cita futbolística de la FIFA. Un claro ejemplo de imponer los beneficios económicos por sobre los derechos humanos.
Mientras todos los ojos se enfocan en la llegada de la Copa y la exótica belleza del país anfitrión, más allá de la competencia futbolística que se avecina, adentro del Emirato existen graves denuncias por parte de Amnistía Internacional, de abusos laborales contra los migrantes que trabajaron en la construcción de los estadios y zonas verdes circundantes.
La mayoría que proviene de Bangladesh, India y Nepal, participó en la reforma del Jalifa, estadio que tenía un aforo inicial de 20.000 espectadores y que las obras para ampliarlo y adecuarlo para el Mundial de FIFA, se incrementará a 50.000. Los obreros que participaron en la remodelación han sido victimas de explotación laboral a lo largo de los años, objeto de trabajo forzado, impedidos de salir del país y engañados a la hora de percibir sus salarios (no se cumplían fechas y los montos eran inferiores a los prometidos).
Mientras la FIFA, patrocinadores y constructores se preparan para obtener ganancias exorbitantes por la celebración del torneo, el 90 % de la mano de obra contratada es extranjera y las autoridades nunca les garantizaron derechos laborales, por ello durante los últimos 12 años, cientos de miles de personas han sido víctimas de explotación y distintos tipos de abuso.
Adicionalmente a los abusos laborales se le suman las condiciones de hacinamiento, de falta de higiene y seguridad en sus alojamientos. Hay hombres durmiendo en literas en habitaciones para ocho o más personas. Sin embargo, el derecho qatarí y las Normas para la Protección de los Trabajadores permiten como máximo cuatro camas por habitación y prohíben el uso compartido de camas y el uso de literas.
Amnistía Internacional ha documentado y sacado a la luz los abusos laborales y la explotación sufridos en el país por la mal pagada población trabajadora migrante. A continuación los casos detectados:
Muertes inexplicables de trabajadores migrantes
Desde 2010, miles de trabajadores migrantes han muerto de manera inesperada en Qatar pese a superar las pruebas médicas obligatorias antes de viajar al país. Sin embargo, aunque hay indicios de vínculos entre las muertes prematuras y las condiciones de trabajo inseguras, las autoridades qataríes no han investigado las causas fundamentales de estas muertes. A consecuencia de ello, las familias afectadas se quedan sin saber qué les sucedió a sus seres queridos y se les niega la posibilidad de ser indemnizadas por las entidades empleadoras o por las autoridades de Qatar.
«Todos nuestros sueños se desvanecieron cuando mi hermano falleció. Él quería mejorar el nivel de vida de todos nosotros, pero la mayor parte de su salario se empleaba en reembolsar los gastos de migración».
Didarul Islam, hermano de Mohammad Kaochar Khan, de 34 años y de Bangladesh, que fue hallado muerto en su cama el 15 de noviembre de 2017 en Qatar.
Trabajo forzoso
A algunos trabajadores migrantes se les obliga a trabajar durante jornadas laborales extremadamente largas y se les niegan días de descanso, bajo la amenaza de reducirles el salario, lo que puede constituir trabajo forzoso. Por ejemplo, unos guardias de seguridad contaron a Amnistía Internacional que de manera habitual habían tenido que trabajar 12 horas al día, 7 días a la semana y sin un solo día de descanso durante meses e incluso años. Si se tomaban un día de descanso, se arriesgaban a que su entidad empleadora les dedujera de los salarios hasta 6 días de paga.
Impago de salarios
El robo del salario es uno de los abusos más comunes que sufren los trabajadores y trabajadoras migrantes. Amnistía Internacional ha documentado casos en los que miles de trabajadores no han percibido su salario ni prestaciones o han estado mal pagados durante meses e incluso años. Como es frecuente que tengan que pedir préstamos con elevados intereses para pagar costosas e ilegales tarifas de contratación, tales demoras pueden ser desastrosas para ellos, sobre todo si no sólo tienen que mantenerse ellos, sino también a sus familias en sus países de origen.
Entre tanta violación de derechos, los trabajadores también han sido sometidos a la extorsión de los empleadores y agentes laborales. Les habían confiscado el pasaporte a todos los trabajadores. De hecho, si quieren salir de Qatar, deben conseguir un “permiso de salida” aprobado por su empresa. Pero los empleadores suelen hacer caso omiso de estas solicitudes, o incluso amenazan a los trabajadores, diciéndoles que no pueden marcharse hasta que termine el contrato, lo que podría significar otros dos años.
“La empresa tiene mi pasaporte. Si cambia mi estado de financiación, me enviarán de vuelta y tengo una gran deuda pendiente […] Quiero que me devuelvan mi pasaporte [y] el campamento no está bien, dormimos ocho en una habitación; son demasiados. Pero no puedo quejarme [porque] me echarían del trabajo”.
Mohamed, trabajador de mantenimiento de las zonas verdes de la «Aspire zone» de Doha.
Amnistía Internacional insta a la FIFA y a Qatar a indemnizar a todas las víctimas, tomar medidas enérgicas e inmediatas para prevenir abusos, garantizar una reparación adecuada a trabajadoras y trabajadores migrantes y reservar una suma importante de la recaudación de la Copa para programas de protección de los derechos de los trabajadores y trabajadoras.
El lado B del Mundial de Qatar 2022
Trabajadores migrantes en Qatar:
Cifras
Las condiciones infrahumanas a las que se someten a los trabajadores migrantes en Qatar. Duermen de a 8 personas en espacios demasiado pequeños.
Trabajadores y trabajadoras vulneradas por sus empleadores. Reciben amenazas de no percibir salarios si se van del país.
Durante 10 años se ha trabajado en la construcción y reformas de infraestructura para el Mundial de 2022. Todos los días y sin descanso por salarios de miseria.
