Resguardando el “american way of life”, los norteamericanos se inclinarían por un cambio, es decir, por la vuelta del partido demócrata a la Casa Blanca. Con ellos, las cuestiones domésticas estarían mejor cuidadas. Todos quieren un Estados Unidos victorioso en Irak o donde sea, aunque parecería que una bancarrota financiera es un costo demasiado alto.
Lo bueno del voto optativo es que, lógicamente, se moviliza sólo quién está interesado en las problemáticas de su comunidad. Y lo que se vislumbra para las elecciones norteamericanas de hoy es un nuevo récord de participación. Se estima que más de 10 millones de norteamericanos ya han votado anticipadamente.
Durante la elección en sí, los votos de los afroamericanos y latinos tendrán una incidencia importante en el resultado electoral. Ya hay quienes afirman que estas dos minorías superan a los norteamericanos blancos. Sobre el voto negro, si bien Obama es el favorito, el electorado de las zonas rurales del sur suele tener índices de participación muy baja. Y el voto latino del estado de Florida es el más complicado. Algunas estadísticas indican que el número de latinos demócratas ascienden a 418 mil frente a los 415 mil republicanos. Esta tendencia demócrata parece justificarse en la inmigración de jóvenes que vienen a reemplazar la vieja camada latina pro republicana y “anti castrista”.
Junto con Florida, hay otros 7 estados claves: Virginia, Missouri, Ohio, Nevada, Indiana, Carolina del Norte y Virginia Occidental. El triunfo en estos estados garantizaría los 270 electores que se necesitan para triunfar en las elecciones generales. Los sondeos de último momento le dan a Barack Obama una ventaja de 7 puntos porcentuales por encima de John McCain.
CUESTIONES CLAVES
Lo que preocupa a ambos candidatos son los indecisos. Este escenario se manifiesta debido a un presente problemático para Estados Unidos, que gira en torno a dos ejes: la economía y la guerra en Irak. Los métodos para la generación y distribución de la riqueza, y la pertinencia o no, en destinar cerca de 500 mil millones de dólares en la destrucción y reconstrucción de un país lejano.
Sobre esto último, el candidato demócrata Barack Obama comenzó su campaña con un discurso claramente antibélico, promoviendo simpatías en los grupos más jóvenes y desconfianza en las clases medias más proclives a permanecer en Oriente Medio. Sin embargo, después de su gira por Irak realizada en agosto pasado, Obama fue acotando sus intenciones sobre el retiro de tropas. Algo que en Argentina se conoce como “patear la pelota para adelante”.
Por su parte, John McCain duplicó la apuesta por seguir en Irak hasta 2013, momento en el que erigiría un gobierno democrático –pro occidente- en el ruinoso país. Tales opiniones movilizaron en su favor a una clase media belicista, mejorando su posición electoral.
Pero lejos de los análisis superficiales, la cuestión de Irak tiene causas profundas. La geopolítica norteamericana trasciende las discusiones electorales –algo que se da muy comúnmente en Latinoamérica- y los intereses que ellos poseen son constantes, más que contingentes. Pensar que Obama puede traer una época de paz y tranquilidad por su posición frente a la guerra de Irak es, a priori, pecar de ingenuo. Pensar que McCain seguirá con una posición radical (aunque menos torpe) en sintonía con la de George W. Bush, es caer en la obviedad.
El otro de los temas más discutidos durante los debates es la cuestión económica. La crisis financiera internacional ha dejado en claro las falencias del sistema en los Estados Unidos. Cierto es que tanto republicanos como demócratas dejaron las diferencias electorales de lado para aprobar un plan de salvataje financiero para oxigenar la economía nacional. Pero también es verdad que este quiebre puede ser quizás la principal causa de una victoria demócrata.
Tanto Obama como McCain han hecho hincapié en diseñar un control financiero para evitar los excesos en los que han incurrido los empresarios de Wall Street. El caso más paradójico es el de McCain, quien ni bien comenzada la crisis afirmó que “los fundamentos de la economía siguen siendo sólidos” y en las últimas semanas instó a que dentro del plan de intervención económica ningún salario de las empresas intervenidas –Fannie Mae, Freddie Mac, AIG- supere el del Presidente de los Estados Unidos. Una propuesta “populista” en boca de un halcón, héroe de Vietnam.
Ambos coinciden en la reducción de impuestos con el fin de estimular el consumo y la producción de bienes y servicios. Otro beneficio con esta medida sería la de aumentar el poder adquisitivo de los norteamericanos, necesario para que los ciudadanos puedan ponerse progresivamente al día con el pago de las hipotecas. Según datos oficiales, durante el primer semestre se registró un aumento del 58 por ciento en ejecuciones por impago de hipotecas, lo que sumado a la baja de ventas de viviendas nuevas (-% 6,4) y a la pendiente negativa de los precios inmobiliarios (-% 1,4) provocó un efecto dominó en toda la economía norteamericana. Este es sin duda el tema más preocupante para la ciudadanía y es por eso que los candidatos lo han tomado como eje de campaña.
Resguardando el “american way of life”, los norteamericanos se inclinarían por un cambio, es decir, por la vuelta del partido demócrata a la Casa Blanca. Con ellos, las cuestiones domésticas estarían mejor cuidadas. Todos quieren un Estados Unidos victorioso en Irak o donde sea, aunque parecería que una bancarrota financiera es un costo demasiado alto.
Por Emiliano Martínez
