La Presidenta pasó por Altos de Podestá, donde entregó 500 casas. La lluvia, la poca gente y los funcionarios kirchneristas marcaron un acto gélido.
Por Elisa Rossi
¡Otra movilización! Tal vez ese fue el pensamiento de los militantes justicialistas de Tres de Febrero, quienes el miércoles 18 de junio partieron a Plaza de Mayo, y un día después debieron acompañar a sus dirigentes en el acto en Pablo Podestá que reunió a Cristina Fernández, el gobernador Daniel Scioli y Hugo Curto, entre otros.
Quizá ese exceso de actos, sumados a una jornada helada y lluviosa, dieron por resultado una carpa semi llena. Eso sí, entre el público se destacaron los obreros de la construcción con sus cascos amarillos; ese día, los muchachos del gremio del amigo del anfitrión miraron por televisión.
Entregaron 500 viviendas –otras 350 serán ocupadas próximamente- correspondientes a la segunda etapa del barrio Altos de Podestá, que contó con una inversión de más de 29 millones de pesos.
Cabe destacar que el proyecto original estipulaba la edificación de 2200; para llegar a dicho total, en un tercer tramo –que se extendería hasta 2010- construirán 640 hogares, dos escuelas y un centro comercial.
Hace más de una década, los primeros vecinos que se mudaron al lugar no tenían conexiones de gas natural y padecieron serios problemas estructurales. Luego vinieron los remates judiciales, y hasta hoy sobrevuelan sospechas referidas a vuelcos cloacales en el Arroyo Morón.
Motivos suficientes para que las autoridades apenas recorrieran el complejo habitacional más grande del distrito. Tampoco asistieron tantas: secundaron a la Primera Mandataria, vestida de rojo para la ocasión, el ministro de Planificación Federal, Julio De Vido, y el secretario de Obras Públicas, José López.
Los jefes comunales que concurrieron fueron los de San Miguel, Moreno e Ituzaingó; casualmente, Alberto Descalzo fue de los últimos en retirarse luego de deglutir unos sandwichitos.
También hubo referentes del distrito vecino de San Martín. Oscar Bitz, en la actualidad inseparable de Cristina Álvarez Rodríguez, mostró su preocupación porque la blonda ministra bonaerense no se mojase.
Y el ex diputado Carlos Catterbeti (con dentadura de estreno) no ocultó su enojo con la atomizada dirigencia sanmartinense.
Cristina Fernández, quien fue declarada Huésped de Honor, en su “distendido” discurso señaló que “es de muy buen augurio este día de lluvia”, tal como ocurrió cuando celebró su casamiento.
El ex motonauta, breve como es habitual, sacó a relucir su sensibilidad: “Si hay algo que genera una satisfacción enorme –dijo-, es la entrega de viviendas, porque está detrás la familia”. Hasta citó a San Francisco de Asís, “somos instrumentos de paz”.
Más mundano, el intendente local recordó que las tierras donde se levantó Altos de Podestá pertenecieron al Ejército y allí existían varias tosqueras. Asimismo hizo referencia al proceso judicial que afrontó por la valuación de dicho predio, y arremetió –a tono con el estilo K– contra los medios masivos de comunicación.
Luego, consultado por un periodista sobre la crisis con el agro, defendió con exasperación la política oficial y disparó: “De Angelis es el D’Elía nuestro”.

