Gutiérrez reunió en poco tiempo un consenso impensado apenas un año atrás. Lo que no quita un horizonte incierto donde mucho parece depender de “arriba”: los fondos necesarios, los alineamientos y los resultados.
Por Ariel Kocik
El intendente Gutiérrez afronta problemas de fondos. Tuvo dificultades para llevar adelante sus proyectos en los barrios humildes de Quilmes –con plata que la Nación no envía– y recibió denuncias de adeudar salarios y mantener empleada a una cantidad de gente inviable, que rondaría los 5.000 trabajadores. También, dicen, hay tropa de la gestión anterior que pondría el grito en el cielo de ser despedida. Hay una serie de propuestas progresistas que se topan con una realidad de edificios en marcha, contaminación, inseguridad y obras públicas sin el suficiente respaldo. Puede exhibir la tolerancia, la restitución de la justicia y más transparencia.
El Concejo Deliberante le responde con una mayoría ajustada. Los movimientos de fichas dan un ARI que apoya a la gestión, y el camañismo y el gurzismo que confían en Gutiérrez como refactor del PJ local. Los ediles intermedios como Miranda o Turqui formaron el interbloque del “desempate” legislativo, junto a Carlos Posch y José Salustio. En la esquina opositora, el ex villordismo aparenta dividirse. El concejal Diego Iglesias abrió su propio bloque, conocido como PJ – Movimiento Productivo Argentino, lo que daría cuenta de un pie declarado del duhaldismo en Quilmes, por fuera de Camaño.
En los actos villordistas por Eva Duarte, el concejal Fernando Rizzi habría estado ausente, lo que se señala como otro alejamiento. Voces peronistas aseguran que otro importante concejal “nunca quiso al ex intendente”. Insisten con la figura de Aníbal como perdurable, hasta el punto de hacer negociar a quien quiera ganar el PJ.
Mientras tanto, surgieron denuncias de incumplimiento de sus tasas al ex intendente Villordo, quien “compadeció” ante Marcelo Bonelli por canal 13.
El “Barba” se encuentra en una posición de crecimiento político local y mayor peso gremial en un sindicato históricamente importante. Lo señalan como “la figura del consenso” en Quilmes. Entre tantos aplausos, tal vez convendría recordar que muchas sonrisas se alumbran con ayuda de los resultados electorales, además de las razones “ideológicas” o de “lectura política del momento”. La mirada más ingenua indica que, de haber triunfado Villordo en octubre, mucha gente no sería tan coincidente con el metalúrgico.
Poco atrás, el periodista Roberto Carrigall preguntó a los integrantes de la mesa de unidad del peronismo si no había chances de aliarse con Aníbal Fernández. Hubo sonrisas, como si el “no” fuera obvio. El reportero les recordó entonces que allí había personas que tuvieron no pocas cosas en común con el ministro de Justicia.
Hasta el marido de la Presidenta había dejado grabadas unas palabras donde anunciaba a Villordo –cuyo mandato algunos califican de “noche negra” autoritaria–, aproximadamente, como un hombre que encarnaba metodologías fundamentales para la Argentina que se venía. Inventivas que lo condujeron a la derrota.
La situación del peronismo es tan vertiginosa que a veces no da tiempo a apuntar los cambios y conversiones, como las de aquellos ex menemistas o “pejotistas” del aparato, que lucen una postura de liberación popular y nacional al estilo Cristina. De Menem a Rodolfo Walsh, un pasito.
Tener en cuenta la debilidad de los armados donde escasean las convicciones -prima el presupuesto y el carro ganador- tal vez sirva para ubicar a cada quién en su dimensión real. Así como Cristina debe haber advertido que no todos tienen su percepción “setentista” (y el Senado se lo confirma), gobiernos como el del “Barba” sabrán que muchos que hoy abrazan mañana pueden cambiar su “lectura del momento”. El triunfo junta pero el pasado, que siempre vuelve, no tanto.
A muchos les suena raro, y hasta fuera de moda, que un político pueda tener coherencia, pero que no la tenga explica muchos fracasos. El oficialismo nacional advirtió tarde que no servía convencer con la caja a quienes no creen en su programa. Y se dispersa por falta de consistencia –al mezclar a Julio Cobos, Aldo Rico, Carlos Kunkel-, o de objetivos claros. La mezcla aparenta fuerza, pero su debilidad ya está a la vista.
Y Gutiérrez está confiado en la suerte de Cristina. Si el peronismo descubriera que el kirchnerismo deja de redituarle, sería una mala noticia para el intendente de Quilmes, que no tiene historia propia en el partido. Proviene de un campo social que él identifica como “el peronismo de Evita”, con colegas de ruta como Luis Farinello. La concejal oficialista Luján Dubroca formó una nueva Corriente Esencial Justicialista que iría en esa línea “pura” en lo local. “Mis convicciones y las de mi grupo son claras, y hay cosas que no se mezclan”, asegura Dubroca, distante del anibalismo.
El “Barba” ganó Quilmes mientras el gobierno daba más apoyo a sus rivales que a él. Hoy marcha a paso seguro con las alianzas conseguidas, y aspira a que Cristina reemplace más ministros para “profundizar el cambio”. También pide a Scioli que cambie a las autoridades del hospital provincial, acusadas de “desatención”.
La inseguridad también preocupa en Quilmes y continúan los foros con los vecinos de los barrios y las autoridades. La pobreza, sería superficial decir que “cambió”. Puede haber voluntad de contención, pero estructuralmente depende del peronismo que manda. Y desde allí disfrazan una inflación que golpea con violencia al bolsillo del que menos tiene, o un “empleo” que es totalmente precario. El estado protector no puede ser “negrero”. Quilmes, parte del conurbano pobre, es otro distrito necesitado de más y mejor reparto y atención.

