La Vicepresidenta tenía depositada en el gobernador expectativas hacia el futuro. La derrota y la intervención del Gabinete bonaerense abren incertidumbres.
El gobernador Axel Kicillof y la vicepresidenta, Cristina Kirchner, no atraviesan el mejor momento en su relación. Y es que luego de la derrota del pasado 12 de septiembre, las tensiones y los pases de factura comenzaron a quedar expuestos.
Los gestos más significativos fueron los movimientos en el Gabinete bonaerense. Cristina, tanto en la Nación como en la provincia tuvo claro su norte: el repliegue sobre el peronismo territorial ante la necesidad de dar vuelta el resultado, pero sobre todo pensando en los dos años venideros. Es por eso, que mientras en Nación se convocó a Juan Manzur, en el staff bonaerense se incorporaron a varios intendentes, aunque los más destacados son Martín Insaurralde, y Leonardo Nardini, representantes de la tercera y primera sección respectivamente.
El duro golpe de las PASO, y la repetición eventual en noviembre abre un gran signo de interrogación entre el vínculo de CFK y Kicillof. La expresidenta la imaginaba como un eventual sucesor, y hasta había disputas y recelos con Máximo Kirchner, que lidera La Cámpora. Sin posibilidad de hacer pie en el principal bastión del peronismo, la estrella de Axel se diluye.
Al propio fuego del kirchnerismo que le intervino el Gabinete, se le suma el de los intendentes del peronismo clásico, que ven cómo se diluye su poder territorial a la espera de definiciones por las reelecciones, y con una economía que exhibe mejoras acompañada por el recalentamiento de los precios.
Un factor clave en la decisión en la decisión de recambio fue el retraso en las obras. La gran mayoría de los municipios necesitan de los fondos de provincias, para poder exhibir gestión y ganar fortaleza en sus territorios. La provincia no venía ejecutando a buen ritmo los fondos presupuestados con obra.
Si bien el escenario es distinto y las críticas no fueran vía carta, de alguna manera Cristina realizó a Kicillof, el mismo señalamiento que a Martín Guzmán: que acelere la ejecución presupuestaria para dinamizar el movimiento económico.
En ese escenario, Kicillof quedó en la mira objetado tanto por el ala kirchnerista, como por los jefes territoriales.
El comando de campaña dispuesto por Kicillof, decidió apuntar el segundo tramo de la campaña sobre encuentros de “cercanía”, muchos impronta territorial, desenganche de la gestión nacional de Alberto Fernández, y especial hincapié en la primera sección y en la séptima, en donde el FdT puede sumar senadores, para de esa manera equilibrar la ecuación en el Senado bonaerense.
