Con viento a favor por la llegada de la vacuna y la baja del dólar, se espera un fin de año más tranquilo en la Casa Rosada que todos estos meses de un 2020 para el olvido. La expectativa por la posible sanción de la Ley de despenalización del aborto también suma.
Por Eduardo Vitali
Factores externos e internos ayudaron a que el Gobierno vea la luz al final del túnel: baja del dólar blue, descenso de casos, anuncio de vacunas, fallo de la Corte y diálogo con el empresariado y el FMI son algunos de los elementos que configuraron el optimismo que existe en los pasillos de la Casa Rosada.
Esta mañana conversé largamente con el presidente de Rusia, Vladimir Putin, sobre los avances de la vacuna Sputnik V y otros temas de nuestro vínculo bilateral.
Estamos convencidos de que la salida de la pandemia debe tener a la solidaridad global como eje rector. pic.twitter.com/6V43JnJofp
— Alberto Fernández (@alferdez) November 6, 2020
Hubo un punto de inflexión. Es difícil saber a ciencia cierta si tuvo correlación o no. Pero, en concreto, desde ese momento el viento comenzó a soplar a favor: la carta de Cristina Kirchner.
Conclusión abierta sobre la importancia de esa misiva. Lo cierto es que Alberto Fernández retomó la agenda y saborea un fin de año tranquilo. La abrupta caída en la curva de contagios y el dólar; el anuncio de vacunas e índices económicos que muestran una leve recuperación, dieron al Presidente y a su gabinete luz verde para que comience su gestión. Esa gestión que prometió a su electorado pero se vio obstaculizada por la pandemia.
La confirmación de que se enviará la ley de despenalización del aborto es un claro ejemplo. Diversos sectores feministas que acompañaron la candidatura de Alberto Fernández comenzaron a movilizarse para reclamarle al jefe de Estado que cumpla con su promesa de campaña.
El Presidente cedió: La secretaria Legal y Técnica, Vilma Ibarra, confirmó que se enviará al Congreso el proyecto de legalización del aborto en las próximas semanas. El Gobierno recuperó la agenda.
CUCHILLO DE DOBLE FILO
La tranquilidad cambiaria que consiguió Martín Guzmán tiene un costo económico y político. Para bajar las cotizaciones de mercados paralelos el Gobierno viene interviniendo, fuertemente, con la venta de bonos a tasa muy elevadas. Para el buen clima que se vive en el establishment empresarial el ministro de Economía ensaya una palabra prohibida para una gestión peronista: ajuste.
La sostenibilidad de la deuda pública debe ser política de Estado. Por eso, enviamos al Congreso un proyecto de Ley que define reglas para proteger a la Argentina de los procesos de sobre-endeudamiento en moneda extranjera. Procesos que socavan las oportunidades de desarrollo. pic.twitter.com/oo3Ew3K9G6
— Martín Guzmán (@Martin_M_Guzman) November 11, 2020
Misión del FMI de por medio, Guzmán utiliza un arma de doble filo para seducir a los empresarios y los mercados, como así también a su electorado. Paradójicamente, en los últimos días el tejido popular le hizo saber que se le fue la mano con las sonrisas a Kristalina Georgieva, la titular del Fondo.
La fórmula de movilidad previsional que el ejecutivo mandó al Congreso parece ser más un mensaje político hacia la misión del FMI que una solución para que los jubilados recuperen el poder adquisitivo que pulverizó Macri y la pandemia. Al menos así se lo hicieron sentir los “gordos” de la CGT.
Camino sinuoso para Guzmán. La sábana corta del país achica el sendero de la tranquilidad hacia los mercados y el descontento social.
