Desde el comienzo del aislamiento social, la práctica de la interrupción del embarazo se ve obstaculizada por las dificultades de circulación, la falta de recursos producto de la crisis económica y por el mismo sistema de salud y sus profesionales. ¿Cómo seguir accediendo a abortos seguros en tiempos de pandemia y cuarentena?
Por Camila Vallendor
Ya lo sabemos hace rato: Nadie se salva solx. La solidaridad en este contexto de emergencia sanitaria nos habla de una salida colectiva. Porque tejer redes y pensar en conjunto se convierten socialmente en un modo de ser y hacer directamente ligado a la supervivencia y a la construcción de dinámicas para vislumbrar un futuro más allá de la pandemia.
El tiempo a veces parece estar detenido, sin embargo, nuestras vidas continúan a pesar del encierro. Y, al igual que siempre, si una persona que transita un embarazo no deseado, toma la decisión de abortar, ese aborto sucederá. Con el Estado o sin él. A pesar de la cuarentena y de las limitaciones para circular. Y aún cuando el entorno cercano conozca o no esa situación.
Desde el comienzo del aislamiento social, preventivo y obligatorio, la interrupción del embarazo es nombrada por organismos nacionales y provinciales como un derecho y un servicio esencial que continúa siendo prioridad. No obstante, en la práctica resulta fácilmente obstaculizado, por las dificultades de circulación, por la falta de recursos producto de la crisis económica y por el mismo sistema de salud y sus profesionales.
¿Cómo no desesperar entonces? ¿Cómo no considerar opciones de aborto inseguras? ¿Cómo creer que hay otra salida? Existe, y es tejiendo alianzas, encontrándonos ahí donde se hace cuerpo el verbo acompañar, ahí donde politizamos el valor de lo colectivo. Ante el desamparo del Estado, la forma de resistencia y la respuesta política concreta son, desde mucho antes de la pandemia, las articulaciones y el acompañamiento en red. Hoy, igual que siempre, desde el activismo feminista se facilita el acceso a abortos cuidados y seguros, aunque los modos de vivir lo colectivo cambien drásticamente de forma. Hoy, más que nunca, esas redes están presentes, para no abandonar a nadie que necesite abortar.

Socorristas en Red* es una articulación de 54 colectivas feministas de todo el país. Entre 2014 y 2019, 38.116 mujeres recibieron información sobre usos seguros de medicación para abortar. De ese total, se acompañó en sus procesos de aborto con medicación al 83,8%; es decir, a 31.936 mujeres. Asimismo, también se ha derivado y acompañado a 1.508 mujeres a diversos sistemas de salud.
Las Revueltas CABA-GBA activan el socorrismo en la ciudad de Buenos Aires y el conurbano desde 2018. ¿Cómo abarcan un territorio tan extenso y diverso? La respuesta es clara: con organización feminista y activismo comprometido. En tiempos de pandemia, siguen acompañando.**
“La verdad que el caudal de llamados aumentó, la angustia también. Nuestro papel empezó a ser cada vez más de contener y de sostener”, cuenta Evelyn, integrante de Las Revueltas, que vive y activa en la zona oeste del conurbano. “Ahora no solamente es el miedo a qué me puede pasar si aborto, sino que es el miedo a qué me puede pasar si aborto y necesito una guardia, y tengo que ir a un centro de salud donde puede haber coronavirus”.
En Argentina, se puede solicitar una interrupción legal del embarazo (ILE) por dos causales: violación y salud. La salud contiene la dimensión física, emocional-mental y social. Por lo tanto, no se requiere la constatación de una enfermedad para acceder a la interrupción, sino solo la existencia de un posible daño para su bienestar integral. “Es un derecho y es un derecho que aún sigue vigente en pandemia”, afirma la activista. “Estamos exigiendo que se realicen las ILE que se tienen que realizar, que se garanticen los métodos anticonceptivos, tratamos de meter presión para que no se burocratice el aborto, porque las hacen ir y venir, y no es una situación donde una pueda ir y venir tantas veces, estar en la calle”. En este contexto, las articulaciones cobran otra dimensión, “las redes que supimos construir con los sistemas de salud, con los centros de salud más amigables, la verdad que en este momento están siendo fundamentales”.
“El encierro también implica que muchas están encerradas con sus parejas violentas, con sus agresores, incluso con sus familias con las que no pueden contar o con un chabón que no las está bancando, que no las está acompañando, esas mujeres son el caso más extremo de esta situación”, agrega Evelyn. La labor socorrista sostiene y se vuelve clave: “Estamos teniendo en cuenta que la angustia es mayor, así que necesitan que nuestra voz del otro lado esté más rápida, más precisa, y sosteniendo, dando seguridad y tranquilidad, y toda la información que necesitan para poder acceder a un aborto seguro, garantizar eso: que van a poder acceder a un aborto seguro, como sea. Estuvimos elaborando un montón de herramientas, pero se modificó todo, la pandemia nos modificó y creo que también nos hizo dar cuenta que aunque nos cambió, nosotras igual vamos a seguir generando estrategias para que los abortos acompañados y cuidados sucedan”.
De eso se trata. Hilvanar formas de seguir acompañando. Continuar tejiendo el acceso a los abortos cuidados. Trenzar en colectivo la certeza de que a la clandestinidad no volvemos más.
La pandemia nos modificó a todxs. Pero otras maneras de habitar el mundo, ya se venían entramando hace tiempo. Aunque en épocas de incertidumbre haya que reinventar una y otra vez los modos, es la red de cuidados la que sostiene el salto al vacío.
Fotografía: Verónica Orejas
** Para contactarse con Las Revueltas CABA-GBA, se las puede buscar en facebook (Revueltas Socorristas Buenos Aires) o en instagram (revueltassocorristasba)
