La maquinaria republicana comenzó una furiosa campaña negativa contra el candidato demócrata. Las notables transformaciones que está viviendo la sociedad norteamericana y que encarna Obama le suman un dramatismo inédito a las presidenciales de Estados Unidos.
Por Silvia Mercado, desde Nueva York
No sólo el calor es agobiante en todos los Estados Unidos. También los intentos de los republicanos por poner a Barack Obama contra las cuerdas. Ante la victoria casi segura del senador por Illinois en las presidenciales de noviembre, John McCain aceptó la oferta de los dinosaurios de su partido por cambiar el jefe de campaña e iniciar –otra vez- una campaña negativa que empezó cuestionando la capacidad de líder global del demócrata y siguió con la chicana de “race card” (literal, “tarjeta de raza” negra, claro) para llevar al negativo el esfuerzo de generaciones de los Obama, desde Kenya hasta Chicago, por hacer las cosas bien en la vida y alcanzar el verdadero sueño americano.
Es increíble ver de qué modo el poder resiste los cambios y es capaz de llevar a toda una nación al acabóse. La maquinaria republicana ya forzó una elección, cuando George W. Bush le ganó con trampa al líder ambientalista Al Gore. Recuperó legitimidad cuando Al Qaeda atacó las Twin Towers. Consolidó su poder llevando al mundo a una nueva guerra global carente de todo sentido, que destrozó los esfuerzos de diálogos entre culturas y obligó al mundo a tomar partido. Y coronó su delirio intentando negar la realidad que acontecía fronteras adentro del territorio, llevando al sistema financiero internacional al borde del colapso.
El equipo de campaña de Obama tuvo que salir a explicar por qué no ingresó a la Escuela de Derecho de Harvard con el cupo negro, y si eso quiere decir que está en contra la discriminación positiva, política básica de los demócratas más liberales en su respaldo a los sectores menos favorecidos. Así, se crea la paradoja por la cual, quien siempre fue un “liberal” tiene que dar explicaciones de por qué no se acogió a los beneficios de los más desprotegidos, cuando en verdad, la mayoría de los norteamericanos no avala la discriminación positiva, por considerarla contraria al esfuerzo y al mérito. Es decir: lo que debería ser un beneficio para la imagen del candidato entre los sectores más conservadores, la campaña republicana logró ponerlo en contra.
Francamente, quienes trabajan contra Obama deberían tener vergüenza. El afroamericano de madre blanca y padre negro es un caso paradigmático de formación intelectual, carisma y calidez, que permite soñar con que el mundo tiene sentido y que la raza humana aún puede enorgullecernos. Logró que los jóvenes volvieran a movilizarse, su campaña tiene más fondos que ninguna porque está hecha con pequeñas donaciones, colocó a la política en primer lugar, hizo creer a miles que “sí, se puede cambiar”, despertó el interés de ciudadanas y ciudadanos de todos los países que están a la espera de un nuevo liderazgo norteamericano, que lleve al mundo a los mejores escenarios posibles, del diálogo, de la convivencia, del respeto a los derechos humanos, y no a los peores.
SPIN DOCTOR
A veces parece que la vida real no es como las películas, y que son los malos los que ganan siempre. Sin ir más lejos, eso es lo que hizo creer aquí Karl Rove, el poderosísimo “spin doctor” –asesores personales de estrategia- del poderosísimo George W. Forzó unas primarias en Iowa por escasísimo margen a favor del más tonto de los Bush, y fue construyendo una imagen en la opinión pública que logró colocarlo como candidato ganador. Forzó unas elecciones nacionales con una dudosa elección en el estado de Florida, y fue convenciendo a los sectores conservadores que era imprescindible una candidato conservador y también lo logró. Gobernó durante años forzando elecciones en el Senado, en Diputados, en todos los estados donde metió mano. Forzó guerras. Forzó torturas. Nunca le interesó la verdad, sino la victoria, a cualquier costo.
Un día llegó el huracán Katrine, que es como decir la más pura realidad. La televisión no se podía controlar como en una guerra, y lo que decían los habitantes de la zona desvastada a los medios se entendía perfectamente, porque hablaban inglés. Gobernaba New Orleans la demócrata Kathleen Blanco. La estrategia era cantada. Toda la culpa la tendría ella: mujer, descendiente de hispanos, sensible con la pobreza, demócrata. Puaj.
Fue el comienzo del fin de Rove. Y también de Bush. Tras Kratine, se impusieron otras realidades y otras verdades. El presidente de los Estados Unidos quedó al desnudo. Y así fue que apareció Barack Obama, intentando redimir la historia reciente.
Es temprano todavía para saber si lo logrará. El mundo vive momentos dramáticos, por cierto. Pero también hay signos rarísimos por aquí. Déjenme que cuente uno. Tomar Coca Cola en los Estados Unidos es casi tan raro como fumar en estos tiempos. Y los hábitos alimentarios están drásticamente cambiados. Masivamente se miden grasas y calorías y se toman bebidas con vitaminas y minerales.
Las grandes transformaciones ya no vienen de revoluciones sino de cambios estructurales en las conductas de las sociedades. Particularmente esta, busca desesperadamente y en forma masiva, mejorar la calidad de los alimentos, de la salud y del ambiente. La agenda de los republicanos atrasa. Qué quieren que les diga. Para mí, gana Obama. No lo dicen los medios, ni tampoco las encuestas. Se huele en el aire.
