Diferencias entre Solanas y Sabbatella por las retenciones. El cineasta pidió tomar distancia del Gobierno. Pero varios aceptaron el acuerdo.
En su apogeo, un kirchnerismo arrollador consiguió dividir a fuerzas históricas tales como el sindicalismo, el radicalismo y hasta al propio peronismo. Ayer sumó otra víctima: aún cuando viene de una dura derrota legislativa, el Gobierno abrió un tajo profundo en la centroizquierda. Deliberado o no, fue un efecto inmediato de la negociación con ese espacio político para sumarlo al proyecto de prórroga de las retenciones en Diputados.
Con mínimas concesiones al proyecto original para arrimar posiciones, el bloque oficialista provocó un desmadre entre los 16 integrantes del conglomerado de centroizquierda. Así, más temprano de lo esperado, quedaron expuestas en carne viva las divergencias entre Pino Solanas y con Martín Sabbatella, los emergentes de las franjas progresistas surgidos de los comicios del 28 de junio.
Sabbatella, intendente de Morón y diputado electo por la provincia de Buenos Aires, emitió un comunicado de respaldo al proyecto sobre facultades delegadas consensuado con el oficialismo antes de que comience la sesión. El mensaje se tradujo en el quórum que prestaron varios miembros del espacio (Vilma Ibarra y Ariel Basteiro, entre otros) y el voto positivo que ofrendaron unos cuantos más, como Victoria Donda y Cecilia Marchán, de Libres del Sur.
Por la noche, en pleno y acalorado debate, el cineasta y diputado electo por la Capital apareció de repente en el Salón de los Pasos Perdidos. Solanas enfiló sin escalas hacia las cámaras de TV y con su tono vehemente dejó en claro que le espanta quedar pegado al Gobierno, pese a los insistentes intentos por atraerlo, tal como la propia Cristina lo hizo público al día siguiente de su segundo puesto detrás del macrismo.
"Basta de Pacto de Olivos", bramó. "Esta es la continuidad de la política de Menem y hay que tirar abajo esta escalera de las facultades delegadas", alegó, en relación al proyecto que sus soldados venían negociando. Además aseguró que no concurrirá al diálogo político en la Rosada. "Pedimos las renuncias de Moreno y De Vido y no se concretaron. Así no podemos acordar con el Gobierno", dijo.
Después se encerró con los diputados afines, Claudio Lozano (parte de Proyecto Sur), Eduardo Macaluse (jefe del bloque SI) y Verónica Benas, ex arista de Santa Fe. Quiso convencerlos de votar "no", junto a la oposición. Pero lo convencieron a él de que mejor era abstenerse, como lo hizo una fracción del espacio para enarbolar la imagen de la "tercera posición". Es decir, ni con el oficialismo ni con las posturas del Acuerdo Cívico y PRO. "Estamos contra la reconstrucción del bipartidismo", repite Lozano. "La política no es Boca o River", dice Macaluse.
El jefe del SI tuvo un golpe extra: por jugar con Pino, su principal socio, Carlos Raimundi, terminó del lado de Sabbatella y votó por primera vez de modo diferente.
"Hay que reconocer lo bueno del Gobierno", dicen cerca del intendente. "Es el kirchnerismo el que alimenta la derecha", contestan desde el pinismo.
