Al usar determinados conceptos se debe ser preciso con el fin de no caer en anacronismos, para evitarlos es necesario un análisis desde la disciplina histórica con el fin de entender la relación de determinadas doctrinas con los sucesivos Estados, Regímenes y Gobiernos.
Virginia Luna, dirigente del partido UNIR.
El caso del liberalismo es inmanente a la consolidación del capitalismo, a través de la formación del Estado moderno y con el ascenso de la mesocracia durante el siglo XVII luego de enfrentarse con el absolutismo monárquico.
El fortalecimiento de este esquema se produjo a partir de la expansión comercial en altamar, la producción de manufactura y los progresos tecnológicos tanto materiales como intelectuales desplegados por los hombres de la época. En estos avances fue fundamental la alianza entre los comerciantes y la aristocracia nobiliaria. Las actas de navegación de 1651 otorgadas a las compañías comerciales dan cuenta de la importancia de la expansión marítima para la riqueza nacional, la política en alianza con el sector más activo de la economía consiguieron así un desarrollo que sería el inicio o “take off” del capitalismo inglés, posteriormente global. De esa manera, el Estado fue un instrumento necesario para el desarrollo mercantil e industrial.
Algunas medidas tomadas fueron el aumento de los impuestos a los productos importados, y la promoción de una marina mercante y pesquera mediante la cual eran transportados los productos desde su punto de origen a Inglaterra y
viceversa.
En este contexto de desarrollo comercial se produce la Revolución “Gloriosa” de 1688, cuestionando el poder del rey por encima de la sociedad civil. A esta figura se contrapuso uno de los primeros pensadores liberales, en materia política, John Locke (1632-1704), que desarrolló su corpus teórico oponiéndose al absolutismo monárquico e incorporando la figura parlamentaria como la mejor forma de organización jurídico-política: “El motivo que impulsa a los hombres a entrar en sociedad es la salvaguarda de su propio bien, y la finalidad que persiguen al elegir e instituir un cuerpo legislativo es el establecimiento de leyes y reglas para guardar y proteger los bienes de todos los miembros de la sociedad, para limitar el poder y atemperar la autoridad de cada uno de sus grupos y de cada uno de sus miembros”.
Locke se opone a las tesis de Hobbes de la necesidad de un estado absolutista y, adelantado a su tiempo, clarifica la posición para formar un contrato social mediante el cual se cambia del estado de naturaleza al estado civil con el consentimiento de los hombres para ser gobernados con representación parlamentaria, de esa manera, bajo el lema “donde no hay propiedad no hay justicia” también certifica la aparición del estado moderno como medio necesario para garantizar el derecho a la propiedad privada mediante seguridad y justicia.
El desarrollo del capitalismo de los siglos XVII-XVIII articula las nuevas formas de organización estatal, la importancia de la riqueza nacional y el sector social pujante que marca el camino a través del comercio y la producción de manufacturas, conectando los puntos en el globo y transformando el mercado interior europeo en un mercado a nivel mundial.
La conformación de los estados nacionales europeos se produjo durante el siglo XIX, en plena competencia y como adversarios políticos y económicos, con recelo y queriendo superar en riqueza al otro país. Así se desarrollaron las ideas y sentimientos por la nación. El concepto de “nacionalismo” significó el amor por la patria o por el lugar de origen de cada uno, sería una falacia interpretar que todo nacionalismo se expresa de forma violenta ya que fueron esas ideas rectoras las que organizaron el Estado-Nación y las que se expandieron hacia fines del siglo XIX, en consonancia con una mayor expansión capitalista.
Al mismo tiempo, se torna necesario destacar los aportes jurídicos hechos por Friedrich August von Hayek (1899-1992) sobre el concepto de Estado de Derecho en una de sus máximas obras “Camino de Servidumbre”, específicamente en el capítulo VI: “…el Estado está sometido en todas sus acciones a normas fijas y conocidas de
antemano; normas que permiten a cada uno prever con suficiente certidumbre cómo usará la autoridad en cada circunstancia sus poderes coercitivos, y disponer los propios asuntos individuales sobre la base de este conocimiento.”
Hayek consagra la necesidad de un estado que pueda y deba garantizar el ejercicio de derechos fundamentales, las reglas del juego. La inexistencia de ellas sería la del estado, estos postulados comunes en las distintas corrientes anárquicas, no son más que la expresión estéril de una sociedad en la que no existiría la justicia, por lo tanto la posibilidad de garantizar el ejercicio y desarrollo continuo del capitalismo mediante la propiedad privada.
Nacionalismo y liberalismo son la expresión de crecimiento del capitalismo, desde esta época fueron aliados que se desarrollaron en conjunto. Iniciado el siglo XX, a partir de los Gobiernos del Partido Liberal Inglés de Campbell-Bannerman, Asquith y Lloyd George desde el Ministerio de Hacienda (1906), se generaron una serie de reformas progresivas tendientes a afrontar crisis políticas y económicas que resultaron exitosas.
En el caso argentino se puede ver esta experiencia liberal desde la teoría política de la generación del ´37 y su proyecto de país con el objetivo final del desarrollo capitalista.
Próceres como Sarmiento, Alberdi o Fragueiro hermanaron aquí el proyecto de construcción de la nación con el desarrollo económico que se ve reflejado posteriormente con la generación del ´80 a partir de la presidencia de Roca.
Hasta el día de hoy vemos la articulación entre estas ideas y la acción política como en el gobierno de Donald Trump –liberal conservador paradigmático si los hay- en Estados Unidos, donde el éxito económico y social se mide en crecimiento semana tras semana.
Salvando todas las distancias con los proyectos antaño colonialistas, hoy la apuesta es tomar la tradición de esta línea histórica y hacerla realidad en forma de coalición política. Como un país en vías de integrarse al mundo que, lejos de plantar muros pretende construir puentes, en la Argentina del siglo XXI las experiencias dejan claro que la victoria y el éxito se logran mediante la síntesis de Nación y Libertad.
