Por Fab Spina
Un gran escritor solía criticar con dureza a aquellos que no utilizan su lenguaje cotidiano para escribir, y que se remiten a expresar su literatura en léxicos complejizados y encriptados, que incluso ni siquiera ellos mismos manejan con naturalidad.
Borges los acusaba de «decirlo difícil porque en realidad no tienen mucho para decir». Varias veces que he escuchado a Gustavo Alfaro declarar en conferencia de prensa, me acuerdo de Jorge Luis.
No voy a decir que me gustan los técnicos con lenguajes de barra brava, porque de verdad hay muchos que dan vergüenza ajena, tipos que cargan más de 40 ó 50 veranos, y que para estar allí minimamente tuvieron la chance de estudiar -al menos eso indica su carnet habilitante- deberían ser un poco más cuidadosos con su dieta, y no andar por la vida pública comiendose tantas S.
La aclaración vale también para la clase dirigente, sobretodo si caminamos los pasillos del club de la Rivera, o de los altos mandos de la Superliga, o de los tribunales de la Ciudad de Buenos Aires, o de los asados entre amigos con el presidente de la nación.
Pero el caso de Alfaro camina por la vereda opuesta, o sea, peca de exagerada y un tanto pretenciosa, su necesidad de elegancia redundante y desbordante de sinónimos innecesarios, que por redundante e innecesaria terminan quitando aquella deseada elegancia del decir.
En todo caso en la vieja discusión entre Platón y Aristóteles, sobre forma y contenido, podríamos quedarnos con el perfil platónico y decir que las formas en que Gustavo Alfaro arma sus oraciones en las conferencias de prensa son irrelevantes frente a lo importante: el contenido de lo que dice.
Pero es allí cuando, en este febrero caluroso e inestable, nos encontramos con el primer tropezón de su gestión al mando del cuerpo técnico boquense. Es decir, a pesar de que Gustavo adorne con filete abundante la explicación de por qué Mauro Zárate reemplaza a Tévez en el equipo titular para enfrentar al Belgrano en Córdoba, lo que salta a la vista es el contenido.
Al llegar a su cargo casi la primera afirmación que le escuchamos a Gustavo fue decir que Tévez volvería a calzarse la 10, y sería el capitán y el estandarte del equipo, porque el equipo necesitaba de él. En apenas dos fechas, (2), Tévez ya es suplente.
¿Se apresuró Alfaro en aquellas declaraciones? ¿darle chances a Carlitos fue un requisito entre líneas a pedido de la dirigencia? ¿Alfaro creía en Tévez pero apenas un mes de trabajo le dió muestra de que estaba equivocado?
Son preguntas al aire, o al cielo, o al viento, o reflexiones, o ideas, o planteamientos a dilucidar, por el mismo Alfaro mientras urga en su lenguaje circular. Y por nosotros, o por mí, mientras digo lo mismo de 50 formas distintas, pero en realidad no estoy diciendo nada.
