No comenzaron las obras en el barrio, anunciadas hace un mes y medio. En pleno conflicto del campo, el “barba” Gutiérrez pidió por el diálogo y fue a la Plaza de Mayo.
Por Ariel Kocik
El intendente de Quilmes, hace dos meses, presentó un plan de casas en la villa los Eucaliptos. Sería el primer barrio urbanizado. El obrador todavía no está. El lugar es una “meca” del paco, y de prostitución pública.
El municipio había “destrabado” un envío de fondos de la Nación para el proyecto. “Mañana se instala el obrador”, se dijo. El tiempo pasó. El conflicto con el campo ocupó el primer lugar, y otras cosas quedaron a un costado.
Esta semana, el “barba” Gutiérrez se pronunció a favor del diálogo para resolver el conflicto del campo (aunque fuera básico, ya que ningún político democrático debería estar en contra, fue un mensaje destacado), y sugirió dudas respecto al acto convocado en Plaza de Mayo, para “defender la democracia”.
Después de tres meses, la Presidente envió al Congreso la resolución ministerial detonadora del conflicto con el sector agrario. El oficialismo dice que el Ejecutivo puede expedirse en materia tributaria, apoyado en el Código Aduanero de la dictadura, pero la Constitución de 1994 avanzó en sentido contrario: lo debe hacer el Congreso.
LOS INTENDENTES Y EL PODER
Gutiérrez, Curto y otros intendentes fueron a la Plaza. El faltazo fue sonoro en algunos casos, como en el del gobernador Das Neves de Chubut.
Una explicación oficial fue que las retenciones “serán para hospitales”, entre otros destinos nobles. Cristina sirvió en bandeja la pregunta opositora: ¿y para qué pensaban usarlas antes?
En el caso de Quilmes, no parece prudente hacer cantos a la justicia social, hasta que no se cumplan las obras ya previstas. Porque, vale preguntarse, si en los distritos oficialistas los fondos pueden hacerse desear, ¿qué queda para el resto?
No puede decirse que Quilmes o Florencio Varela no necesiten la plata, porque figuran entre los pueblos más necesitados del país, y es fácil recordarlos, ya que están cerca de la capital, a diferencia de ciudades como Necochea.
Se supone que el municipio tiene la buena intención de hacer las obras (en los Eucaliptos y en el Monte), y depende de ellas. Y demostró cierta preocupación institucional. Pero puede quedar mal parado ante sus vecinos. Si se quiere afirmar la institucionalidad, ¿no sería bueno discutir democráticamente, desde la federación de municipios, lo que a muchos no les gusta del gobierno?
Las críticas desde adentro, como las que recibió Cristina esta semana, fortalecen al gobierno y ayudan al justicialismo. Jugó a favor recordar el Congreso, y es probable que haya influido el llamado de atención interno. El sí automático, en cambio, lo hace poco creíble. Dispara recuerdos de otros “sí” comunales, de tono duhaldista o menemista. No es el caso del intendente de Quilmes, que tiene una trayectoria, en parte, opuesta a la de otros jefes de distrito.
No parece momento para echar leña al fuego, cuando hay esfuerzos nobles por mantener la calma y buscar canales para el diálogo en medio de llamados a la violencia, pero si el oficialismo llama “tibios” o traidores a quienes ejercen una autonomía básica, ¿los intendentes deberán responderle siempre? ¿a qué costo? Es probable que alguno de ellos recuerde que muchos cortadores de ruta son peronistas a quienes Perón cedió tierras.
¿Qué sentido tiene llamarlos “gorilas”? Una responsabilidad, además, es acordarse de los distritos menos favorecidos, ya que la provincia no se termina en Avellaneda, y la justicia social no puede ser selectiva.
En los años 80, Cafiero encabezó una autocrítica que fortaleció al justicialismo, asumiendo culpas y errores. Tener miedo a enfrentar la realidad, en cambio, le quita apoyos y coherencia, a la corta o a la larga.
En el caso de Quilmes, continúa el paco y la pobreza, mientras en un costoso acto se hablaba de justicia social. Las obras, hasta ahora, no llegan.

