Existen para mi modo de entender, por lo menos dos lecturas para tratar de interpretar el resultado del día domingo 13 de agosto de 2017 en las elecciones PASO.
Por Ramón Gómez, concejal peronista y militante metalúrgico UOM San Martín
La primera interpretación es la que proclama el gobierno. Un “triunfo” de casi el treinta y cinco por ciento del electorado, que configura el apoyo a su propuesta y el convencimiento de que la mayoría está por el cambio y percibe correctas las políticas de la actual Administración Nacional.
La segunda interpretación, defendida por el resto de los participantes de la elección, exclama que el mensaje que dejó la PASO no es otro que la advertencia de que casi un sesenta y cinco por ciento del electorado, se opuso al actual gobierno y votó en contra de las propuestas de “Cambio” que el gobierno de Macri define y defiende.
Dos interpretaciones. Dos maneras de ver la realidad. Usted ya sabe, el vaso medio lleno o medio vacío.
Sin embargo, me parece, no sé si usted estará de acuerdo, que estamos sufriendo cosas que superan con creces la coyuntura electoral, porque más allá de toda cuestión interpretativa, existe la problemática del Proyecto de país que estamos configurando los argentinos, para nosotros y para nuestros hijos.
Una elección democrática define mucho más que el interés o la satisfacción de obtener que un personaje u otro ingresen en el poder de decisión política. Tampoco creo en realidad que la elección deba dirimir algún problema de tipo personal con alguna figura, sino específicamente, debe reflexionar respecto de lo que vamos a hacer con el destino de la Nación.
Si tomamos el voto como la reacción del gusto o disgusto hacia algún candidato, me parece que perdemos el hilo conductor y el objetivo de la herramienta eleccionaria.
La verdad es que mucha gente votó a Cambiemos. Representantes de distintas extracciones sociales que configuran seguramente intereses muy diversos. Sin embargo, si usted me permite, un treinta y cinco por ciento de apoyo del electorado, no me parece suficiente para que ninguna administración presuponga que con sus decisiones pueda modificar la vida de las grandes mayorías, y mucho menos si esas decisiones perjudican la vida cotidiana de esas mayorías.
Lo que está sucediendo más bien, es que el sesenta y cinco por ciento que podríamos definir como oposición, todavía no ha legitimado alguna conducción alrededor de la cual se consolide el liderazgo.
Dentro de esta consideración incluyo a toda la sociedad civil, también a los trabajadores.
Sin embargo, ese Movimiento Obrero que es mucho más que la CGT, institucionalmente hablando, el hombre y la mujer comunes que transitan la Patria, la edifican, la sufren y gozan, quiere el cambio que no llega, el cambio prometido. No pueden esperar más por las promesas incumplidas. Padecen todos los días ante los cierres de fábricas y las caídas de puestos de trabajo. Se mortifican por los aumentos desmedidos de tarifas en los servicios y en el costo de vida. Son azotados permanentemente por la falta de protección sanitaria, por el debilitamiento orquestado de las Obras Sociales y por los incrementos en los medicamentos. Ahora, a todo lo que viene sucediendo, se le suman los acontecimientos de represión estatal, desaparición forzada y actitudes antidemocráticas contra la oposición.
En fin. A los trabajadores les urge un verdadero cambio.
Las promesas realizadas por el actual gobierno hace más de dos años en la campaña electoral están cada vez más lejanas. Existe un destrato en el discurso oficial y una falta de sensibilidad, que demuestran por un lado la escasa información que recogen de la sociedad en su conjunto y por el otro la nula respuesta que le otorgan al conocimiento de las necesidades del pueblo. Las más de las veces pareciera que desde el Poder se expresan, balbuceantes, con tímidos y débiles discursos, que escuchan desde el llano millones de argentinos, a quienes piensan que nos diera lo mismo lo que nos trasmitan, o bien parece que un pequeño sector de la sociedad, gobernante, nos tratara de incapaces de razonamiento a todos quienes votamos el cambio que no llegó, y que en realidad nos destroza la vida, para mejorar solamente la de ellos.
Pero esto sólo me parece. La única verdad es la realidad, y actualmente, la realidad que se trasunta y se vive, aún está muy lejos de parecerse a ese sueño de “Cambio” prometedor que habíamos escuchado.
Yo sé bien que el pueblo trabajador está desconcertado.
Sé muy bien que varios golpes sucesivos son capaces de nublar la vista y las entendederas. Pero de una cosa estoy seguro, cuando el caído se incorpora y recupera su capacidad de reacción, puede hacer tronar el escarmiento
