En una elección que era más peleada para la sociedad politizada que para la mayoría de los argentinos, el discurso de cambio vs continuidad le ganó al de democracia vs fascismo. Massa hizo la mejor elección posible dentro de una lógica que le era adversa como actual Ministro de Economía: Que el votante saca su DNI de su billetera antes de entrar al cuarto oscuro.
Por Gian Campora.
El domingo 19 de noviembre del 2023 pasará a la historia como el día que la Argentina eligió a su primer Presidente libertario, Javier Milei. Pero su rival fue Sergio Massa, un candidato que tenía altas chances de vencer, ¿o no?
Un Ministro de Economía como candidato de un gobierno que solo podía mostrar una economía destrozada fue lo mejor que pudo ofrecer Unión Por La Patria. La reelección de Alberto Fernández era inviable, una interna De Pedro-Scioli era sentencia de muerte y la candidatura de Cristina Fernández de Kirchner pareciera nunca haber estado sobre la mesa.
La performance en las PASO asustó a la militancia de UP, lo que abrió un proceso desde entonces en el cual el objetivo era en convertir a Sergio Massa en la cara de la esperanza, del cambio. Cualquiera con un mínimo conocimiento político sabe que el dirigente del Frente Renovador significaba un cambio de rumbo político. Sin embargo, el grueso de la sociedad no lo entendió asi.
Esta fuera de discusión que dos tercios de los argentinos buscaban un cambio de gobierno, eso se sabía en todos los frentes desde el minuto uno (De ahi la búsqueda de bloquear cualquier expresión de Alberto Fernández en la campaña). Pero tanto LLA como UP entendieron distinta la final que disputaron el domingo.
El oficialismo buscó cooptar votantes externos haciendo que la discusión sea democracia vs fascismo. Los libertarios, por otro lado, promovieron que la batalla sea cambio vs continuidad.
Esta batalla generó fervor en la sociedad, fervor que se mantuvo hasta ultimo minuto. La militancia peronista tenía emociones encontradas con la idea de no romper el pacto democrático, ir contra la locura y el negacionismo. A compartir estas emociones se sumaron sectores de la Unión Cívica Radical, de la Corte Suprema, de la UIA, de la Sociedad Rural y diversos actores no-oficialistas.
El mapa electal también significó un empujón a la ilusión del peronismo. Dar vuelta el resultado de las PASO en diversas provincias, como Tucuman, Tierra del Fuego, Entre Rios o Corrientes, generó el entuciasmo de repetir ese resultado allí. Sin embargo, las unicas tres provincias que quedaron pintadas de azul en el balotaje, fueron Formosa, Buenos Aires y Stgo. Del Estero.
El 75% de Milei en Cordoba fue un gran baldazo de agua fria, ya que era una provincia en la que Massa pretendía perder con menor diferencia, tras los apoyos de Natalia De La Sota y dirigentes del riñón de Llaryora/Schiaretti, sumado al inmenso esfuerzo que hizo el Ministro para salvar votos allí.
Con todos estos apoyos y con la emoción de jugar una batalla democracia vs fascismo, el peronismo sintió que tenía altas probabilidades de ganar. Incluso las encuestas y una inmensa mayoría de los análisis políticos daban a Massa arriba, o al menos peleando codo a codo. Muy pocos vieron una victoria de Milei por más de diez puntos.
Lo cierto es que, si bien la esperanza tuvo como trampolín la victoria en las generales, los 37 puntos que sacó Massa allí estaban muy lejos de los 51 que necesitaba (mínimamente) para ganar la segunda vuelta. El candidato oficialista había estado muy cerca de su techo, y el único que lo advirtió fue el propio Milei, cuando el lunes post elecciones generales afirmó «Massa llegó a su techo electoral, yo estoy en mi piso».
Y así fue, ya que Milei logró superar por 25 puntos su actuación de las elecciones generales, ese 30% muy similar al 29% que sacó en las PASO. Ambos números, su piso.
Milei entró desde esa elección general en el juego favorito de Massa, tejer acuerdos. En ese juego, el libertario metió el primer gol, consolidando el acuerdo con Bullrich un día después de que la del PRO quedará fuera el balotaje. Desde ese momento, Milei solo obtuvo derrotas, y vio a Massa convertir más de 10 goles.
Esos goles fueron los que sembraron una esperanza valida, pero casi inviable. Milei tenía todo a su favor, ya que solo dos oficialismos pudieron reelegir en el mundo tras la pandemia (Francia y España).
El hecho de que el candidato de UP sea el Ministro de Economía de un oficialismo que tuvo problemas inflacionarios inéditos, superó la idea de tener un Presidente sin experiencia y mentalmente inestable.
La sociedad hizo que el techo de Massa fuera de 44 puntos, apenas 7 por encima de su performance en las generales. Y eligió a Milei, quien subió 25 puntos y fue electo holgadamente en una elección que fue más peleada para los instruidos políticamente que para la sociedad en general.
