En defensa de los trabajadores, las Pymes y la Clase Media: ¿A quién le conviene una nueva devaluación?

6 octubre, 2020

En estos días vivimos una fuerte ofensiva para desestabilizar al gobierno nacional. Se da una fuerte presión sobre las autoridades, tendiente a generar una devaluación cambiaria. Esta presión tiende a “secar” de dólares al Banco Central y generar consecuentemente la devaluación. Pero, ¿esto tiene alguna lógica económica?

Por Jorge Benedetti

Intentos de desestabilización

En estos días vivimos una fuerte ofensiva para desestabilizar las políticas del gobierno nacional. En este marco se da una fuerte presión sobre las autoridades, tendiente a generar una devaluación cambiaria.

Esta presión tiende a “secar” de dólares al Banco Central y generar consecuentemente la devaluación. Pero, ¿esto tiene alguna lógica económica?

La Argentina tiene superávit comercial y -fundamentalmente- la renegociación de la deuda alejó el peligro de un default o de una urgencia por dólares para pagar intereses y capital como existía hasta hace unos meses.

Por otra parte, y si bien las reservas son reducidas, permanece siempre la posibilidad de monetizar el swap chino, es decir hacer efectivo un préstamo disponible en poder del Banco Central.

En consecuencia, bueno es preguntarse quiénes serían los ganadores y los perdedores de una nueva devaluación, luego de las muchas que hemos tenido durante los últimos 4 años.

Obviamente una devaluación genera un proceso inflacionario inmediato, junto al aumento de precios de los insumos para la producción los que están “dolarizados”.

Veamos quienes serían los perjudicados:

– En primer lugar, sin duda los asalariados y los trabajadores de la economía popular, dado que sus ingresos también serían devaluados.

– Las empresas pymes y medianas, que compran a las usinas a valor dólar y al contado, mientras venden en pesos y en muchos casos financiado, por lo que seguramente tendrían un fuerte quebranto.

– Igual resultado tendrían los comerciantes y profesionales, pues mientras sus ventas y honorarios son en pesos, la inflación licuaría sus ingresos.

– Los productores agropecuarios que vendieron sus cosechas financiado, tampoco saldrían beneficiados.

¿Quiénes serían entonces los ganadores?

– Las grandes empresas formadoras de precios que pagan sus salarios, la energía y los insumos locales en pesos (y financiado) y venden tanto al mercado interno como al externo en dólares, serían uno de ellos.

– Pero hay un sector que resultaría particularmente beneficiado en la apropiación del resultado de una devaluación. Me refiero a los grandes acopiadores de granos (que son menos de una docena, en realidad menos de media). Hoy estos tienen una inusitada cantidad de granos acopiados, solo de soja lo retenido es superior a los 17.000 millones de toneladas, es decir 17 billones de kg., según manifestó el ex presidente de la Federación Agraria, Pedro Peretti, mientras que para varias consultoras lo retenido se acerca a las 20.000 millones de toneladas. Hagamos números de lo que significaría una devaluación para esta reducida cantidad de empresas y cuánto de la riqueza de los argentinos pasaría a sus manos.

Pero la pulseada es fuerte, porque no pueden sostener el acaparamiento por mucho tiempo más, la nueva cosecha viene muy bien y como los precios en el mercado mundial han subido, los productores consideran vender rápido, para evitar que una oscilación a la baja les haga perder esta ventaja, la que -según los conocedores del mercado- no duraría más de 60 días.

Conclusión: hay que forzar la devaluación de inmediato, pero parece ser que las autoridades económicas no están dispuestas a perder la batalla. Como estamos en un empate peligroso desde el punto de vista económico (y sus efectos políticos) hay que encontrar alguna alternativa.

Una podría ser pedir nuevos préstamos externos como se hizo durante los últimos años con los resultados conocidos; otra sería generar un fuerte ajuste fiscal, con reducción en las partidas sociales, de salud, seguridad, educación y con un considerable aumento en los servicios públicos y la tercera es conseguir dólares genuinos mediante el incentivo a las exportaciones, en particular de los granos retenidos y en el menor plazo posible.

La alternativa de una reducción parcial de las retenciones en forma decreciente y por 90 días como máximo, parece ser la mejor opción y la menos costosa, con la ventaja de una serie de efectos favorables en cadena.

Al liquidarse las exportaciones, por un lado aumenta la recaudación por las retenciones (que bajan menos de un 10%) y por el otro, entran dólares al Banco Central con lo cual la presión cede inexorablemente. Esto a su vez permite liberar más rápidamente los fondos para que ingresen las importaciones demoradas, con la consiguiente “calma” de estos sectores y el obligado desinfle de quienes magnifican esta situación. También permitiría reducir las limitaciones a la compra del “dólar ahorro”.

Mucho se ha hablado de que el Central obliga a pagar con fondos propios o renegociar a las empresas que tenían deudas en el mercado internacional. Lo cierto que esto solo afecta a las que tiene deudas superiores a 1 millón de dólares, las que son entre 10 y 20 y en un alto grado de los casos la deuda es con otras empresas del mismo grupo, como es el caso de una deuda de Techint.

Paralelamente se adoptan medidas realmente importantes en lo que hace a la promoción de exportaciones industriales con reducción de los derechos a cero e incentivos para los pequeños productores de soja (más de 40.000), que representan el 40% del mercado y ventajas impositivas para construcción de viviendas.

En este sentido un aspecto importante es que la construcción ocupa mucha mano de obra y no tiene insumos importados, o sea produce reactivación sin necesidad de aumentar las importaciones con el drenaje de dólares que esto significa.

Así mismo, el anuncio de la emisión de bonos con ajuste dólar, reduce los riesgos de los inversores y permite “estar cubierto” a quienes temen por una devolución sin sacarle dólares al Central.

Un último dato tiene que ver con que la baja de las retenciones favorece a las grandes exportadoras que son las que tienen el grano. Pero debemos destacar que se estima que en silobolsa y entregado con precio a fijar hay -según estimaciones- 20.000 toneladas más, las que si bien están en manos de productores bombardeados con la guerra psicológica de una fuerte y muy importante devaluación podrían optar por la venta y la colocación en bonos dolarizados, favoreciendo de esta manera la recomposición de las reservas.

La alternativa encontrada parece ser la mejor y de esta manera las autoridades aguantan la presión de los especuladores, impidiendo que un reducidísimo grupo de empresas acopiadoras exportadoras y sus “primas” formadoras de precios de la industria se queden con las ventajas de una devaluación injustificada.

Al mismo tiempo avanzan los acuerdos con el Consejo Agroindustrial en medidas que no se reflejarán en lo inmediato pero que abren expectativas favorables, sumado al hecho de que estamos trabajando con los datos del segundo trimestre, el que obviamente es el peor del año, pues el tercero reflejará una mayor actividad económica y con la llegada de la vacuna se liberarían todas las restricciones.

Los alcances de estas medidas los veremos en un par de meses (o menos) pero de todas maneras si se consigue la liquidación de por lo menos 4.000 millones de dólares pienso que el resultado será muy positivo.

Ramón Carrillo, uno de los más prestigios médicos de nuestro país, también era experto y docente de la Escuela de Defensa en la materia de Guerra Psicológica, la que sin dudas forma parte central del combate que hoy se libra. En ese sentido considero que es bueno que nos enteremos cuáles son las verdaderas razones de la presión devaluatoria y quiénes serían los beneficiarios.

Así es más fácil comprender cómo se produjo el fenómeno de la concentración de la riqueza en los últimos años y cómo puede seguir produciéndose o por el contrario revertirse.

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