No importa que el gato sea blanco o negro, lo que importa es que sepa cazar ratones”. La sencilla frase de Den Xiao Ping, sintetiza la filosofía última del fenomenal proceso de crecimiento económico que experimenta China que la ha llevado a encumbrarse como segunda economía mundial y actor insoslayable en lo político y lo militar de la cuenca pacífica.
Una nación comunista, cuya dirigencia concluyó que para mantener los consensos necesarios para continuar en el poder se hacía imperioso aumentar y distribuir riqueza entre sus habitantes y ello era imposible sin inversión y que, más allá de su formidable tasa de ahorro e inversión internos, astronómicamente superiores a las nuestras, requería del aporte externo, que no solamente consistía en capital financiero y comercial sino, fundamentalmente, tecnológico.
El salto pegado desde las tímidas cinco “zonas especiales” de los ‘80 -pequeñas áreas geográficas regidas económicamente por leyes de mercado y el derecho internacional en lo que hacía a protección de inversiones- a la presencia masiva de inversión extranjera en una economía mixta donde la presencia privada en la formación del Producto Bruto excede el 40% del total, ha sido formidable.
China no está entre las naciones mejor posicionadas a escala planetaria en lo que hace a garantías de los derechos humanos y vigencia de la democracia liberal. Pero su puntuación es superlativa en cuanto al cumplimiento de las reglas de juego que impone el sistema económico internacional . Este principio, nodal desde el comienzo de la reforma económica de Deng, se acentúo después de Tian’anmen sintetizada en la consigna partidaria de: “en temas económicos, liberalización; en temas políticos mayores controles”.
Esta experiencia lejana en lo histórico, cultural y geográfico -a pesar de los grandes beneficios que hemos extraído de ella en los tiempos coetáneos- abunda sobre lo que observamos en otras más cercanas. Veamos de dónde han partido países con una actitud más ‘market friendly’ como Brasil, Chile, Colombia, Perú -para citar unos pocos- y donde están hoy, ellos y sus sociedades. Realicemos el mismo ejercicio con relación a nosotros mismos y veamos si podemos llegar a la misma respuesta.
La diferencia central está en que nosotros seguimos discutiendo el color del gato y no su aptitud cazadora, envueltos en mediocres discursos ideologistas y “relatos” pretendidamente nacionalistas . Si algo, también, nos pueden enseñar los chinos es a saber qué es la agresión colonial y cómo se redignifica un país.
Es a todas luces obvio que Repsol ha incumplido con lo que debía: asegurar el abastecimiento del mercado doméstico.
Quizá en este capítulo deberíamos incluir qué responsabilidades cabrían al Gobierno argentino en estos últimos nueve años. También es incontrastable la potestad del Estado para proceder a la expropiación, conforme las leyes vigentes. Lo que no es benéfico para el futuro de nuestro país son las formas con las cuales se ha procedido . Creemos que hubo la posibilidad de explorar otros caminos menos traumáticos. Hay una diferencia entre seducir y violar. Incorporar esta radical diferencia entre comportamientos políticos nos evitaría grandes males, tanto externos como internos.
