En el Gobierno se multiplicaron las versiones sobre una reestructuración profunda del equipo presidencial luego del 26 de octubre. El canciller Gerardo Werthein habría advertido que dejará su cargo si Santiago Caputo ingresa al gabinete. Las tensiones entre las distintas tribus libertarias aumentan mientras Karina Milei y el propio Presidente definen los próximos pasos.
En el oficialismo creció la expectativa por un inminente “reseteo” del Gobierno después de las elecciones, una jugada que buscaría frenar la parálisis de la gestión y ordenar la interna libertaria. “Cambia o muere”, resumió un alto funcionario que sigue de cerca las conversaciones sobre el futuro del gabinete.
Las modificaciones alcanzarían a los ministerios de Relaciones Exteriores, Justicia y Seguridad, con la posible salida del canciller Gerardo Werthein y del titular de Justicia, Mariano Cúneo Libarona. En la Casa Rosada reconocen que el Presidente evalúa fusionar Seguridad y Justicia bajo una nueva conducción política. En ese esquema, el intendente Guillermo Montenegro, electo senador provincial, se perfila para encabezar el nuevo ministerio.
En paralelo, el canciller Werthein mantuvo una conversación directa con Javier Milei, en la que expresó su decisión de renunciar si Santiago Caputo asume un cargo formal en el Gobierno. “No es un problema personal, sino una diferencia de proyecto”, aclaró el diplomático, según fuentes al tanto del diálogo.
La tensión entre ambos creció después de la reunión con Donald Trump en la Casa Blanca, cuando la estructura digital libertaria liderada por el “Gordo Dan” responsabilizó al canciller por una supuesta confusión del expresidente estadounidense sobre las elecciones argentinas. Werthein respondió con distancia y afirmó que no puede ocuparse “de la opinión de un tuitero”.
Desde el entorno presidencial afirman que Nahuel Sotelo, actual secretario de Culto y figura cercana a Caputo, podría ocupar la Cancillería en caso de confirmarse la salida de Werthein. En ese escenario también regresaría Ursula Basset, desplazada meses atrás del Palacio San Martín, “en un puesto clave”.
El área de Justicia también entró en revisión. Cúneo Libarona reconoció que dejará el cargo tras los comicios y explicó que prefiere “dedicarse a su familia y a su salud”. En su balance destacó la “implementación del Código Procesal Penal” en catorce provincias. Entre los nombres que suenan para continuar en la estructura figuran Sebastián Amerio, que seguiría como secretario de Justicia, y Alejandra Monteoliva, colaboradora de Patricia Bullrich, quien asumiría en Seguridad.
La ministra Bullrich, por su parte, abandonará el gabinete el 10 de diciembre para asumir su banca en el Senado. Su salida aceleró las versiones sobre la unificación de ministerios y consolidó la influencia de Caputo en la mesa chica del Presidente.
El futuro del jefe de Gabinete, Guillermo Francos, también genera dudas. Milei reconoció públicamente su trabajo, aunque admitió que su asesor más cercano pasará a integrar el Estado como funcionario formal. En los pasillos de Balcarce 50 se especula con que Caputo podría ocupar ese cargo.
El papel de Karina Milei resulta decisivo en la definición de los movimientos. En la Casa Rosada aseguran que cualquier cambio relevante contará con su aval. Las diferencias entre su estructura política y el núcleo que responde a Caputo permanecen intactas. “Las internas son nocivas y siguen”, reconoció un dirigente de su confianza.
El Presidente enfrentará la presión de distintos sectores después de los comicios. Una derrota electoral acentuaría el reclamo por cambios en la gestión, mientras que un resultado moderado solo postergaría la discusión. En cualquier caso, la administración libertaria busca un golpe de efecto que devuelva control político a Milei y le permita encarar el segundo tramo de su mandato con un equipo más homogéneo.
Entre los libertarios persiste una certeza: los hermanos Milei no permitirán una intervención del macrismo en el gabinete. Pese a los nombres que circulan desde el PRO —como Guillermo Dietrich, Francisco Cabrera o Jorge Triaca—, en el Ejecutivo niegan que existan negociaciones concretas.
El desenlace se conocerá después del 26 de octubre. Hasta entonces, Milei mantendrá la tensión entre la prudencia electoral y la urgencia de reorganizar un Gobierno que necesita mostrar autoridad. El diagnóstico en su entorno es unánime: “Tiene que barajar y dar de nuevo”.
