Existen condiciones internacionales e internas favorables para la economía argentina. El mayor problema es la falta de cimientos macroeconómicos consistentes. No se trata de recorrer principios ortodoxos pero tampoco, de transitar por la negación y la contradicciones constantes.
Argentina tiene todas las condiciones locales e internacionales para aspirar a al desarrollo de todos los sectores económicos, articulando eficazmente el crecimiento del agro, la industria y la construcción, la actividad financiera y del comercio y el turismo.
El diseño de las políticas económicas futuras debe realizarse desde una concepción de desarrollo, con una lógica de expansión, alejada de la lógica negativa e innecesaria del ajuste.
Podemos pensarnos como un país con enormes oportunidades, con recursos potenciales muy importantes, que nos abren un escenario favorable en el mediano plazo.
Es absolutamente posible ordenar los desequilibrios macroeconómicos a partir de inversiones locales e internacionales, equilibrar las cuentas públicas en un marco de mayor recaudación y lograr al mismo tiempo mejorar la realidad social a partir de la expansión de la economía.
Existen condiciones internacionales e internas para crear fundamentos para lograr un shock de inversiones y preservar e incrementar simultáneamente políticas de distribución del ingreso.
Argentina tiene recursos energéticos para lograr fuertes inversiones, una industria de la construcción con tremendo potencial con reglas adecuadas (tanto para resolver la demanda habitacional como para promover el ahorro en propiedades), un sector agropecuario con extraordinarias condiciones en un contexto internacional que potencia las oportunidades, un sector industrial con expectativas y potencial en las distintas ramas, la actividad turística con posibilidades de crecer, e inversiones en todos los sectores financieros, tecnológicos y de servicios en el marco de fundamentos y previsibilidad de largo plazo.
La posibilidad de concretar estos desafíos implica contar con cimientos macroeconómicos consistentes, capacidad de planificación para coordinar el crecimiento de la producción, la infraestructura (puertos, rutas, ferrocarriles), las inversiones energéticas, la formación y capacitación: el mercado se potencia cuando la competitividad se garantiza planificando las necesidades productivas y sociales.
Asimismo, la crisis internacional y nuestra experiencia económica ha puesto de relieve la importancia de contar con tejidos productivos diversificados, que permitirán enfrentar los vaivenes de la economía mundial: el rol de los sectores de pequeñas y medianas empresas y un desarrollo equilibrado de las empresas de capital nacional con las inversiones externas es clave para nuestra economía.
Sectores cuya viabilidad se llegó a discutir en el pasado son claves para nuestro futuro para proyectar una economía que recupere crecimiento, potencie sus inversiones y genere fuertemente empleo.
Hay ramas industriales que se tornan estratégicas por la presencia de Pymes como por ejemplo la industria del calzado, la cadena textil –indumentaria, los sectores gráficos, madereros, autopartes, línea blanca, bienes de capital, maquinaria agrícola en particular, alimenticia-.
En la actividad agropecuaria, en todas sus cadenas de valor, la importancia de priorizar a los medianos y pequeños productores también responde a los objetivos de empleo, integración territorial y desarrollo federal.
Finalmente es clave priorizar el diálogo y el consenso con los actores económicos, como manera de profundizar el conocimiento de las realidades sectoriales, de motivar y conocer la visión de los actores privados.
No se trata de que el Estado delegue o ceda capacidad de decisión, sino todo lo contrario, enriquecer la toma de decisiones en beneficio del interés general y motivar a los empresarios y trabajadores para sus decisiones en materia de empleo e inversiones. Las dificultades presentes son explícitas, pero aún mayor es la dimensión del perjuicio de las decisiones equivocadas cuando se evalúa el costo de oportunidad que hemos tenido en los últimos años.
No se trata de recorrer principios ortodoxos, neoliberales que han sido nefastos en nuestra historia y en la experiencia internacional ni transitar por la negación, la inconsistencia y la contradicciones en temas centrales.
