A partir de diciembre, el radicalismo tendrá tres gobernadores, será la segunda fuerza en el Congreso, aumentará un 25 por ciento las intendencias a nivel nacional y crecerá un 40 por ciento su representación en los concejos deliberantes. Desde 1999 que la UCR no tenía una estructura nacional tan importante, pero luego de aquella experiencia frentista comenzó la crisis más importante de su historia.
Gerardo Morales terminó el 2015 siendo Gobernador de Jujuy, luego de una completa hegemonía peronista. Julio Cobos emergió en Mendoza con el 43 por ciento de los votos. Y Ricardo Alfonsín finalizó aplaudiendo de pie a Mauricio Macri, en primera fila.
Estos tres importantes dirigentes radicales se habían opuesto a la estrategia que Ernesto Sanz había planteado en la Convención Nacional de Gualeguaychú, a principio de año. Pretendían que la UCR participara de una gran PASO en la que compitieran el PRO, el massismo y el progresismo.
En aquella acalorada convención, finalmente, se impuso la postura de su presidente, Sanz.
Y si bien el centenario partidario debió ceder parte de su ideología progresista, a la hora de contar los porotos (entiéndase, estructura: gobernaciones, intendencias y bancas legislativas), el escenario fue el más positivo que podría haber logrado la UCR, que hace años no tiene un candidato nacional que seduzca al electorado.
Luego de competir de manera testimonial en las PASO de Cambiemos contra Macri, Sanz se encargó de ir convenciendo a su correligionarios del acuerdo que habían firmado con el PRO. Los primeros fueron el cordobés Mario Negri (ganó en la categoría a diputado en Córdoba con el 49 por ciento), luego Morales y Cobos. El último, Ricardo Alfonsín, que terminó cantando eufórico y aplaudiendo de pie a Macri, en el cierre de campaña de Cambiemos, mientras se escuchaba Gilda de fondo y los globos volaban de acá para allá.
Una vez concluidas todas las elecciones provinciales y nacionales (salvo el balotaje), la UCR tendrá a partir de diciembre tres gobernaciones: Alfredo Cornejo en Mendoza, Ricardo Colombi en Corrientes (con mandato hasta 2015) y Morales en la siempre peronista Jujuy, donde arrasó con más de la mitad de los votos.
Además, tuvo el placer de desplazar al peronismo de la Provincia de Buenos Aires. Si bien no logró su Gobernación, sí colocó al Vicegobernador, que presidirá la Cámara de Senadores de la Provincia de Buenos Aires. Daniel Salvador estará allí gracias al pataleo y al reclamo de Sanz hacia Macri, quien había optado en un primer momento por el porteño y peronista Cristian Ritondo para secundar a María Eugenia Vidal.
En la provincia más grande el país, el radicalismo se quedó con más del doble de las intendencias que poseía: de 17 pasó a tener 36. Si se mide a escala nacional, la UCR se anota 84 municipios: esto equivale a un aumento del 25 por ciento, de 370 a 450. Entre ellas hay importante ciudades como Paraná, Río Gallegos, Santa Rosa, San Salvador de Jujuy, Santa Fe, Mendoza, Neuquén y Viedma.
Si bien perdió tres senadores nacionales en la Cámara alta, donde tendrá un bloque de 11 miembros, sumó siete diputados. En la Cámara baja, la UCR será la segunda fuerza con 44 bancas, detrás del peronismo.
Desde el entorno del senador Sanz, también contaron 200 legisladores provinciales electos en todo el país, y un 40 por ciento de aumento en la representación de los concejos deliberantes.
El mendocino también ya negocia cargos importantes en la Gobernación de Vidal, y tiene un lugar asegurado en el Ministerio de Justicia de la Nación si Macri gana la presidencia.
El radicalismo vive su mejor etapa desde 1999, cuando la Alianza entre Fernando de la Rúa y “Chacho” Álvarez no sólo los llevó a la Casa Rosada, sino a ocupar importantes cargos en todo el país.
Luego de esa experiencia frentista, la UCR comenzó su debacle: su candidato presidencial en 2003 sacó el 2,3 por ciento y en 2007, ni siquiera logró tener postulante propio.
En esto 2015 cerró un acuerdo frentista como el del 99. Si el líder del PRO llega a la Presidencia, estará en la cintura política de sus dirigentes determinar si los lugares obtenidos este año son el piso o el techo del radicalismo. Claro, también dependerá de la performance de una eventual presidencia de Macri.
