Resulta un tanto temerario sostener que la UCR se haya ido mimetizando con el oficialismo y es por lo menos injusto afirmar que el voto sobre la transferencia del transporte en Diputados nos ponga a los radicales ideológicamente mas cerca del Gobierno que lo que estemos dispuestos a admitir.
Sí me parece, en cambio, que este intento por simplificar la realidad, reduciéndola a una visión maniquea entre negro o blanco, es precisamente el menú que nos ofrece el Gobierno. Incapaz de reparar en matices o de respetar la pluralidad, parece dejarnos como única opción enrolarnos en bandos o sectores diametralmente opuestos, sin derecho ni respeto a nuestra propia identidad, historia y convicciones.
No estamos dispuestos a aceptarlo, seguiremos votando convencidos de nuestras creencias, a favor de lo que consideramos valioso y en contra de lo que consideramos disvalioso, intentando recuperar la identidad y la presencia del radicalismo, para que la sociedad advierta el valor de las ideas y no la conveniencia del oportunismo, y sobre todo la necesaria vigencia de un partido nacional, en un sistema estructurado y organizado para mediar entre el Estado y la sociedad.
Desde allí intentamos construir y liderar una alternativa seria, convencidos del fracaso del mero oposicionismo sin propuestas.
Sin entrar en el terreno de las especulaciones, se debería analizar con más profundidad la verdadera estrategia del Gobierno, que no es otra que encumbrar a Macri como su único contendiente, en una nueva versión bipartidista, muy pregonada y editorializada últimamente. Obviamente, se trata de una opción muy favorable al Gobierno, salvo que alguien piense seriamente que una opción conservadora y de derecha está en condiciones de ganar elecciones en la Argentina.
Quisiera recordarle, Pepe, con todo respeto, que nunca consideramos el acuerdo en Provincia de Buenos Aires como “progresista”; tal vez con idéntico criterio al que nos exige cerrar filas sin distingos ideológicos, ante un “bronco” modelo oficial, podríamos tratar de entender, con mayor indulgencia, que se trató de una decisión táctica, que no alcanzaba lo nacional, en un momento en que aparecíamos como la única o al menos la más potente opción para llegar al ballottage. No dio los resultados esperados y tal vez no estaría mal asumirlo como un error.
En esta misma línea, habría que considerar que en el proceso de selección de candidaturas en la UCR, la objeción más fundada que yo escuché al senador Sanz fue su tardía irrupción a la arena electoral, con la campaña en marcha. No lo consideramos un hombre de la “derecha” ni del “establishment” y, a su respecto, habría que tomar en cuenta que fue el miembro informante de nuestro voto en el Senado, idéntico al que formulamos en Diputados.
Entrando en el tema, no cabe duda de que una de las posibilidades hubiera sido un dictamen propio en minoría, con el mismo contenido de la disidencia en particular, esto es: hubiéramos reproducido el artículo 1º. Del proyecto oficial, sencillamente porque estamos de acuerdo en transferir el transporte a la Ciudad, como siempre lo hemos sostenido, agregando tres artículos sobre los recursos, la necesaria aprobación por la Legislatura local y la puesta en vigencia de un sistema metropolitano para articular el transporte en interjurisdiccional.
¿Qué hubiera cambiado? ¿Por qué tan poco aprecio por las disidencias? La UCR no posibilitó con su voto el tratamiento del tema, ni favoreció la conformación de una mayoría para lograr su aprobación, se limitó a coincidir en lo que está de acuerdo y a disentir enarbolando su propia propuesta en particular. Tratamos, además, de respetar el voto en el Senado, Cámara Federal, que consideró desde la oposición la necesidad de que los subsidios se distribuyeran en forma equitativa en todo el país, porque hay algo que además se olvida y que no tiene que ver con Macri (¿o sí?), en Córdoba, Bahía Blanca o Tucumán el boleto cuesta $ 2,50 o $ 3 y en la Capital, $ 1,10.
Por último, no estamos a remolque del kirchnerismo por apoyar el tema Malvinas o por reclamar que se rinda tributo a la Cámara Federal que por la valiente decisión de Alfonsín juzgó a los militares, cuestión que este Gobierno se encargó muy bien de desdibujar. Simplemente al recordar al único “dirigente” que se opuso a la guerra y escribió El cepo patriótico, Ricardo Alfonsín, no nombro a su propio padre por pudor y humildad, cuestión que lejos de causar asombro nos enorgullece.
*Diputado de la Nación (UCR).
