El oficialismo sostiene que primero el riesgo país debe bajar para poder endeudarse a tasas razonables, renovar vencimientos y así recobrar reservas. Los mercados y analistas responden que sin reservas reales y suficientes, el riesgo no bajará de forma sostenible. El presente coyuntura muestra que, pese a equilibrio fiscal y estabilidad monetaria, el país sigue con riesgo país elevado.
El debate se instaló en el centro de la política económica. El Gobierno aseguró que la clave para normalizar el frente financiero es reducir el riesgo país, porque una prima más baja permitiría refinanciar vencimientos próximos y sumar divisas al balance del Banco Central (BCRA). Según esa visión, sin una mejora previa en el costo del crédito, la economía seguiría atrapada en un círculo de tasas prohibitivas.
El mercado tomó distancia de esa estrategia. Economistas y consultoras insistieron en que la caída del riesgo país solo llegará cuando el BCRA muestre un stock sólido de reservas netas, capaz de respaldar la política cambiaria y absorber shocks. La coincidencia entre distintos informes es clara: sin dólares propios, ningún inversor reducirá la prima que exige para comprar deuda argentina.
La discusión cobró fuerza por el estado real del balance del Banco Central. Se estima que la gestión anterior dejó reservas netas en torno a los 11 mil millones de dólares negativos. Con Milei, ese rojo habría aumentado hasta cerca de 14 mil millones de dólares negativos. Esa dinámica profundizó la desconfianza externa y alimentó la presión sobre los bonos.
La consultora 1816 aportó un cálculo adicional que circuló en mesas de dinero: el FMI ubicaría al Gobierno unos 16 mil millones de dólares por debajo del nivel de reservas que debería tener hoy, tomando como referencia los compromisos asumidos en el acuerdo vigente. Ese desvío reflejó un atraso significativo en la meta de acumulación de divisas.
En paralelo, el riesgo país se mantuvo por encima de 600 puntos básicos, pese a que el Gobierno resaltó avances en materia fiscal y un entorno político más estable que el de etapas anteriores. Ese número sigue en niveles elevados dentro de la región. Entre los países comparables, solo Bolivia supera la marca argentina.
El indicador surge de tres elementos: solidez política, cuentas fiscales y reservas del Banco Central. El Gobierno aseguró que las dos primeras variables atraviesan un momento positivo, lo cual es cierto, sin dudas. Sin embargo, el riesgo país no descendió con la velocidad que la Casa Rosada esperaba. Para analistas privados, la explicación es directa: sin reservas suficientes, las otras dos condiciones pierden fuerza.
En ese punto aparecen las críticas al sistema de bandas cambiarias que utiliza el BCRA. Los operadores señalaron que ese esquema obliga a intervenir con dólares cuando la cotización se acerca al techo de la banda. Cada intervención reduce aún más el nivel de reservas netas y debilita el mensaje de estabilidad. El mercado considera que ese mecanismo ofrece una calma “administrada” que no se sostiene en el tiempo.
El Gobierno defendió el esquema y afirmó que la baja del riesgo país permitiría acceder a financiamiento externo, limpiar pasivos de corto plazo y reforzar el balance. Pero para los analistas, esa hoja de ruta invierte el orden lógico. La síntesis de esa postura apareció en los informes privados que circularon en las últimas semanas: primero reservas, después riesgo.
En rigor, La brecha entre ambas posiciones no es técnica, sino estratégica. Si el Gobierno logra bajar el riesgo país antes de sumar dólares propios, accederá a créditos más baratos que permitirán refinanciar vencimientos. Si el mercado tiene razón, la falta de reservas mantendrá altos los costos y prolongará la fragilidad. En un contexto de reservas netas negativas y riesgo país todavía elevado, la ausencia de divisas genuinas emerge como el principal obstáculo para cualquier salida financiera duradera.
