El panorama de tres tercios marca un escenario político diferente a las últimas elecciones presidenciales.
La sociedad argentina atraviesa uno de los momentos electorales de mayor incertidumbre de los últimos tiempos. Es que, a solo 17 días de las elecciones Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO), el escenario de cara a las elecciones generales del 22 de octubre es un manto de dudas y especulaciones por lo que pueda llegar a ocurrir.
Es que, conocidos los resultados de las primarias con el panorama de tres tercios, la mirada hacia el 10 de diciembre es totalmente difusa porque los tres candidatos más votados y que disputarán un lugar para ocupar el sillón de Rivadavia en Casa Rosada tienen muchas chances de entrar a un posible balotaje el 19 de noviembre.
El candidato a presidente de La Libertad Avanza, Javier Milei, fue el vencedor de las PASO, pero sabe que la diferencia de votos con Patricia Bullrich (Juntos por el Cambio) y Sergio Massa (Unión por la Patria) es escaza. Mas aún cuando el escrutinio definitivo arrojó que el economista no llegó al 30 % y cosechó el 29,8 %; Bullrich el 27, 9 % y el ministro de Economía el 27,3 %.
El universo de más de 11 millones de votantes (casi el 31 % del padrón electoral) que no asistieron a las urnas, más los sufragios de las fuerzas que no superaron el umbral del 1,5 % de las primarias (suman unos 700 mil votos y ya hubo acuerdos con Guillermo Moreno y Luis D’Elía), serán puntos fundamentales para definir los porcentajes que saque cada uno en octubre.

¿La posibilidad de que haya una segunda vuelta en la Argentina es latente? El escenario político actual marca que sí. En el caso de que ninguno de los tres candidatos (sumamos a Juan Schiaretti y Myriam Bregman, aunque con pocas chances de triunfo) obtenga el 45 % de los votos o al menos el 40% con una diferencia de 10 puntos sobre el segundo, todo se definirá en noviembre y a menos de un mes de que asuma el próximo presidente.
Sin embargo, todavía faltan casi dos meses para las elecciones de octubre y las certezas es, justamente, lo que no abunda. Así como Milei puede crecer en sus números, Massa, el ministro de Economía, puede obtener votos de peronistas disidentes que no superaron las PASO y, además, capitalizar rédito político producto del alivio económico que significarán las medidas que anunció el domingo para varios sectores de la sociedad.
La estrategia del Gobierno es polarizar con el candidato libertario, expresar que el «voto bronca» volcado en el economista es circunstancial y que muchos votantes moderarán su mirada al analizar las propuestas de Milei. El escenario ideal es dejar tercera a Bullrich que, a pesar de que ganó la interna de Juntos por el Cambio, tiene que retener los votos de Horacio Rodríguez Larreta y seducir a una parte de los votantes duros del liberalismo.
En el caso de que ocurra lo que pretende el kirchnerismo, en un hipotético balotaje habría dos fuerzas totalmente distintas y dos modelos económicos que están en las antípodas, algo que desde hace mucho tiempo no ocurre en la Argentina. Ese lugar sería el más cómodo para Massa a la hora de encarar una campaña nacional que refleje las diferencias con el liberal-libertario.

En cuanto a formato individual, Bullrich es la que menos votos sacó de los tres candidatos (un millón menos que Massa y menos de tres millones que Milei). Por eso, la ex ministra de Seguridad durante el gobierno de Cambiemos sabe que tiene el desafío más complejo, pero la clave estará en la unidad que muestren todos los actores de Juntos por el Cambio y la forma en la que encarará su discurso que, hoy por hoy, en el escenario actual, la tiene como la «moderada» entre los otros dos aspirantes.
Milei también juega sus propias fichas en esta carrera a octubre: en reiteradas entrevistas después de las PASO, el libertario se refirió a la posibilidad de ganar en primera vuelta si logra obtener más votos de los «desencantados» que no asistieron a ejercer su derecho al voto y, además, recuperar «cinco puntos» que, según expresó, le «robaron» en la elección.
Por otro lado, además de la campaña que realicen, también será de análisis el desempeño de cada uno de los candidatos en los dos debates presidenciales. El primero será el 1 de octubre en la Universidad Nacional de Santiago del Estero y el otro el 8 de octubre en la Universidad de Buenos Aires (UBA). En una eventual segunda vuelta, el tercero será el 12 de noviembre, también en la UBA (ambos se desarrollarán en el Salón de Actos).
Si tras los comicios de octubre se confirma que el próximo presidente de la Nación se definirá en un balotaje, será la segunda vez que ocurra desde que se reformó la Constitución en 1994, cuando el sistema electoral argentino fue renovado para hacer la elección más confiable y evitar dudas sobre los resultados ajustados, como lo especifica en sus artículos 97 y 98 la Carta Magna.

La primera elección balotaje debería haber ocurrido en las presidenciales de 2003, pero el ex mandamás, Carlos Saúl Menem, se bajó de la competencia luego de imponerse en las generales frente a Néstor Kirchner, el entonces gobernador de Santa Cruz, que terminó asumiendo como presidente, con apenas el 22,24 % de los votos, el 25 de mayo.
El referente peronista de los ’90, a pesar de que ganó en primera vuelta con el 24,45 %, previó una derrota aplastante ante Kirchner debido a las críticas que recibió por sus políticas durante sus dos mandatos (1989-1999) y con la crisis del 2001 muy en la retina (aunque estaba Fernando de la Rúa, de la Alianza, no hubo un cambio drástico de lo que venía sucediendo en la década pasada con el riojano en el poder).
Ahora, el posible balotaje que puede darse en nuestro país podría ser distinto a lo que ocurrió con Macri y Scioli. En ese momento, la Argentina estaba sumergido en la famosa grieta y el candidato de Cambiemos logró imponerse, con Gabriela Michetti como vice, con el 51,40 % (casi 13 millones votos) a la fórmula Daniel Scioli – Carlos Zannini, que obtuvo el 48,60 %, 800 mil sufragios menos que su verdugo.
Hoy por hoy, el electorado está divido en tres, lo que genera muchísima incertidumbre sobre quién será el próximo jefe de Estado en un contexto de crisis económica que, gane quien gane, será difícil de manejar ante una sociedad hiper fragmentada.
