Mabel Pappano Abraham
Frente Vocación Nacionalista
Las palabras que pronunció Perón al firmar la renuncia de Cámpora, vienen bien para este momento de inflexión histórica, donde se trata de forzar un proceso, que naturalmente ha comenzado, para surfear con la ingeniería de las sombras, que tanto aman, revelaciones de un tarot manipulador.
Venimos de la venta de un Perón camporista, que el kirchnerismo militó, desembocando en su otro yo, que es un Perón derechista, protector de la tortura y desapariciones.
En definitiva, siempre es un Perón sionista, desde el 55 en adelante, el que marketeando a gusto del consumidor.
Un pueblo errante, luego de la noche más oscura.
Un pueblo controlable, luego de la siguiente noche más oscura, que fue la plandemia.
Ése péndulo, que no es grieta, sino puente, ha intentado acorralar las ideas, la doctrina y la causa nacional.
El pensamiento vivo, de un peronismo, que sabe muy bien lo que hizo, lo que hace y lo que hará.
Desde el peronismo vemos con absoluta nitidez la maniobra del gobierno de Milei: intentar apropiarse de la figura de Perón para forzar una lectura derechizada, amputada y funcional a su proyecto de desmantelamiento nacional.
Es un intento burdo, pero peligroso, de erigir un “Perón del exterminio”, como si el General hubiera sido el precursor de una doctrina represiva que justifique hoy las políticas de disciplinamiento social.
Esta operación se sostiene en la tergiversación deliberada del decreto firmado por Isabel Perón, en el que se ordenaba exterminar el accionar de las organizaciones armadas, no exterminar personas.
La diferencia no es menor: una cosa es combatir hechos violentos; otra, muy distinta, es legitimar el terrorismo de Estado. Esta distinción, histórica y jurídica, es justamente lo que Milei intenta borrar para adjudicarle a Perón un mandato que jamás existió.
Mientras tanto, en el campo político y también dentro del propio peronismo *vuelve a emerger una tensión conocida:
el tironeo entre el Perón que el camporismo supo elevar como símbolo de justicia social radicalizada y el Perón que la derecha intenta hoy reconstruir como figura autoritaria y represiva.
Pero ambos extremos, aunque opuestos, tienen un punto en común: hablan de un Perón que no existió.
Perón no fue ni el santo revolucionario ni el caudillo cruel. Fue un estadista nacional, profundamente convencido de la construcción de un Estado fuerte, de una economía soberana, de un pueblo organizado y de unas Fuerzas Armadas integradas al proyecto de Nación, ni de izquierda ni de derecha.
Perón siempre sostuvo que la verdadera contradicción no era ideológica, sino entre dependencia o liberación, entre patria o colonia.
Por eso hoy, cuando algunos sectores buscan capturar su figura para justificar aventuras autoritarias o para reescribir la historia, el peronismo tiene la responsabilidad de decirlo con claridad:
no existe un “Perón de derecha” ni un “Perón de izquierda”.
Lo que existe es un Perón nacional, profundamente comprometido con el pueblo trabajador, con la independencia económica, con la dignidad humana y con el rol estratégico del Estado en la conducción del destino colectivo.
El gobierno libertario intenta imponer un relato donde Perón habría sido el origen del “orden” que ellos sueñan. Del otro lado, algunos sectores siguen aferrados a un Perón idealizado, cristalizado en 1973.
Pero en ambos casos se pierde de vista lo esencial:
la doctrina peronista no es una fotografía de época, sino un proyecto histórico de Nación.
Hoy, frente al ataque sistemático a las instituciones, a la industria, al empleo, a la soberanía y al tejido social, el verdadero desafío del peronismo es reponer su identidad nacional, su rol conductor y su proyecto mayor.
Y eso implica recuperar también a un Ejército al servicio de la Patria, no de facciones ideológicas, no de aventuras personales, no de intereses extranjeros. Un Ejército que responda a la línea nacional y peronista: defender al pueblo, al territorio y a la soberanía.
Lo que está en disputa no es solo la memoria de Perón; es el horizonte del país.
Por eso es imprescindible cortar de raíz toda tergiversación.
Porque mientras otros tironean de un Perón que inventaron, nosotros seguimos trabajando por el Perón real: el de la justicia social, la independencia económica y la soberanía política. El Perón que construye Nación, no relato.


