Empresas de distintos rubros cesaron su producción o trasladaron operaciones al exterior. Los trabajadores denuncian un proceso de desindustrialización que golpea a la región.
La caída de la producción industrial exhibe en Pilar una de sus caras más alarmantes. En lo que va del año, el distrito y sus alrededores acumulan más de mil despidos. Los cierres de plantas y la relocalización de fábricas en otros países encendieron una señal de alerta por el incremento del desempleo.
Uno de los primeros casos fue el de Kimberly-Clark, que a comienzos de junio cerró definitivamente su planta en el Parque Industrial de Pilar, dejando sin empleo a unos 220 trabajadores. En simultáneo con el envío de los telegramas de despido, la compañía estadounidense anunció que concentrará toda su producción nacional en San Luis, donde prevé invertir 15 millones de dólares en los próximos 18 meses.
En julio, la firma Kenvue –ex Johnson & Johnson– comunicó el cierre de sus líneas de producción en Fátima. La empresa decidió importar desde Brasil y solo mantuvo en actividad a unos 30 empleados del área logística, tras cesar a cerca de 150 operarios.
El caso de ILVA, fabricante de cerámicas, continúa generando tensión. El 29 de agosto la empresa despidió a los 300 trabajadores de su planta del Parque Industrial Pilar y cerró sus puertas sin previo aviso. Argumentó atravesar una crisis y ofreció abonar solo la mitad de las indemnizaciones, amparándose en el artículo 247 de la Ley de Contrato de Trabajo. Sin embargo, los pagos aún no se concretaron y la compañía también adeuda tres quincenas. Los delegados denuncian que la firma había incorporado maquinaria nueva poco antes de anunciar el cierre, lo que, según sostienen, contradice la versión de crisis. Recientemente, ILVA pidió ingresar en concurso preventivo, lo que podría retrasar aún más los cobros pendientes.

En septiembre, la multinacional Magnera, especializada en materiales no tejidos y films, clausuró su planta de Pilar y desvinculó a 140 empleados. La empresa, proveedora de insumos para P&G y Kimberly-Clark, explicó que la medida responde a un plan global denominado “Proyecto CORE”, orientado a centralizar su producción mundial. Sin embargo, los operarios manifestaron sorpresa: fueron invitados a retirarse mientras desarrollaban tareas habituales.
A finales de octubre, la desindustrialización sumó otro capítulo con el anuncio del cierre de SKF en Tortuguitas. La compañía sueca, con casi un siglo de presencia en el país, confirmó que cesará su producción local para importar desde Brasil, dejando sin empleo a 150 trabajadores. El titular de la UOM, Abel Furlán, lamentó la noticia y afirmó: “Mientras el mundo cuida su producción, Argentina abre sus puertas a todo lo importado”.
Pocos días más tarde, Lumilagro informó que comenzará a traer desde China buena parte de su línea de termos, tras la eliminación de los aranceles antidumping que regían desde 2001. La decisión implicó más de 200 despidos, cerca de un tercio de su plantilla total en la planta de Tortuguitas, profundizando el panorama crítico que enfrenta la industria en toda la región.
