El conductor le ofreció al ex presidente la posibilidad de usar un “derecho a réplica” por las imitaciones. Podría estar cara a cara con su doble
La pelea por los votos y la disputa por el rating, otra vez, caminan juntas. El gobierno nacional y el conductor Marcelo Tinelli negocian por estas horas un acuerdo para que el ex presidente y primer candidato a diputado nacional por el oficialismo bonaerense, Néstor Kirchner, ingrese a la casa de “Gran Cuñado”, el reality show de los imitadores de los políticos, el programa que acumula los picos más altos de audiencia.
Tinelli ya grabó esta semana la invitación formal. La producción de ShowMatch promocionará el convite como una chance para que todos los personajes que fueron parodiados puedan tener una oportunidad para hacer uso del “derecho a réplica”. Los productores del programa que emite Canal 13 le propusieron a los intermediarios que ofreció Kirchner que el candidato aparezca junto a su doble –que interpreta el humorista Freddy Villarreal– entre este jueves y el lunes.
Hasta ahora desde la Residencia de Olivos no confirmaron la presencia del jefe del Partido Justicialista. Pero todavía tampoco desecharon la invitación. Lo cierto es que la propuesta les genera algunas contradicciones. Por un lado, desde otro centro de presión del Grupo Clarín reclaman la presencia de Kirchner para que debata con sus adversarios Francisco De Narváez y Margarita Stolbizer en el programa A dos voces, que conducen Marcelo Bonelli y Gustavo Silvestre. Pero el ex presidente no tiene voluntad para sumarse a esa tribuna. No dudan en Olivos cuando suponen que Kirchner se convertirá en el centro de las críticas si acepta la invitación de Tinelli y su rating y rechaza el debate electoral.
Por otra parte, en Olivos consideran que las críticas que desde la Casa Rosada se lanzaron contra el programa ya volvieron incompatibles a “Gran Cuñado” y el Gobierno. Después de las primeras emisiones, el ministro de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos, Aníbal Fernández, reclamó mesura por la imitación de la jefa de Estado, Cristina Fernández de Kirchner. “En algunas cosas me parece que hay excesos, debiera regularse, porque es la Presidenta”, había señalado el funcionario. En Balcarce 50 no es mucha la gracia que causa la figura de Cristina, interpretada por el actor Martín Bossi, bailando un “adagio” en una bata de gasa blanca, besándose con su marido o ridiculizada por la exaltación de su lado frívolo: “Hasta la Victoria Secret”, no se cansa de repetir el personaje.
Pero los argumentos anti-Tinelli se desgranan ante los números y las recetas del marketing electoral: los 40 puntos de rating que roza el reality show simulado representa a unos 4 millones de televidentes-electores.
La semana pasada se inauguró la participación de políticos –no sus imitaciones– con Carlos Saúl Menem que, junto a los actores, ridiculizó a muchos de los “participantes” del programa. “Estoy muy bien aquí, con este grupo de compañeros y compañeras, a Daniel (Scioli) lo inicié en la política y con Francisco (De Narváez) estuvimos elaborando los planes para el año 2003”. Y especialmente se mofó esa noche de Néstor y Cristina: “No me puedo olvidar cuando fui a inaugurar unas obras a Santa Cruz y él era gobernador, yo estaba a su lado y me dijo que era el mejor presidente de la historia”, le dijo a él. “Estás mejor que cuando eras senadora”, le dijo a ella.
La relación del matrimonio presidencial con Tinelli es cambiante. Kirchner le otorgó la licencia para que pudiera adquirir Radio del Plata e incluso le abrió la puerta de su despacho en la Casa Rosada para que el imitador Freddy Villarreal, el mismo que lo imita a él, hiciera un número sobre Fernando de la Rúa. Pero no es lo mismo reírse de los demás que convertirse en el motivo de las carcajadas. Lo que aún no tienen resuelto en el círculo presidencial es cuál será el efecto que podría causar en el público la participación del candidato en el programa, junto a su imitador y el de su mujer: risas o burlas. En Olivos, más que el rating, pesan los votos.
Fuente: Diario Crítica
Por Diario Crítica
