Es frecuente escuchar, cuando se hace referencia al reino animal, la frase nacimientos en cautiverio. Generalmente se trata de una acción humana con el fin de preservar una especie, pero el origen del término tiene un significado más ligado a la destrucción que a la protección.
Por Ezequiel F. Spriano, Lic. en Ciencia Política y Relaciones Internacionales
Entre los seres humanos, el hecho de hablar de un nacimiento en cautiverio implica una connotación relacionada con la falta de libertad.
Quienes llegamos al mundo a partir del año 1976 en adelante, hemos nacido también bajo algún tipo de cautiverio, privados algunos de su libertad física, de su libertad de pensamiento, hasta de su identidad; privados otros de la posibilidad de visualizar otras realidades.
Los que tuvimos el privilegio de no estar privados de nuestra libertad física, de no ser asesinados, de no ser torturados y de no ser desaparecidos, carecimos también de una libertad plena, pues si bien a partir del año 83 retornamos a un sistema democrático, quienes conducían el estado tenían los mismos planes que los anteriores, con diferentes metodologías, o por lo menos terminaron siendo funcionales a ellos.
Lo sufrimos durante los ochenta y lo volvimos a sufrir durante la fiesta neoliberal de los 90, llegando así a una de las peores crisis de nuestra historia.
Atacaron sistemáticamente al pueblo, a lo nacional y a lo popular. Intentaron por diferentes medios de matar, desterrar y desaparecer el pensamiento libre, la participación ciudadana, la voluntad, la solidaridad, la conciencia cívica y la militancia política y social.
A partir del año 2003 se inicia en el país un fuerte proceso con raigambre en lo popular y lo nacional.
Quienes iniciamos nuestra adultez en dicho periodo, empezamos a visualizar que por primera vez en nuestra vida estaba pasando aquello que habíamos aprendido, aquello que habíamos leído, aquello que nos habían contado e inculcado nuestros padres y abuelos e incluso aquello que habíamos estudiado.
Volvimos a escuchar conceptos como distribución equitativa de la riqueza, estado presente regulando la economía, el valor de lo popular y lo nacional, desendeudamiento real, política de derechos humanos, estatización de empresas, revalorización de los pueblos originarios, el rol de las organizaciones sociales, matrimonio igualitario, el poder de los medios masivos de comunicación, la lucha en contra de los monopolios, la plena vigencia de los derechos del niño, asignación universal, en definitiva, la cosmovisión del hombre como sujeto de derecho.
En resumen aquella palabra olvidada, vapuleada y estigmatizada, REVOLUCION, volvía a tener un significado específico.
Aquel término empezaba a apartarse del aspecto peyorativo que algunos le otorgaron durante muchos años y volvía a tomar en nosotros un carácter imprescindible y decididamente necesario. Atravesamos hoy en día una etapa revolucionaria, y no es casual que sea en el año del bicentenario y tampoco es casual que sea de la mano un gobierno peronista.
La historia se encargara de escribir y describir los hechos, y allí plasmara también a sus protagonistas en cuanto han contribuido o en cuanto han perjudicado a profundizar dicho proceso.
Por eso es indispensable ser parte, despojarse de lo individual para contribuir a la profundización y consolidación de un país para todos, con igualdad, con equidad y con justicia social, resignificando el trabajo y la distribución equitativa del ingreso en pos de la conquista de la dignidad humana. Resulta indefectible encarar una apertura a las nuevas generaciones, es indispensable pensar en “la juventud como sujeto de decisión política”.
Es hora de entender que los métodos políticos han cambiado, que los partidos políticos se han aggiornado y que a diferencia de los años 90, donde muchos consolidaron sus espacios de poder, en correlato con una política neoliberal y destructora, hoy la realidad los pasa por encima, y el pueblo nos plantea que no quiere más esa dirigencia retrograda.
Hoy, el pueblo nos reclama hombres y mujeres, que estén sin duda, en concordancia con la situación histórica que vivimos.
Debemos trabajar en asegurar la participación popular, y ésta se irá incrementando en la medida que se vayan generando espacios genuinos con posibilidades reales de acceso al poder para así colectivamente transformar la realidad que nos ofende.
En este camino, es necesario reconstruir y rescatar el espacio del militante, aquel que fue vapuleado desde el 76 en adelante, y quienes fueron funcionales a esos procesos deben entender que el lugar que les corresponde en esta nueva etapa no es el que supieron lograr durante la dictadura genocida y el neoliberalismo.
Por respeto y en honor a aquellos que dieron su vida, por aquellos que fueron privados de su libertad, por aquellos que fueron torturados, por aquellos que tuvieron un viaje sin regreso, por aquellos que fueron ocultados y por aquellos que no sabían que eran ellos, debemos fomentar la formación de cuadros dirigentes, la capacitación y el adoctrinamiento político para hacer frente a la “mecánica empresaria” empleada durante la década del 90.
Somos nosotros, los jóvenes y las generaciones intermedias, quienes tenemos la obligación moral de recuperar el lugar de la política como la actividad humana por excelencia, pulcra y garantizadora del bien común.
Queremos una sociedad organizada que piense y actué, que elabore con capacidad transgresora, con conciencia cívica con participación en la cuestión pública, para construir un país diferente y para todos.
Y sin lugar a dudas pretendemos y trabajamos para qué ese mismo proyecto se extienda a nuestra casa.
Esa inclusión que proclamamos a nivel nacional debemos plasmarla también en nuestro distrito, porque San Martin es mucho más que uno o dos centros comerciales, mucho más que una peatonal moderna y lujosa. Mientras miles de vecinos sufren la peor desigualdad y la más despiadada discriminación por pertenecer a los barrios más humildes de nuestro distrito, el estado municipal está ausente, invisibilizandolos, porque como ellos sostienen: “Lo que no se dice no es”.
Desde la juventud debemos garantizar un espacio donde cada organización social, política, vecinal, y sindical pueda estar representada, donde cada vecino de San Martin sienta una referencia concreta con nuestro accionar diario. Sinergizando nuestras fuerzas sin dudas lograremos como resultado en nuestro municipio un gobierno que no solo gestione, sino que gobierne para todo San Martin, tanto para el centro como para los barrios olvidados.
Ese es nuestro deber como jóvenes comprometidos con la causa del pueblo, ese es nuestro deber como militantes y debe ser nuestro único objetivo común: construir una Argentina justa, libre y Soberana.
Al igual que la raza animal, muchos de nosotros hemos nacido bajo algún tipo de cautiverio, pensando que lo que nos mostraban y veíamos a nuestro alrededor era la realidad de las cosas, pero como en los animales funciona el instinto, en nosotros había algo que nos decía que la realidad no terminaba en la reja, y un día la reja se abrió…
