A poco más de un año de la sanción de la ley nacional que habilita el uso medicinal del cannabis, grupos de activistas se convocaron en distintas ciudades del país para reclamar la habilitación del autocultivo de marihuana, que, según manifestaron, permitiría frenar la criminalización de los usuarios.
En coincidencia con la XII Marcha Mundial de la Marihuana, miles de personas marcharon este sábado desde la Plaza de Mayo al Congreso, en la Ciudad de Buenos Aires, para pedir la despenalización del cultivo domiciliario del cannabis y la efectiva implementación de la ley que autoriza su uso medicinal. Un reclamo que también sucedió en otras ciudades del mundo.
Se trató de la denominada Marcha Mundial de la Marihuana, que se hizo en forma simultánea en diferentes puntos del mundo. Esta movilización empezó en 1999 y, desde entonces, se hace el primer sábado de mayo de cada año. Su objetivo es terminar con la criminalización y persecución de sus usuarios y cultivadores. En el país hubo marchas en la ciudad de Buenos Aires, Bahía Blanca, Mar del Plata, Olavarría, Tandil, La Pampa, Rosario y Córdoba. Entre las ONG que participaron estuvo Mamá Cultiva Argentina, agrupación que cree en el autocultivo como una forma de acceso a su propia medicina.

Yanina Soto es mamá de Daniela, una nena de 14 años con epilepsia refractaria y retraso madurativo que hace un año y medio acompaña su tratamiento médico convencional con aceite de cannabis.
«Pasó de tener cinco o seis crisis (convulsiones) por día a tener una o dos por mes. Su desarrollo madurativo fue mayor y mejoró su rendimiento en el colegio. Eso lo vieron los médicos que siguen su caso y que hoy avalan el tratamiento con cannabis, se interesan por saber qué cepas toma, qué cantidades y cómo evoluciona», contó Yanina.

Aunque agregó: «Nos cuesta que entiendan que para nosotros esto no es un negocio, es calidad de vida y el derecho de mi hija a su salud. No tenemos tiempo de esperar que el Estado regule, permita el autocultivo y empiece a experimentar. Si esperamos, los chicos se siguen degradando».
Para Yanina, el principal obstáculo para la despenalización es «el negocio farmacológico. Nuestros chicos toman medicinas que cuestan fortunas: si reducimos ese consumo, los laboratorios van a ser los perjudicados».
En la marcha estaban también los cultivadores, algunos de ellos agrupados en asociaciones civiles como «Cogollos del Oeste», cuya consigna era «Basta de presos y presas por cultivar».
«La planta es una sola y la separación de su uso no viene al caso. El uso es adulto y responsable y el fin siempre es estar mejor, ya sea si tomás un aceite porque tenés dolor o si fumás una pitada a la noche porque estás estresado», dijo Facundo Rivadeneira, vocero de Cogollos del Oeste.
Rivadeneira afirmó: «Detrás de toda prohibición hay un mercado especulativo que lucra con los sectores más vulnerables y la salud de la gente: queremos acceder de manera segura».
La Avenida de Mayo también estaba poblada por cientos de adolescentes que no marchaban con ninguna organización pero exponían argumentos con contundencia.
«Como todas las cosas, el cannabis tiene efectos positivos y negativos, sólo hay que saber regularlo y eso se logra con información, y si es ilegal, la información se reduce», dijo un estudiante de 17 años que cursa del último año del secundario.
Otro consumidor argumentó que se pide la despenalización «simplemente porque es una planta, algo natural que con un consumo moderado no hace mal».
