El malestar por la falta de recuperación económica ya atraviesa a la industria nacional y llegó a los principales operadores financieros de Nueva York. Empresarios y banqueros cuestionan el ritmo del programa de Javier Milei, mientras el Gobierno insiste en sostener el rumbo sin cambios.
La confianza que buena parte del empresariado depositó en el programa económico de Javier Milei comenzó a mostrar fisuras. El orden de las variables macroeconómicas todavía recibe respaldo, pero la falta de resultados concretos sobre la actividad genera un malestar cada vez más difícil de ocultar.
La preocupación quedó expuesta esta semana en una reunión reservada de la Unión Industrial Argentina (UIA). Cerca de 50 dirigentes fabriles analizaron la situación del sector y coincidieron en un diagnóstico: la industria atraviesa un fuerte deterioro pese a la estabilidad macroeconómica que reivindica el Gobierno.
El presidente de la UIA, Martín Rappallini, quedó ante la tarea de expresar ese reclamo sin provocar una ruptura política con la Casa Rosada. En ese marco, anticipó: “Vamos a tener que decir lo que está pasando en la industria”.
El planteo tiene un dato concreto detrás: el 40% de las máquinas industriales permanece parado. La caída de la actividad empezó a ocupar un lugar central en las discusiones empresariales y también adquirió una dimensión política, porque puede afectar las expectativas electorales del oficialismo.
Un modelo que deja dudas entre los industriales
El diagnóstico se agravó después de la exposición del economista Martín Rapetti ante los dirigentes fabriles. El titular de Equilibra describió un escenario complejo para el aparato productivo y sostuvo que el esquema económico deja afuera a una parte significativa de la economía.
Su conclusión generó preocupación entre los empresarios. Rapetti fue contundente ante la UIA: “La situación es extremadamente compleja”.
La conducción industrial prepara un mensaje con tres componentes. Por un lado, ratificar el respaldo al rumbo macroeconómico. Por otro, advertir sobre el deterioro de la producción. Y, finalmente, reclamar medidas que permitan “equilibrar la cancha” para las empresas locales.
La tensión aumenta por la respuesta del Gobierno. Milei y el ministro de Economía, Luis Caputo, ya marcaron que no modificarán la estrategia por los reclamos empresarios. La celebración por el Día de la Industria tampoco contará con la presencia del Presidente ni del titular del Palacio de Hacienda. El encargado de representar al Gobierno será Diego Santilli, jefe de Gabinete.
Los números que alimentan el temor
El malestar empresarial coincide con otros indicadores que reflejan el freno de la actividad. En la Ciudad de Buenos Aires, la recaudación por Ingresos Brutos cayó 9%. En YPF, una de las empresas que el Gobierno exhibe como modelo, las ventas internas retrocedieron 5,2%, con la peor caída en dos años.
El problema no termina en las fábricas. También impacta sobre la política.
Dentro del oficialismo existen encuestas que muestran un escenario menos favorable. En la mesa política de La Libertad Avanza reconocieron que “los números dan mal”. A eso se sumó una pérdida de fuerza en las redes sociales, un terreno central para la construcción política de Milei.
El escenario también provocó tensiones dentro del propio espacio libertario. Uno de los cruces más fuertes tuvo como protagonistas al Presidente y a Agustín Laje, referente intelectual del sector y titular de la Fundación Faro.
Laje reclamó una mejora de las condiciones concretas de vida y planteó: “La población no come batalla cultural”. La respuesta de Milei fue inmediata y terminó con un fuerte enfrentamiento entre ambos.
Wall Street también prende las luces de alerta
La preocupación ya no se limita al empresariado local. Los principales operadores financieros de Wall Street también observan con cautela la evolución del programa económico argentino.
El motivo central es el crecimiento. En Nueva York existe inquietud por la posibilidad de que una recuperación más lenta de lo previsto afecte las chances electorales de Milei. Durante el primer semestre, varios informes bancarios daban por segura una nueva victoria del Presidente. Ahora, el diagnóstico es mucho más prudente.
Un informe de Alejandro Catterberg encendió las alarmas en julio. El estudio planteó un escenario hipotético de segunda vuelta con una diferencia muy estrecha entre Milei y Axel Kicillof.
El análisis, junto con otro trabajo de Intel-Bloomberg, generó preocupación entre los inversores. El dato financiero tampoco ayudó: el riesgo país aumentó 20% durante agosto y superó los 500 puntos.
Los banqueros también cuestionan la política monetaria del Gobierno. Parte del mercado atribuye las decisiones a la “tozudez” de Milei y considera que el Ejecutivo desperdició una oportunidad cuando evitó emitir deuda con el riesgo país cerca de los 400 puntos.
La preocupación tiene además un componente financiero concreto. Según el diagnóstico de los bancos, el Gobierno todavía necesita unos US$10.000 millones para afrontar los vencimientos de 2027.
El mensaje de Caputo que inquietó a los mercados
La inquietud del sector financiero también surgió en una reunión reservada que Caputo mantuvo con una docena de banqueros locales y extranjeros.
En ese encuentro, el ministro dejó una definición que refleja la estrategia oficial frente al escenario electoral: “El Presidente no va a cambiar nada. Está dispuesto a perder las elecciones, pero preservar el plan”.
La frase expuso una prioridad clara: el Gobierno prefiere sostener el programa económico antes que modificarlo para acelerar la recuperación o mejorar su posición electoral.
El propio Caputo admitió ante sus pares del Gobierno que existe un “empantanamiento” económico. Su instrucción fue sostener la estrategia: “Hay que aguantar. Este es el camino”.
Pero también reconoció una dificultad central: “Los tiempos de recuperación son más largos que los esperados”.
Esa demora es precisamente uno de los factores que más inquieta a empresarios y financistas. El interrogante ya no pasa solo por la inflación o el equilibrio fiscal. La pregunta central es cuándo el modelo comenzará a traducirse en una mejora visible de la actividad y del consumo.
Una economía bajo presión y un Gobierno sin margen
Caputo buscó acelerar la actividad con nuevas herramientas financieras, entre ellas los créditos en dólares y líneas con respaldo de fondos de la Anses. Las medidas generaron discusiones dentro del propio Gobierno, en especial con Federico Sturzenegger, quien cuestionó el uso de esos recursos.
Las diferencias internas muestran otro frente de tensión para Milei. Mientras el Ejecutivo intenta encontrar mecanismos para darle impulso a la economía, distintos sectores del oficialismo mantienen posiciones enfrentadas sobre las herramientas que deben utilizarse.
El resultado es un escenario de mayor incertidumbre.
La industria reclama una mejora de las condiciones para producir. Los empresarios advierten por la caída de la actividad. Los bancos miran con preocupación el financiamiento de los próximos vencimientos. Y Wall Street comenzó a revisar sus expectativas electorales sobre Milei.
El Gobierno, por ahora, mantiene una respuesta única frente a todos esos reclamos: no cambiar el rumbo económico.
La apuesta presidencial es sostener el programa hasta que aparezcan los resultados. El temor de empresarios y mercados pasa por otro lado: que la recuperación llegue demasiado tarde para evitar un mayor deterioro de la actividad y para sostener el respaldo político que Milei necesita de cara a la reelección.
