Marcos Díaz, concejal de Unión por la Patria, advierte que San Isidro tiene menos de 2,3 m² de espacios verdes por habitante, muy por debajo de lo recomendado por la OMS, y critica el modelo de “ciudad verde” basado en la tenencia privada.
Los espacios verdes públicos en entornos urbanos son un factor fundamental para promover y sostener un estándar de vida saludable en las ciudades. En este sentido, resulta clave analizar la disponibilidad y accesibilidad de la infraestructura ambiental del distrito con una mirada atenta a su distribución barrial, a fin de identificar posibles asimetrías entre las distintas localidades de San Isidro y planificar la ciudad que queremos.
En palabras del concejal Marcos Alcides Díaz: «Paradójicamente, aunque desde los discursos oficiales el distrito es presentado como una ‘ciudad verde’, la realidad muestra un déficit significativo en este aspecto. San Isidro cuenta con menos de 2,3 m² de espacios verdes públicos por habitante (según un informe realizado por OIDBA), muy por debajo de los 15 m² recomendados por la Organización Mundial de la Salud. Esta situación se evidencia aún más en las localidades de Beccar y Boulogne, donde la falta de espacios verdes es aún más notoria. Por este motivo, es fundamental que trabajemos tanto en la preservación de los espacios existentes como en la generación de nuevos».
Díaz advierte que, si bien el distrito cuenta con grandes extensiones de espacios verdes, como el hipódromo, los clubes de golf y náuticos, los barrios cerrados y los countries, «estos son de acceso privado y no garantizan una distribución equitativa. De este modo, el modelo de ‘ciudad verde’ se basa en la tenencia privada, restringiendo el acceso de los vecinos a estos espacios».
Desde el gobierno local, sostiene el concejal, se debe priorizar y planificar el desarrollo de la ciudad, y para ello, los espacios verdes de acceso público son fundamentales. «No solo fortalecen los lazos sociales y funcionan como lugares de esparcimiento, sino que también contribuyen al bienestar físico y mental de la comunidad», remarca.
En San Isidro, históricamente se eliminaron espacios verdes públicos o se intentaron destruir. Un ejemplo de ello fue el caso del Golf de Villa Adelina, que, gracias a la acción organizada de los vecinos, se logró convertir en un espacio abierto a la comunidad.
Actualmente, uno de los pocos espacios verdes que quedan en Boulogne es el predio ubicado en Av. Rolón e Ipiranga, lindando con el Arsenal Esteban de Luca. «Recientemente, se ha colocado un cartel indicando el permiso de obra para la construcción de un barrio cerrado en ese lugar», señala Díaz. «La nueva gestión municipal comunicó oficialmente que, antes del inicio de la obra, se construirá un ‘Parque Público’, apropiándose de la terminología utilizada por vecinos y vecinas que vienen luchando por este espacio en la Asamblea constituida con ese fin. Sin embargo, lo que la empresa propone y que el Municipio llama Parque Público es, en realidad, un boulevard sobre la calle Ipiranga, ya contemplado en la legislación vigente para obras de esta envergadura. Esta iniciativa resulta insuficiente para la extensión y la cantidad de habitantes de Boulogne».
Para Díaz, la creación de un parque en esta zona tendría un impacto ambiental positivo enorme, debido a su ubicación estratégica, además de revalorizar las actividades sociales, culturales y comerciales de Boulogne. «La planificación urbana debe incluir a los espacios verdes públicos como una prioridad, garantizando el derecho de la comunidad a un entorno más saludable y equitativo», concluye el concejal.


