La mala elección en Buenos Aires expuso internas en el Gobierno y abrió un panorama desalentador en provincias como Córdoba, Santa Fe, Mendoza y Corrientes rumbo a las elecciones de octubre.
La derrota electoral de La Libertad Avanza en la provincia de Buenos Aires no solo dejó en evidencia la fuerza de Axel Kicillof en ese territorio, sino que también generó dudas profundas sobre el desempeño que el oficialismo libertario pueda alcanzar en el resto del país. Los gobernadores siguen sin comprender el llamado al diálogo impulsado desde la Casa Rosada, aún sin confirmación formal.
«Yo voy a ir si me llaman, pero sigo sin entender para qué nos quieren«, expresó un referente de la UCR en diálogo con el portal de noticias Infobae. Está claro que los mandatarios lo que quieren es ser recibidos por el presidente y tener propuestas concretas, no «juntarse para la foto«, como dijo el actual gobernador de Corrientes, Gustavo Valdés.
En Córdoba, la situación tiene una particularidad. Ya en la previa al cierre de listas, los aliados de Juan Schiaretti advertían que el verdadero riesgo para ellos no era La Libertad Avanza, sino la candidatura de Natalia de la Sota, que podía captar votos clave. Con esa percepción, tanto en el entorno del exgobernador como entre los radicales, encabezada por Ramón Mestre, prevalece la idea de que por primera vez en la historia pueden imponerse en una elección legislativa.

El armado libertario en esa provincia, conducido por el diputado, Gabriel Bornoroni, apostó a nombres poco conocidos como el empresario, Gonzalo Roca, y la influencer Laura Soldano, lo que desató malestar en referentes de la Iglesia Evangélica aliados al espacio. También hay apoyo de un sector del PRO cercano a Patricia Bullrich y con algunos dirigentes del Frente Cívico de Luis Juez.
Tras la derrota bonaerense y el escándalo en la Agencia Nacional de Discapacidad (Andis), Bornoroni reunió a su equipo para relanzar la campaña con recorridas por el interior cordobés y un discurso basado en la baja de la inflación como mérito de Milei.
En Santa Fe, Maximiliano Pullaro fue categórico tras las elecciones en PBA: «La gente viene hablando fuerte y claro. El gobierno sigue sin escuchar, paralizado». El gobernador radical, integrante de Provincias Unidas, entendió la caída en Buenos Aires como un «llamado de atención» al oficialismo.
Desde el inicio de su gestión en 2023, Pullaro reconoció que compartía electorado con los libertarios, aunque nunca prosperó una alianza. En esta elección apostó por su vicegobernadora, Gisela Scaglia, al frente de la lista de diputados de Unidos por Santa Fe. Enfrente, los libertarios se apoyan en Agustín Pellegrini, cercano a Karina Milei, en reemplazo de la legisladora, Romina Diez.
Otro escenario particular se da en Mendoza, donde el gobernador Alfredo Cornejo consiguió un acuerdo con los libertarios, con Luis Petri en la cabeza de la boleta. A pesar de esa sociedad, el mandatario provincial evita nacionalizar la disputa y prefiere centrarse en «la defensa de nuestra gestión».

En el entorno advierten que el Gobierno cometió un error estratégico al poner el foco en el gobernador bonaerense, Axel Kicillof, y aseguran que no existió un trato preferencial desde la dirigencia nacional, incluso con episodios de destrato hacia otras provincias. Aunque respalda el ajuste económico y la motosierra, Cornejo critica el impacto sobre jubilados y rechaza cualquier intento de «plan platita».
Corrientes, en cambio, quedó como muestra de la dificultad libertaria para sellar acuerdos. Tras el triunfo contundente de Juan Pablo Valdés, que dejó relegado a Lisandro Almirón, Gustavo Valdés acusó a los libertarios de «pedir mucho» en las negociaciones. La designación de Virginia Gallardo como candidata generó polémica: «La gente no la quiere porque hace cinco años no aparece en la provincia», dicen los radicales.
El candidato del oficialismo, Diógenes González ya recorre la provincia con un mensaje federal y en defensa de la gestión local. La derrota en Buenos Aires y los audios filtrados de la interna libertaria acentuaron la sensación de vacío en el espacio de Milei, que llega a octubre con más preguntas que certezas.
