Dos crisis simultáneas sacudieron la agenda pública y revelaron vínculos inesperados entre el mundo farmacéutico, el poder político y los servicios de inteligencia. García Furfaro hizo alusiones a la Suizo Argentina antes de ser detenido; su relación con Toviggino, a quien el Gobierno acusa de «operar» con las grabaciones sobre Karina Milei.
El Gobierno nacional quedó envuelto en dos escándalos de deficiencia y presunta corrupción a muy pocos días de las elecciones: la primera fue la causa por fentanilo contaminado que dejó más de un centenar de muertes en el país y, la segunda, los escándalos en la Agencia Nacional de Discapacidad (Andis) por presunta corrupción en el gobierno libertario que puso en el centro de la escena a Karina Milei, los Menem y Diego Spagnuolo.
Tras meses de silencio en la cárcel de Ezeiza, Ariel García Furfaro rompió el hermetismo y lanzó una hipótesis que sorprendió. Primero habló de «sabotaje«, sugiriendo que el fentanilo fue adulterado de forma intencional. Más tarde, amplió su teoría y apuntó a que lo habían dejado desprotegido. «¿Sabés que me ofrecieron a cambio de solucionarme todo? El que analiza mi producto no es la ANMAT, es un laboratorio privado que es amigo de los Menem. ¿Sabés quién me mandó a los servicios de inteligencia? La SIDE berreta que maneja Caputo vino a decirme: ‘Explotá a los Menem y yo te levanto el pie del acelerador’», denunció en una entrevista televisiva, y también lo reiteró antes de entregarse en el aeropuerto de Ezeiza.
El empresario señaló reiteradamente que el escándalo estalló porque perdió cobertura política. En charlas con el portal LA NACION responsabilizó a sectores de la inteligencia ligados al Gobierno. Incluso acusó a un excolaborador, Andrés Quinteros, de operar como agente de los servicios de inteligencia. «Lo que pasó es que me dejaron solo», sostuvo.
El entramado político de la familia García también tuvo un costado social muy selecto: el de los caballos de carrera. Dueños de más de un centenar de ejemplares, se movían en los hipódromos de San Isidro y Palermo. Allí trabó relación con Ignacio Jiménez, hombre cercano a Jaime Stiuso y con influencia en la actual AFI. Jiménez, asociado a la AFA y con vínculos en la Triple Frontera, recibió de García Furfaro importantes volúmenes de medicamentos veterinarios para equinos.
Frecuente visitante de «Il Ombú – Trattoria Italiana», restaurante de Parque Patricios muy concurrido por dirigentes de la AFA y donde suele cenar Claudio «Chiqui» Tapia, el dueño de HLB coincidía allí con figuras como Víctor Santa María, sindicalista de los porteros y empresario de medios. El local, además, quedó en la mira judicial luego de que se denunciara allí un presunto intercambio de coimas el pasado 15 de febrero.
La relación entre García Furfaro y Jiménez se extendió a reuniones en laboratorios y hasta a un accidente vial compartido en 2023. También aparecen en escena Pablo Toviggino, tesorero de la AFA, y sus visitas a la casa de Maradona en Villa Devoto, adquirida por Furfaro en 2022.
En Paraguay, otro punto suma sospechas: la exportación irregular de caballos de carrera. Un purasangre llamado Acteon, propiedad de la familia García, fue visto semanas después compitiendo en Asunción bajo el nombre de Arielo, sin registros aduaneros y a nombre de un hombre de confianza de Horacio Cartes. El episodio reforzó las dudas sobre el contrabando por la Triple Frontera.
Defendido por el abogado Gastón Marano -conocido por representar a Los Copitos, acusados en la causa del intento de magnicidio a Cristina Fernández de Kirchner-, García Furfaro enfrenta ahora un proceso en el que sus vínculos con la política, los servicios de inteligencia y el mundo empresarial se entremezclan en una trama de alto voltaje.
