Fueron las peores semanas de Mauricio Macri al frente del Gobierno porteño. La polémica por las escuchas telefónicas abruma la gestión. Con varios frentes internos abiertos, el ingeniero busca bocanadas de aire por todos lados. Los más sarcásticos dicen que la legislatura no tiene helipuerto. Un obstáculo grave pensando en el 2011.
Han sido las peores semanas de la vida política de Mauricio Macri. Cuando todo parecía color de rosas luego de las elecciones del 28 de junio, el Jefe de Gobierno porteño sufrió la embestida de las internas existentes en su propia tropa. Para colmo tuvo que lidiar con problemas familiares que incluyeron una balacera sobre su cuñado, denostado por el clan del empresario.
Desde que Ricardo Ragendorfer en Miradas al Sur comenzó a poner la lupa sobre la Policía Metropolitana, todo se volvió turbio para el mandatario. Lo más llamativo es que, al parecer, Macri parece no darse por enterado de los problemas serios que implica el caso del espionaje.
Más allá de gran cantidad de promesas de campaña incumplidas, con las típicas excusas de manual, el tema de las escuchas telefónicas no puede desligarse de una frase –hoy poco feliz- de Macri, que había aseverado que a sus ministros “los espía” él. La respuesta se había dado en el marco de una pregunta sobre posibles internas y el control de los funcionarios de la gestión.
Cuando el ex fiscal de la causa AMIA y hoy Ministro de Seguridad Guillermo Montenegro designó al “Fino” Palacios como titular de la nueva policía, todos advirtieron que algo extraño estaba sucediendo, habida cuenta del accionar sospechoso del ex policía federal en la investigación de la mutual judía. Sin embargo, Macri prefirió jugar al distraído.
Además, el ex presidente de Boca se volcó por la primera opción en su abanico político de estrategias cuando estalló el conflicto: la negación. Dijo que Ciro James no era funcionario del gobierno y que no tenía contrato con el Ministerio de Educación. Algo que luego se comprobó.
Como agregado dijo desconocer al espía en cuestión. El tiro le salió por la culata cuando se difundieron fotos de James, con pechera de la Policía Federal, en un palco de Boca Juniors. Desde su ex club lo remató el manager Carlos Bianchi, que se mostró públicamente preocupado por los problemas de la Ciudad.
Luego, la situación se puso insostenible. Agrupaciones de izquierda le reclamaron al Jefe de Gobierno que lo saque a Palacios y la cobertura mediática de la causa de las escuchas telefónicas a cargo del espía Ciro James era cada vez mayor. Entonces aparecieron las confesiones del subjefe de la nueva policía, Osvaldo Chamorro, que obligaron a la gestión a pedirle la renuncia. La brasa caliente la deberá tomar el diputado Eugenio Burzaco a partir del 10 de diciembre.
Con poca habilidad política, todo lo que Macri negó se confirmó como verdad. Otra cuestión a tener en cuenta es el desempeño de Montenegro durante la causa AMIA, que solía jactarse de tener todo tipo de dispositivos en su despacho para grabar a testigos sin su consentimiento.
En su última conferencia de prensa, Macri afirmó que la gestión colabora con la Justicia de manera constante para resolver esta polémica. Pero pocos segundos más tarde puso en jaque la tarea del juez Oyarbide, a cargo de la causa. Lo tildó de mediático influenciado por el kirchnerismo. En el seno interno no descartan la chance de buscar un juicio político. Para eso esperan el recambio del Parlamento y una posible reformulación del Consejo de la Magistratura.
Aníbal Fernández, Jefe de Gabinete de la Nación, opinó que “Nixon se fue por mucho menos” y sugirió que Macri debía renunciar a su cargo. Con ironía, algunos dicen que sería peor que De La Rúa porque en la Legislatura no hay helipuerto. De igual forma, el Jefe de Gobierno dijo que “por menos del 10 % de los casos de corrupción que tienen ellos lo echaron a Color de Mello en Brasil”.
El escándalo es una gigantesca roca en el zapato de Macri de cara a la Presidencia del 2011. Las pasadas elecciones legislativas llegaron con un triunfo, pero también trajeron una gran masa de electores que se volcaron por la opción de centro izquierda, y otros tantos que ya mostraron arrepentimiento respecto a los comicios del 2007.
Como sea, Macri ve fantasmas por todos lados y dispara hacia el kirchnerismo ante cualquier micrófono. Culpa a la gestión nacional por todos los problemas. Hoy por hoy ya no quiere escuchar a su ex consejero ecuatoriano Durán Barba, que le hizo ganar una elección importante, y que ahora dice que la gestión es “incompetente” y “no sabe resolver los problemas” de la Ciudad.
“No nos van a parar”, dijo casi a los gritos Macri apuntando al oficialismo nacional. Algo parecido a lo que sugiere el camaleónico filósofo Alejandro Rozichner, gurú del PRO en la actualidad, que en su blog tildó al kirchnerismo de ser una banda de ladrones, tramposos y corruptos dispuestos a cualquier cosa para sobrevivir. En ese mensaje alentó a las filas macristas a no bajar los brazos y seguir en la lucha, “porque sabemos que tenemos razón”.
Por César Morielli
