• En un sistema de flotación la totalidad de las reservas es contrapartida del circulante; la disminución de respaldo significa una defraudación hacia los tenedores de circulante. Los principales perjudicados, en ese caso, son quienes tienen la principal porción de su capital en moneda local; es decir, los segmentos socioeconómicos más relegados.
• El hecho de que el fisco pase a tener libre acceso al stock de reservas -dólares que, repetimos, debieran resguardar exclusivamente al circulante- no resuelve el problema creciente de nuestros flujos de divisas (menguantes en el plano comercial, francamente negativos en el plano financiero).
• Atender vencimientos -es decir, flujos de egresos- con stock en lugar de con ingresos genuinos significa descapitalizarse y tiene un recorrido forzosamente finito.
• El problema se ve agravado por el veloz y ahora asegurado crecimiento de la base monetaria -originado en buena medida en la emisión para sostener al fisco. El público debe percibir que la base monetaria está adecuadamente respaldada por el nivel de reservas; cuando no ve respaldo, la gente huye del peso.
• Si a esto añadimos el hecho de que las reservas netas efectivas del BCRA son drásticamente inferiores a las brutas queda claro que se compra algo de tiempo pero el problema de fondo sigue en pie y se incrementa el potencial del estallido.
• En resumen:
* Estas medidas no apuntan a morigerar -en realidad, agravarán- el deterioro paulatino que viene sufriendo el excedente comercial y el ritmo de salida de capitales.
* El vago compromiso con la tradicional misión de defender del valor de la moneda concede más margen para emitir.
* Menos reservas en divisas de un lado y más pesos del otro significan menos respaldo y más riesgo cambiario.
• Según lo anunciado, el directorio será quien definirá las reservas necesarias para “el normal funcionamiento del mercado cambiario, tomando en consideración la evolución de las cuentas externas”.
• Cabe inferir que lo que se busca, en un período de cuentas externas complicadas como el que se viene atravesando, es que el gobierno pueda contar con dólares de las reservas en sustitución de las divisas que ni el giro comercial ni el financiero generan.
• Pero tolerar menos reservas cuando las cuentas -es decir, los flujos- son desfavorables es un remedio, además de breve, contraproducente.
• Como es lógico, el público admite un menor nivel de respaldo cuando las cuentas externas son excedentarias; inversamente, exigirá más respaldo cuando están complicadas.
• Y si las cuentas externas son deficitarias, no estará en manos del directorio el poder aumentar las reservas.
• Las modificaciones concederán un auxilio invalorable al Tesoro pero con el tiempo vaciarán al Banco Central y, consiguientemente, degradarán nuestro sistema monetario.
• Vinimos advirtiendo desde hace ya un año que las estrecheces de la caja de dólares y las peripecias cambiarias constituían el más grave desafío económico que enfrentaba el gobierno; seguirán representando la principal amenaza.
• Obviamente, de la presentación de este proyecto de reforma se puede concluir que la inflación no sólo llegó para quedarse sino que irá por más. Consiguientemente, el atraso cambiario seguirá acentuándose.
• Con razón, la gente confiará menos en el peso porque ahora la expansión monetaria carecerá de otro freno que no sea el antojo del gobierno.
• Los ahorristas seguirán demandando dólares en un mercado informal cada vez más clandestino.
• En la visión oficial, el control policíaco implantado en torno al mercado cambiario es el instrumento que lo resguardará de previsibles presiones devaluatorias resultantes del franco recorte al respaldo monetario que significan estos cambios a la carta orgánica.
• La visión oficial es controlarlo todo: las restricciones al acceso a las divisas debieran impedir que la progresiva falta de respaldo del peso se transparente en el tipo de cambio.
• El nuevo entramado cambiario y monetario tiende a convertir en delincuentes a todos aquellos que busquen refugio en monedas confiables.
• Obviamente, el rumbo elegido es un mercado negro restringido pero con una brecha cambiaria cada vez más amplia.
