La muerte del narcotraficante más buscado de México sacudió al país en cuestión de horas. Nemesio Rubén Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, líder del Cartel de Jalisco Nueva Generación (CJNG), fue abatido este domingo durante un operativo militar en el municipio de Tapalpa, a 130 kilómetros al sur de Guadalajara, en el estado de Jalisco.
La muerte del narcotraficante más buscado de México sacudió al país en cuestión de horas. Nemesio Rubén Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, líder del Cartel de Jalisco Nueva Generación (CJNG), fue abatido este domingo durante un operativo militar en el municipio de Tapalpa, a 130 kilómetros al sur de Guadalajara, en el estado de Jalisco.
Lo que siguió fue una escalada de violencia sin precedentes recientes: narcobloqueos, vehículos incendiados, negocios destruidos y el caos extendiéndose como una mancha de aceite por al menos 16 de los 32 estados del país.
Oseguera Cervantes, de 59 años y expolicía de carrera, murió mientras era trasladado vía aérea a la Ciudad de México tras resultar herido durante el enfrentamiento. El operativo, ejecutado por fuerzas especiales mexicanas, dejó un saldo de siete presuntos integrantes del CJNG muertos —incluido el propio capo—, dos detenidos y el aseguramiento de armamento de alto poder, vehículos blindados y lanzacohetes, según informó la Secretaría de Defensa.
Su cuerpo llegó a la capital mexicana en un convoy fuertemente custodiado por tropas de la Guardia Nacional, y fue trasladado a los servicios forenses de la Fiscalía General de la República para realizar las pruebas de identificación y los peritajes oficiales. El anuncio de su muerte no tardó en encender la mecha de la represalia.
Vuelos cancelados, suspensión de clases y bloqueos de rutas por todo el país
La reacción del cártel fue inmediata y feroz. En cuestión de horas, los llamados “narcobloqueos” —una táctica con la que los cárteles cortan carreteras usando vehículos robados e incendiados— comenzaron a multiplicarse por el sur de Jalisco, cuna histórica del CJNG, y desde allí se propagaron como un incendio hacia los estados vecinos.
Michoacán, Colima y Nayarit fueron los primeros en registrar disturbios, seguidos rápidamente por Guanajuato, Aguascalientes, Tamaulipas, Baja California, Guerrero y Quintana Roo. Más tarde se sumaron Puebla, Querétaro, el Estado de México, Veracruz, Oaxaca y Chiapas.
En total, al menos 16 estados reportaron bloqueos, incendios a vehículos y negocios, incluyendo sucursales del Banco del Bienestar, institución financiera del gobierno federal, en lo que analistas interpretaron como un mensaje deliberado hacia las autoridades.
El impacto sobre la vida cotidiana fue inmediato. Las clases presenciales fueron suspendidas oficialmente en Jalisco, Nayarit, Michoacán, Colima, Querétaro, Guanajuato, Baja California y en la región del Istmo de Oaxaca. En el resto del país, instituciones como la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) optaron por no suspender actividades, aunque anunciaron que no computarían faltas a los estudiantes que no pudieran trasladarse por los problemas de movilidad.
Puerto Vallarta, uno de los destinos turísticos más visitados de México y del mundo, vivió horas de angustia. Turistas atrapados describieron la situación en redes sociales como una “zona de guerra”, mientras columnas de humo negro se elevaban desde los alrededores de la bahía. Las aerolíneas Air Canada, United Airlines, Aeroméxico y American Airlines suspendieron sus vuelos en el aeropuerto local.
