¿Qué pasa, no pasó nada este fin de semana? ¿No hay que repensar el país a partir de los festejos del bicentenario? ¿O fue un hecho aislado?
Por Eduardo Román
Seis millones de personas en 5 días movilizados, de festejos, contentas, con ganas de celebrar sin violencia, dando un ejemplo de civilidad mientras la dirigencia política no pudo sacarse ni una foto juntos ni tampoco dio una muestra de madurez que la pusiera a la altura de las circunstancias de la ocasión.
Cómo iba a ser eso posible, si la violencia verbal de gobierno y oposición en los últimos años superó todas las expectativas y cansó a la gente, sobretodo desde el pasado 28 de Junio, cuando se nos dijo que la derrota del kirchnerismo servía para mejorar el diálogo y encaminar un consenso entre las diferentes fuerzas políticas y ocurrió todo lo contrario.
“Yo estuve ahí”, fue uno de los slogans que pareció prender más entre la gente que se volcó masivamente a la calle para experimentar en carne propia la sensación de pertenecer a un país que alcanzó sus primeros 200 años. Lo que motivó a la gente a festejar en paz, sin violencia, fue un fuerte sentimiento patriota, ajena, en la mayoría de las veces a cuestiones partidarias, porque lo que se festejaba era “el gran cumpleaños” de la patria.
Los agoreros se vieron sorprendidos por la masividad del acontecimiento, sólo comparable con el retorno de la democracia el 10 de diciembre de 1983, los triunfos en los mundiales 78 y 86 o al 19 de diciembre de 2001 cuando el pueblo en la calle exigió las renuncias de Cavallo y de la Rúa.
No hay duda que la mayoría de la población entendió mejor que los dirigentes que la celebración del Bicentenario le resultaba propia y necesaria por derecho y por historia.
Es mucho lo que sufrió y postergó en las últimas décadas el ciudadano argentino como para no sentir un legítimo deseo de festejar y así lo hizo.
Fui muy criticado por declarar en el último Congreso de Comunicación en la Unsam que la pelea de Clarín contra el gobierno, no era mi pelea, que no me interesaba…
Hoy, más que nunca me reafirmo en lo mismo porque parece que no soy el único que lo piensa. Por encima de las diferencias, las peleas de propios y extraños quedaron de lado para manifestarse de semejante manera en la calle.
Sin importar para quién es el rédito político, la gente sobrevoló cualquier polémica con una claro mensaje, como una señal: festejar la alegría de estar juntos…
Más allá del uso político que pueda darle el gobierno y la forma deliberada con que los grandes medios oligopólicos presentan la realidad a través del miedo y la defensa de sus intereses corporativos, la ciudadanía EXPRESÓ OTRA COSA y apostó claramente al futuro. Basta de pelea del gobierno contra Clarín. En la calle pasa otra cosa, es hora de repensarlo, barajar y dar de nuevo.
